miércoles, 7 de julio de 2010

VUELOS DE GARZA Novela del Prof, Victor Arias

. La comunidad de la gerencia H Y F, entraron al proscenio del progreso, la electricidad a la casa fue para los lugareños algo grandioso. Higinio abrió las compuertas a la civilización la tienda la pulpería, las ferreterías en la calle Duarte en Imbert de los Cañafístoles, era más activo que el de la provincia en San Felipe.
La Jíbara luego adquirió el señor Leoncio Ortiz rico hacendado de la Comunidad de Quebrada Profunda, agricultor de oficio, y compadre del señor Higinio Henríquez, era dueño de extensas plantaciones de caña siendo uno de los prósperos colonos, en el ingenio Amistad. El señor Ortiz adquirió la Estancia, entre el río Bajabonico y el arroyo Capitán, en los entornos a la vivienda del señor Quintino Bonilla, hermano de doña Feliciana, esposa del señor Higinio y primo hermano la señora Hilaria Sandoval esposa del señor Leoncio Ortiz, ahí está la misteriosa coincidencia que ofrecen las circunstancia de la vida. Leoncio Ortiz no competía con su compadre Higinio, pero en la Jíbara, el señor Ortiz creó una de las agencias de porcicultura de mayor soberanía, ganándose una aureola liberatorial que en todo el entorno provincial, que no penetraban los invasores. En la geopolítica del señor Ortiz creció el misticismo, la leyenda fantasmal y alegórica. Enviando señales mefistofélicas a los fines de enturbiar las aguas de las cañadas en progresividad de individuo trabajador. Oye Jacobino, contaba un señor de apellido Henríquez, me salió el “gallo parao” en sus dos patas, y al mirarlo me pareció que de mí se burlaba. ¡Caramba, Jacobino, expresó con aire afeminado, el señor de apellido Henríquez, tu “siestáas lúgubre”, hermano, además de dónde te salió el señalaos animáis. Adiós vea, dónde va seis, y asombrado señaló… en la cañaita dei pueico. En la cañaita de puico! … ¿y qué jacía porai compai? ¡Juh, estaba buscando unos charamicos pa jacei la cena tenia mucha jambre. Los vecinos cuentan que cuando Jacobino llegó al lugar dejaba el frío de la muerte, pegado en los matorrales, y que el día que falleció, se quemaron como él, de calentura. Las lenguas del lugar achacaron su muerte a la mirada del “gallo parao” de Bartolo. Meses después aparecieron en la enramada seis lechoncitos ahogados, a cada uno le faltaba la oreja derecha, también la mitad del rabo. La tragedia de los cochijos llegó a las orejas del pueblo quien determinó que eran cosas del infierno.
Con la fecha del secuestro de las reses de don Higinio, en la Media Luna, y de la muerte de Jacobino, con la horrenda situación de los chanchos, en ningunas de las dos propiedades ha vuelto a ocurrir desapasiones, ni siquiera una hoja de yagua, en los palmares. Se ha dicho que al lado del perfil de un gran hombre está la silueta de una gran mujer. ¡Quién, Rosa Luxemburgo! ¡Unjúu, de quién…? De Lenin. De Mesalina, de Claudio, de Agripina…, Y la de Mahoma, que fueron mas de una docena, entre las primeras 11 Aisha, para el y sus biógrafos la mas amada, y de Jesús… acaso te llegaste a preguntar por qué esconden las santas relaciones de este con la más hermosa criatura del universo. Y de Yasodhara o Yashodhara las mujeres de Sidartha Gautama Buda, y las mujeres de Confucio y de Zoroastro, Y las del caído, por los pobres occidentales, dónde están los hijos e hijas de estas luminarias universales. ¿Y Salomé la hija del príncipe Filipo? Y las de Hitler, las amazonas de los tiranos…? Y las mujeres de los grandes demócratas: Isabel Allende, Eva Perón, Juana de America, poetisa. María Martínez viuda Trujillo y doña Carmen Quidiello, viuda Bosch las mayorías de estas mujeres son urbanas, y la de sabor a palo amargo a humo y a sudor de hojarascas: a pocilga o a pulpas de café, a cachimbo y a cachazas donde duermen y mal viven cual es y donde dejaron sus perfiles y su silueta- sombra que me pueden decir



EVA PERÓN













FOTO DE ISABEL ALLENDE




FOTO DE TRUJILLO Y DE MARÍA MARTÍNEZ




















FOTO DE DOÑA CARMEN QUIDIELLO DE BOSCH






. Doña Feliciana es hechura de una fábrica rural con características urbanísticas conjunta a don Higinio lo tuvo delante, detrás, pero ella se colocaba a su lado, en paralelo para socorrerse, para ayudarse y complementarse. En casi todas las acciones para él la hacía feliz, halaba al compás, nunca se opuso por oponerse, en las mesas de juego miraba las cartas del contrario de su consorte pero no hacia gesto delacional.

Leoncio Ortiz, de apodo Carlos, cortaba las cartas, Pilincho Cabrera recibió dos caballos, deseó un vaso de vino blanco del que libaba el señor Higinio y lo recibió luego que se lo solicitara a la esposa de éste. Le agradeció el gesto y la diplomática atención, brindándole un limpia y pura sonrisa. Después que estuvo en los hombros de su consorte, fue al comedor y de regreso cerró la única ventana que estaba abierta así evitó que el frío en esa noche lluviosa penetrara al hermético salón. Como la lluvia era soberana ordenó servir la cena. Era costumbre que el anfitrión brindara una cena de yuca con hígado de res ahogado en vino tinto. Días después llegaron las amigas a las 4 de la tarde, se acomodaron en el kiosco enramada, en el entorno de la sombra de las mandarinas, eran cuatro tenían el blanco en los vestidos, pero, era un cuadro para describir: en la señora Parra flotaba la pureza y la altivez, banal y frívola extraña la conjugación pero esa era la verdad. La señora Ortiz fumaba, dibujaba quizá sus planes, en cada bocanada del oloroso cigarro habanero. Era como una mata de amapola, alta y gorda, el brillo de la adolescencia estaba, en sus piernas, y en el cristalino de su visión había, un ligero deseo voluptuoso, aspiraba al ritmo de su raza morena. La señora cabrera tenía cerca de 43 años, pasaba mucho tiempo en cosas nimias, se arreglaba las uñas con una lima de cartón. Se inclinó para recoger del suelo un papel servilleta, para proceder a limpiar el zapato derecho, había una mancha de café del que le sirviera Enemencia. El cutis de las manos compaginaban con la piel de las piernas que dejó ver al sentase nueva vez, desde el enramado de comprar frutos Candido hijo único de doña Feliciana, observaba con demasiado interés los reflejos de la señora Milanés quien se acercaba a la sombra de las mandarinas y entonces ocupar las reservadas sillas. Candido dijo qué linda piernas tiene esa viejita. ¡Viejita, a quien les dices viejita, hijo? De quién está hablando muchacho. Preguntó algo disgustada doña Feliciana. De la mujer vestida de negro, contestó algo mareado por la esencia del perfuma de la madre. Esa no es una viejita, en caso de serlo sería una vieja, je, je, je… se rieron ambos…. Es la esposa de un amigo de Higinio, y sólo tiene 35 años esa es mas joven que tu madre.
El camino del amor es ancho decía la señora Parra, pero hay que quitar las broquedades del entorno, hay que limpiarlo y limpiarlo. Eso es de ahí, es muy cierto. Con aire de artistas- repuso la señora Milanés. Cruzando las piernas, hay demasiado grutas y altiplanicies y enormes mesetas retortijadas, y puedo asegurar que están llenos- señaló la señora Pastora Cabrera,-- de innobles manchas. Yo no las comprendo, expresó la señora Ortiz, de verdad que no las entiendo.

Capitulo 4

Los caminos del amor están sellados de aromáticas flores y energías en transparentes ramilletes sublimes humanizantes por eso no creo que el camino al bien de mayor fortaleza pueda estar manchado. La señora Ortiz, sintonizó la misma frecuencia que la señora Feliciana. Era esa su inquietud, bregar con y por los desvalidos, con los hijos de la inopia, los de abajos salidos del montón. La mayor inclinación de doña Feliciana ha sido esa, hasta con los animales, por favor, dijo la señora Bonilla de Henríquez, la he invitado porque deseo informarles que hemos formado Higinio y nosotras la asociación para beneficiar a los minusválidos, a los hijos de Machepa, a los muy pobres de los entornos a nuestros dominios, en los perímetros municipales. Oye Feliciana, explícame eso de Machepa. Machepa es una voz que el profesor Juan Bosch hizo muy popular en los años pos tiranía
Significa hijos del pueblo, o mejor dicho madre del pueblo, del hombre pobre, “de los desheredados de la fortuna” en una expresión aglutinadora de la pobreza de la república dominicana. Algunas de las mujeres hablaron de liberación, plutocracia, liberalismo, librepensadorismo, y hasta de libidinosidad, la comprendo menos. Me hubiese gustado tener entre nosotras a la esposa del honorable Alcalde municipal, como a la del diputado al lado de nuestros pobres Imbertolinos y de los altamirolitanos, la inopia, la escasez es un mal secular, milenario, y…, en un año, o en varios no la golpearemos siquiera. Golpearla demasiado sería. Si mucho sería. Pretendemos pellizcarla expresó la anfitriona. Si en cada comuna, en cada sociedad, o núcleo social la pellizcamos finalizaríamos debilitándola, al final el desfallecimiento era seguro. Sabemos que a ese monstruo de la sociedad capitalista no lo podremos matar con simples pellizcos es una pieza viral del sistema. Todas las mujeres presentes jugaron con los ismos seductores. En esos mismos días los jóvenes de la época estaban envueltos en esa corriente del pensamiento… jugar con los ismos, para aparentar intelectualidad. El mundo de toda manera cambió con el 1822 con el socialismo. Con el fin siquiera desde el Estado, a la mandita indigencia. Como si fuera una vieja maestra hostosiana, doña Feliciana. Era simpatizarte del filósofo francés Pedro José Prudhonme, consideró la propiedad como un robo, donde más se sintonizaba con este era, en el sistema defensivo de la naturaleza, en la igualdad del hombre y la mujer. La señora Milanes dijo con aire academizante, -a propósito de Prudhonme, me gustaría conocer algunas cosas más de El. Las Cabrera y la Parra encendieron sendos cigarrillos, para echar de sus lados la modorra hereditaria en amabas primas. Doña Feliciana que fuera maestra aunque en momentos especiales, dijo- de Prudhonme, siempre habrá algunas cosas que referir y aprender, este individuo se llegó a preguntar ”¿Qué es la propiedad? Y la respuesta fue concreta y precisa, es un robo lo dijimos ya, la honestidad no camina junto al comerciante, se encamina a la miseria. Las dos mujeres dejaron de intercambiar expresiones y conceptos, pero doña Feliciana notó que Ortiz y Cabrera la menospreciaban y hacían gestos desafiantes, alejados de los vínculos amistosos, y fue cuando preguntó: en tono suave, quisiera saber amigas, qué les ocurres, me parecen alejadas y descompuestas. No es nada, respondió la señora Cabrera, no es nada… encendió otro cigarrillo y exhaló una muy copiosa bocanada de humo para decir, tengo como supuesto, que tu marido es un explotador, la Parra que hacia anotaciones en la libreta amarilla dijo- casi en silencio, esta individua se cree sabia, solo fuma y critica ah se limpia las uñas.
También, Feliciana es él un comprador de ilusiones y de esperanzas pálidas. De sueños de los campesinos, es dueño de las mejores tierras de todo el municipio, cómo podré creer en las transparencias de tus palabras. La señora Bonilla Sandoval estaba sorprendida, con la actitud de doña Emiliana Ortiz, a quien siempre había confiado sus teorías y su pensamiento y sus creencias. Es muy cierto que Higinio, es dueño de propiedades como lo es el tuyo, pero es cierto que mi marido pone a comer a docenas de trabajadores y de trabajadoras, que días tras días, contradicen el parecer tuyo. Las ganancias don Higinio la devuelve no sólo a los obreros y obreras, fíjese doña Emiliana, el construyó la carretera Llanos de Pérez, Bajabonico Arriba, El construyó la carretera Bajabonico Arriba, hasta la carnicería y la escuela construida con la iglesia también. Cual de los terratenientes ha construido una escuela, una iglesia, una fabrica de chocolate, una de queso… y factorías de café y cacao? Donde laboran varios obreros. De los latifunderos… cuál, de los que usted conoce, regala l5 botellas de leche a 30 ancianitos de la región. La señora de Ortiz encendió un nuevo cigarrillo, se acercó donde estaban las otras tres y les dijo- quiero definitivamente sepa que odio a muerte a los dueños de enorme extensiones de terreno. Es por eso que amo las ideas de Prudhonme, estoy del lado de las fuerzas antagónicas y en contra de las invenciones místicas hechas para meter miedo a la población. Y quiénes cree usted que fueron los inventores de esas manifestaciones. No es cuestión de creencias. Es cuestión de saber- manifestó la señora Ortiz. Nadie ignora, que los capitalistas y los poderosos Burgueses inventaron la correa con la que golpeaban a los esclavos. Sí la crearon los amos, como crearon la cruz, para matar a Jesús. -¡Doña Feliciana!- llamó Credeca Parra, tengo sed y de hambre me muero. La señora Bonilla las invitó pasar al comedor donde el banquete que la señora Bonilla de Henríquez ofrecía a sus invitadas, el olor a guiso de conejo penetró entre los cabellos y entre las enredaderas que en tiempos de soles visitaban los ventanales en la mansión de los Henríquez Bonilla. ¡Vengan vamos a comer! La mesa era para seis personas las 5 mujeres degustaron, los sabores de la joven cocinera de la residencia del señor Higinio, fue un momento de cherchas, de chacotas, de jerga… de conversación larga. Luego que bebieron el café y fumaron se marcharon.
La tarde era soleada y amarilla, la brisa fresca, los cuervos se habían ausentados del concierto a Nereo, pisaban las palomas y revoloteaban en el techo de la casa de la señora madre de Higinio. Al verla, el corazón de este, se sosegaba, era como si entrara al una laguna de montañas; cayéndose en éxtasis en los brazos de Morfeo, en los espaldares de la vieja haragana, del abuelo Juanico. Doña Feliciana sabía que su marido no tomaría el camino a la casa. Es una lástima que no me haya escuchado dando testimonios de sus acciones empresariales. Como se había quedado abrazado con los cinturones del viejo dios del sueño, se fue para donde estaba su suegra, la señora Felicitas Silverio.

¡Gabino! Siéntate aquí a mi lado que algo interesante te quiero manifestar. De qué se trata hermano, dijo Gabino y se acomodó del lado izquierdo. Necesito, dijo Higinio, que busques a los demás señores para que programemos las actividades de las próximas jornadas. De qué me habla usted hermano Higinio. No lo entiendo, pero… se calló para encender un cigarro que se le había apagado. Pero cómo es posible dijo-don Higinio, con aire paternal—que usted no sepa que es de espuelas de gallo que le hablo y de sostenes y faldas de mujeres. De sudor de carretero, y de humo de cocina. Pero señores… que no se haya dado cuenta que hablo de palo de cachimbo y de tizón de aroma… de esas de pailas y de pico de cotorra, de vuelos de carcalíes, de cantos de azadas, y de hachas ah olvide decir de palo de coa. ¡Cómo, dios mío! No, comprenda hermano Gabino, no, no, no. No… es cierto que pueda ver las ventanas abiertas y los rastrillos del potrero cerrados, las ventanas del progreso a los cuatro vientos, batiendo los de las civilizaciones. Ahí debajo de los aromales están encima de las camisas sudorosas de don Miguel Vásquez, el picapedrero, los excrementos de las vacas y las aves navideñas, de las ciguas y de las palomas. De los blancos y de los cuervos del invierno. Ahora, dijo abriendo un poco más los ojos- Gabinito Silverio, hoy es martes y es martes 13, hermano mío. Es un día de diabólicas energías, los querubines de altar donde naciera Juanico, nuestro abuelo los martes 13, nos damos cuenta que corre luego de salir del séptimo anillo del doliente purgatorio… rieron por mas de dos horas… je, je, je, je, jeje don Higinio fue el primero en tranquilizarse con la llegada de Filomena la madre de Paningo, a quien Chepe le decía Chininini. Esta con aire de señora también se rió de su amante, se recogió la falda para a menos de un suspiro de la boca de don Higinio que le agradaba besar. –Gabino, llamó desde la silla el señor Henríquez, mira, y señalaba con el índice, los pechos de ella, era de eso que te hablaba muchacho. Gabino movió la cabeza en señal de aprobación; ella bebió de la bebida que le acaba de servir para recibirla.
-Por qué Gabino es Silverio y tú, siendo hermanos, eres Henríquez.
Por las mismas razones, señaló él, que tus hijos son Jiménez, Muñoz…no te nombro los otros dos porque ya puse la muestra. Prendió un cigarro de olor y la acercó a sus labios negros lleno de excitante calor. Eran las 9 y 32 minutos de aquella noche de mucho calor, del martes 13, de octubre, una fecha cualquiera, Higinio abandonó el lugar, pasó varias horas reaflojándose, de los trabajos de la semana, de ajetreos y de grandes empresas unas imprevistas. Montó a su amante a la grupa del nieto del Lince, se veía garboso con su traje de fuerte azul de los para esos días usaban los miembros de la clase mediana y media baja. Usaba botas marrones tejanas con estrella de plata, le brillaba la cara como su pelo cortado al ras. Filomena llevaba una hermosa falda azabachina, sostenida por un cinturón argentado, en las finas orejas finos y delgados zarcillos caracoleados verdes esmeraldas. Ordenó don Higinio al caballo detenerse y marcharon al charco donde se bañaron, debo confesar que los amantes esperaron que la luna se durmiera para hacer el amor sin testigo que no fueran el murmullo y las chorreras. En esos menesteres fuera del dulce hogar, era paranoico, recordaba a doña Feliciana, en las secciones del apresto a la lectura, le remordía la conciencia saber que traicionaba a doña Feliciana, además no le agradaba realizar con temor uno de los actos más nobles como el comer, el evacuar y el dormir. Oye Higinio- dijo Filomena- enlazando sus brazos con los de él. Reconóceme a Guillermito, como si fuera uno de tus hijos, como de ambos. Don Higinio que era sabio, frío y calculador sufrió cientos de ataques al miocardio, pero de escasas trascendencia. No, no dijo- te compensaré mejor… consígueme el acta de la propiedad del señor Francisco Silverio, marido de tu mamá, pero primo hermano mío. Trataré que Onésimo aparezca como heredero suyo. Me echaré la responsabilidad del caso. Las palabras del amante eran navajas que cortaban el tiempo que ni se dio cuenta que estando entre las chorrera casi a las once de la noche, sus manos sudaban por la emoción. Llegaron a las cuatro de la mañana, era una noche de mucho calor entre caricias y detalles amorosos le cogió el alba. Doña Feliciana sintió que la ropa del señor Higinio, olía a bebida, percibió la fragancia de un sexo trasnochado, olía el cuello y las mangas de la camisa, sentía que ardía la vela del engaño y se tranquilizó con las páginas de un libro que poseía, agradaba leer el nocturno tercero se José Asunción Silva. Lo repetía en silencio como un Mantrás…” una noche toda llena de murmullo… de perfume de músicas de alas…en que ardían las luciérnagas fantásticas” sintió que algunos versos se extraviaban permaneció memorizándolos de nuevo. Recordó a Séneca para decir “Quien más te quiere te hará llorar”.
La brisa era escasa en el invierno, pero su espalda semi desnuda se mostró regocijada, bostezó dejó el sillón para mirar sobre los aromales, y una sensación de ternura y de amor se hizo presa en ella, cuando oliscó dos lindos pinchonuelos abriendo la boca mientras la madre le echara alimentos, olvidó los olores de la camisa y comenzó a observar, la llegada de las garzas. ¡Qué bello vuelan, dijo! Son aviones de plumas aeronaves tan pequeñas que llenan de recuerdos muchas veces agradables, trajo de nuevo a Silva, “lentamente, lentamente… contra mí ceñidas todas…” y en silencio martirizaba “de amarguras infinitas te agitaras… iba sola, iba sola, iba sola, por las estepas solitarias… por el infinito negro… lo dejó allí, con la presencia de don Higinio que tenía minutos viéndola desde la sala. Ella entró a la alcoba y volvió con una gran toalla blanca perfumada. Estaba segura que al recibirla se excitaría de inmediato. No dijo nada y se acomodaron en la enramada en la hamaca y en la haragana centenaria. En paralelos ambos contemplaban el volar de los pájaros, de los cuerpos entre las palmeras y de las garzas en los aromales. Don Higinio tenía decenas de caballo para la montada, y docenas de mulos en las recuas para las cargas, de frutos y viandas desde la Descubierta de la Gotera, de la Llanada, y de los Cándidos. Estando en la barbería, el caballerizo esperó treinta minutos sentado en una piedra fría por la sombra de los mamones y ciruelos florecidos… qué estás haciendo, qué deseas hombre, en esa piedras sentado…, vine para que nadie se lo contara, sino para que con sus propios ojos los viera. Mire para la mata de mango señor, para que los bautizara sin que se lo contaran. Quién los pudo amarrar, preguntó muy complacido, don Higinio. Miró que la hija de la Yegua La Prieta, propiedad de su madre había parido trillizos. Si señor trillizo de patas blancas, exclamó el barbero. Esas criaturitas tenían la hechura de su abuelo el Lince, sus uñas eran de percal el cuerpo largo color azabache, las frentes de media luna y el rostro con ojos de cristal. Dejó los animales llegó a la despulpadora, para ver si era cierto que con los pies se rendía más al pilar el café cereza. Seis hombres con las manos quitaban las cáscaras de pulpas de granos maduros, eran millones los granos, que se deslizaban hasta las rodillas de los trabajadores, con los calzones remangados. Doña Feliciana se convertía en experta limpiadora de café… lo miraba como pasa tiempo, reía cuando los obreros daban ciertos movimientos que les parecían graciosos, pero llenos de encantos. Al ritmo de las voces de la tonada. Higinio reía cuando por su mente se deslizaban las imágenes de los potrillos.¡Qué caprichosa es la naturaleza, qué caprichosa. Pensaba y movía las piernas y los dedos de las manos en círculos como un tiovivo, la carreta llegó del río cargada de café lavado, los obreros de la fosas llenaban nueva vez para volver al río, iban conduciendo la mula llamada Paloma, blanca de color, el que la manejaba sabía el quehacer, pero, pero faltaba Gabino hijo de la señora Ángela encargada de los servicios generales de la mansión, que mejor la conocía. Casi siempre eran Pedro y Gabino los que realizaban esa tarea de ida y vuelta al secadero.
Quince días después que conociera don Higinio a los Trillizos, volvió a la carnicería, comió de los entresijos, de riñones, de rabitos y de las orejas, de cerdas jóvenes que Esteban Vásquez, freidor de oficio, le guardara. Pellizcó una oreja, el resto se lo envió a doña Feliciana, que era una gran consumidora de esa… para Ella favorita, parte del cerdo, por ser portadora de menor cantidad de grasa. Compró las morcillas para enviárselas a los trilladores y despulpadores, las patas y las cabezas que eran dos, lo que más le llamó a la atención fueron los sesos de los cochinos… Esteban lo había dejado en una cuchara de calabaza. Un poco más allá, en el lebrillo de almácigo, había varios pedazos de batata y de yuca frita. El grito de uno de los cerdos lo hizo retirar hacia la pocilga. Cuatro eran las cerdas, todas en celos, había en libras varios quintales de sexo animal, para ser servida, esperaban turno del semental, único rey del corral, con la boca espumosa. Observó, don Higinio que el porquerizo ponía la mano zurda en la drupa de la cerda que virgen pararía; y, con frecuencia miraba los cuadriles porcinos y olfateaba la aroma voluptuosa de los quince años. Cuando ponía las manos sobre las grupas del animal su rostro se cargaba de sangre…existía entre el centro nervioso del cuadrúpedo y el muchacho un cordón transmisor de la sabia de la excitación. Don Higinio pidió que le ensillaran la yegua prieta, y salió para la Jagua, para supervisar los cafetales, con el iba José Mercedes Medina, llegaron al medio día cuando entraron a la Media Luna. Pernotaron en los Venturas, tomaron café después llegaron a la casa del senescal José Cabozo, cruzando la flora muy copiosa en esa época del año. Los vuelos de las aves y de avechuchos… le reparaban a ambos la sicología de seguir cabalgando… de pronto el caballo de José Mercedes se asustó, lanzando al jinete a varios metros don Higinio que iba muy delante escucho el vuelo de los judíos y de los chinchilines y sin estar seguro le pareció haber escuchado un grito de dolor, al volver halló a José Mercedes Medina que se montaba sobre el brioso caballo que montaba. Le contó a Higinio de lo ocurrido, alegando que nunca en su vida hubiera sido derribado de algún animal. Salieron de la propiedad y entraron a los territorios de su tía Simona Silverio Medina, saludaron a José de la Cruz, esposo de la tía, inválido sentado en una silla de palo pero parecía un aparejo viejo, el camino era borrascoso, la humedad facilitaba el estancamiento de las patas de los animales, los lados de las sendas, eran ambrosías milenarias de árboles de aserraderos. Era una alameda singular con la sombra de la genuina mata de cañafístola de las floras de Tatania, y de Aromanía. Los guamales de los bosques, especiales para el crecimiento de los cafetos, estaban florecidos… había muchas pegas que ponían los muchachos utilizando el sumo de la resina de la laguilla, árbol frondoso de piel verde sin arrugas cercana parecido al caucho del que también sacaban pegamentos que ponían en las ramas donde iban las ciguas y los carpinteros a comer. Los tímidos rayos del sol entraban al cafetal precisamente a los caminos como el que no había sido invitado a una fiesta privada de cumpleaños en la casa de un latifundero el silencio era obligado en esos contornos donde las mariposas de frutas se adueñaban de ese mundo vegetal, algunas se movían en los azahares, en las petunias de unas cuantas matas de tabaco sembradas en los mallares que habían sido arreglados. Aquellas ciguas que no fueron capturadas con las trampas de los muchachos en las matas de ciruelas y de guamas, volaban de una rama a otras más lejanas para libar los néctares de las flores naranjos y del cafeto en flor. Parecían borrachas que iban de una mesa a otras batiendo la portoncita de entrada. Higinio y José Medina, alia Chepe, dejaron el arroyo Mamey y llegaron a la casa de Cabozo, era de un solo dormitorio, de una pequeña sala y de dos enramadas. Había un tinajero, al borde de la puerta del aposento, al lado… cuatro sacos de cabuya con las bocas cocidas repleto de café cerezo, sostenían un lado de la mesa, era donde ponían la comida en caso de visita. Otros seis más, estaban uno encima de los otros, el señor Chepe, ordenó quitar los que estaban en la puerta aguantando la mesa y que lo pusieran juntos a los seis. Este recibió el olor a polvo mojado, otro tanto don Higinio un hedor a sanitario y a pocilga, se quitaron los sombreros, y desde los ciruelos y del árbol de nombre libertad, comprobó que se acercaba un temporal. Oía roncar, cual sabueso cimarrón montañés, un chubasco de múltiple quilates. No se preocuparon porque la casa tenia buena cobija, era segura.
¿Dónde está su chubasquero?
No lo traje respondió el Patrón, no lo traje. Los primeros goterones cayeron antes de que las chicharras cantaran. La señora del señor Cabozo, mujer delgada, con senos de limón agrio, y que al estar embarazada apenas ascendían a Jaguas maduras, tenias ojos claros, manos de pianista y cabellos de ciguapas nereidas, dejó la cocina llevando entre sus manos un hacha, una paila y con la mirada puesta en los nubarrones de los elementos, clavó el hacha, y puso bocabajo el cardero.
-¿Para qué hace eso mamá? Preguntó Nereydo su hijito. Para controlar los vientos, respondió la madre.
¡Ah bueno, ha bueno! Entonces señaló cabizbajo, ¿cómo podemos controlar el viento con una jacha, y con una pailita? No puedo aceptarlo, no lo puedo creerlo. La mamá lo miró con ojos de reproche, no le respondió pero le llamó para que participara en el desgrane de los Maíces y las habichuelas con las que cenarían aunque lloviera. Los trabajadores se alojaron en la casita huían de los rayos y de las tronadas ya disminuidos luego de que la mamá de Nereydo, hiciera el truco del hacha y de la paila. Vieron la mula y la prieta, animales en que andaban don Higinio y su edecán de servicio, escucharon que el patrón prometía un ligero aumento en los jornales a los salarios y mejorar las condiciones de cada trabajador, enviándoles botas y atuendo de trabajos… se pusieron muy contentos. 75, centavos no es mucho, pero 2 pesos a los capataces es bueno.

Capitulo 5
Mañana envía las arenas y las fundas de cemento para hacer un secadero de mayor tamaño y una nueva casita para los peones duerman si así le tocara un día quedarse. El humo obligó a que Higinio se marchara con la lluvia que aminoraba, le dijo a Cabozo que le enviaría sombreros de canas, machetes y limas, botas y también unas frazadas. Permanecieron largo rato en la casa del primo Pelao, hablaron de la situación presente, de los planes y de los proyectos… Oiga primo no permita que destruyan las sombras, el respeto a la propiedad, es la paz, lo había dicho de otra forma Juárez. El chapeo de la finca hay que hacerlo con el cuidado que cuidamos la cabeza de los hijos para que no les caigan piojos a las gramas ni a los pastos, ni las hormigas se acerquen al lecho donde uno de nuestro becerro duerma. Cómo se llama ese pendejote que está debajo… de la mata de guásuma. Esa es… una mata de Moriviví, la otra es de rompesaraguey. ¡Ah... sí hombre! Comentó don Higinio, lo había olvidado, hay que sacarlos de raíz. La sombra es una bendición de la naturaleza, que debemos cultivar para preservar. La que está mas acá que la del limón dulce, debemos cuidar y sostener la del cajuil. Para que en los días de calores, nos almacenen el rocío. ¿Entiende José? Dijo pero al que miraba era al primo Severo Medina, quien era sobrino de doña Felicitas, su madre. En la sombra más lejana estaba el semental, tenía varios quintales, don Higinio se le acercó. El animal miró al dueño mientras rumiaba, chepe lo iba a arrear pero don Higinio dijo déjelo descansar que si estuviera en condiciones estuviera con las vacas. El buey lo vio de buenas ganas agradeciéndoselo. Las vacadas, mugían y bramaban en las hondonadas y los barrancos cerca del arroyo pastaban 6 en la yerba de guinea donde bandadas de garzas garrapatiferas llegaban como avionetas a los hangares. Días después don Higinio volvió para ver las cosas de nuevo… y quedó satisfecho con la hortaliza que su primo Pelao, había preparado donde estuvo el viejo establo. ¡Anjá primo! expresó riéndose, con que comiendo solo, hay que compartir con los vecinos. Dijo en forma irónica.
Cuando llegaron ala casa le dijo- manda a bañar los animales que cuanto amanezca estaremos rumbo a la Llanada. Me gustaría ver los trillizos pero no están en condiciones de viajes lejanos.
-Pienso como usted- soltó Chepe. Están bastante huraños todavía, pero… por qué no se va en Frenteluna, esa es una gran ejemplar, tiene cualidad y bastante calidad. Tiene sangre de árabe.
¡Así es, pero ahí está Samboy!
¿Por qué no lo monta mañana?
¿De quién es hijo Samboy?
Es un bisnieto del Lince, caballo de mi abuelo y de mi tío Gregorio Medina. Lo monté sólo una vez y jamás lo hice porque el, según mi percepción, me miró con ojos de piedad y yo sentí miedo. Tiene la misma fuerza que su abuelo.
Está bien prepare la prieta, y déjela suelta para que se revuelque. Las neblina poblaban la barba de la loma el trino de los pájaros en la zona, el vuelo de las jangadas de polluelos era un arco iris pintoresco saludaban las llegadas del señor Higino. Desde la tienda contemplo el anón centenario del lado de la carnicería que caía. Estando en la terraza y acompañado de Feliciana pensó en su madre Felicitas y en su tía Justinia. Tenemos que construir un cementerio en la cercanía de la casa. No debemos estar lejos de nuestros difuntos. Contaba con los dedos, primero mi abuelo Juanico Silverio, luego mis tíos Juancito y Gregorio. Los fundadores de esta tierra descansan en el cementerio de los Bonilla en Altamira. Llamaron a Enemencia para que le dijera a Chepe que recordara… que lo estaba esperando… recibió de Enemencia una taza de café y una caliente tizana con un calmante para aliviar la jaqueca.
¿Cómo le ha ido señor Higinio? Estoy a las órdenes suyas. Dijo Chepe.
Quiero que mida el terreno de que te hablé para la construcción del cementerio explícales a los albañiles los detalles de las bóvedas. Chepe fue escribiendo en su memoria los nombres de los seis familiares más cercanos al señor Higinio: Fela, Feliciana, Aquino, Cándido, Lucía y Mercedes, ah aclaraba, haremos otra de doce cuevas según se sucedan los soles. El sol intervino introvertido y juguetero pintaba las casas de rojo carne llenaba las habitaciones las de los almacenes, la iglesia, la escuela, la trilladora sin dejar sombras. La gente estaba sorprendida al conocer la realidad.
- Es el sol de los difuntos, dijo Wenceslao desde que recuerdo no lo veía. - tu ves esa es una mala señal- aclaró José Canuto- la lluvia sobrará, la tendremos por jangada habrá enormes crecidas de arroyos ríos y deslizamiento de fangos y de lodos. Mares salidos de las costas abrirán sendas entre campos y villorrios en las pocas horas que del día nos quedan.
-Déme un trago de tres centavos- dijo Francisco Silverio. Para retirarme la resaca de solo verlo. Los que estaban en la pulpería rieron a más no poder. Dos niños que oían la conversación se arrastraban de tanto que rieron.
-No hombre José, José Valentino Silverio delgado de más de seis pies, iletrado pero muy hábil en el manejo de las palabras en concurrencia vecinales. No hombre José, usted se ha equivocado, aunque está en lo cierto en algunas cosas, se detuvo y pidió también un traguito de tres centavos para, cada compañero. Iniciaré por la parte donde está en lo cierto, también creo que habrá algunas desgracias en las próximas horas, no se puede agitar las causas de los aconteceres y alguien está moviendo demasiado rápido las amarras de la hamaca. Dio media vuelta extendió sus brazos quijotinos y lamió el último traguito que le quedaba al fondo del vasito. Habrá una tragedia, la huelo en las hojas del camino en las hojas de albahaca, en las habanas de batatas, en los ojos de los animales, me empujan los cerdos con los hocicos, pero lo máximo de tu sospecha, son los latidos de la tierra mas rápidos y de mayor intensidad. Escucha Valentino - expresó José Canuto Bonilla, tú eres sabio pero eres muy joven aún.
¿Cuál es la parte donde caigo en equivocación? Don Chico invocó al pulpero, y tiraba al mostradero 10 centavos, dénos otros traguitos ya sabe de cuantos. ¡Compay! Dijo extendiendo la última silaba de la palabra, luego de poner el pico de la boca en el ron palo viejo, miró todo el entorno del colmado, el de la iglesia y el de la escuela, echó saliva en el suelo la pisó con la soleta. ¡Equivocado, equivocado! Quizá no, tú sabes pero… ¡de los dolores no hay quien salve a la vecindad! Habrá mucha lluvia, fangales, peste, desolación, suicidios finalmente la sombra del mal entrará por muchas puertas de varios de los hogares nuestros. Ese color a sangre que nuestro sol muestra, es seña de penas y de apuros.
-No amigo la equivocación está en la gusanera de los sembrados especialmente en la yuca y los guandules, sino que en el cuerpo mismo de la tierra, es el vientre de los hombres que morirán. La llegada de una joven de la comunidad, que compraba con premura los interrumpió.
-Saludo dijo la muchacha- dejando ver sus dientes percalinados, guardados por unos labios violetinos. Todos contestaron levantándose el ala del sombrero, dándoles respeto y saludo a la flor que hablaba, después que recibió la brisca de jabón se fue dejando atontado a los contertulios con el olor a rosa virgen y de pachulí en trasnoche.
-¿Quién es esa muchacha, don Chicho? Preguntó Confesor Silverio, quien estuvo todo el tiempo sentado, en los sacos de yuca, sin hablar.
-Esa muchacha se llama Sabina, es hija de Filomena Muñoz, la mamá de Paningo y de Guillermito y de Cheo Pancha. Son hermanos de madre. Cuatro hijos, cuatro padres. Respondió Francisco Silverio primo hermano de don Higinio. Las nubes no esperaron muchos tiempos para descargar parecían pequeños niños que orinaban en chorros núbiles y castos.
Los cuatro amigos cruzaron el río con el temporal encima, conversaban y bebían
-No dije nada, de lo que dijo usted, Canuto - dijo Pepe Sixto Bonilla, para no herir a don Chicho, primo hermano del dueño, quien mandó a construir una bóveda de 23 nichos. - está bien respondió Canuto…
- Pero… Confesor, expuso- Pepe Sixto, hermano de Canuto… esa es una muestra de que el señor Higinio quiere tener los difuntos cerca de los vivos. Al alcance de su poder espiritual, de esa manera controla los cordeles de su hamaca,
-Caramba- dijo Valentino- el romo si hace cosa, a muchos les amarra el juicio y a otro les suelta la lengua. No entiendo ni jícara de coco seco.
-Mientras más crudo es el romito -dijo Confesor, mayor intelectual se pose el bebedor. Pero a mí me pone más pendejo en cuestión de entendimiento.
¡Muchachos! sentenció Valentino, es a muchos que nos ocurre… a otros los vuelve resbaloso. Se deslizan sin pagar, se convierten en irresponsables muchos se vuelven tartamudos y bostezan estornudan decenas de veces se transforman en súcubo y en íncubos insaciables camarones tropiezan para traspasar linderos. Las parejas de Bonilla y de Silverio se citaron para volver al colmado a la misma hora del sábado para continuar la charla al compás del trago de viejo del Palo Viejo.
Wenceslao Severino había observado los rayos rojos de la tarde sufrió el escalofrío que sintió el joven recentino cuando tuvo su primer encuentro sexual. La sensación fue de temor recordó a doña Marianela Severino su abuela, mujer de cuatro senos y de 24 dedos, la recordó diciendo “cuando los soles emiten rayos purpurinos las casas que se tiñen de rojizo tinto quedan marcadas. Los muertos se sacuden dentro de las cajas los ahorcados resucitan para entrar a las casas marcadas. Sacudió los temores como una gallina se quita el polvo.
Paningo Muñoz hijo de Filomena, la amante de don Higinio era, atajador de enlace en la compañía H y B- preguntó ¿qué te sucede Wenceslao no lo dijo en tono juvenil, sucede algo malo? -no me ocurre nada, respondió con aparente tranquilidad pero para el jovencito Muñoz la voz salía desde el fondo de un sepulcro. - cómo que nada y está sudando. Wenceslao pasó la noche soñando con auyamas, calabazas montando zancos, mazorcas de maíz enlazando bueyes y caballos que luego de estar amarrado eran gatos y murciélagos fumadores. En la madrugada soñó de nuevo con una banda musical de guanábanas, sandías y lechosas que bailaban al compás; dirigida por una alta y delgada yuca amarilla, llevaba un ala de gallina negra, que por momento volaba y regresaba. Otra yuca gorda negra, brincaba y tocaba el acordeón. Despertó sobre un paquete de lazos de cabuya blanca sacudió otra vez los temores lavó su cara con las dos manos hizo gárgara y después escupió en las palmas de las manos. En la mañana del día siguiente sobre el llamado austral o sol de los difuntos, confundía cada vez más al señor Severino. La mentira, lo absurdo, lo incomprensible durante la niñez fue una semilla que germinó en terreno fértil como la mostaza y la Artemisa en las secas boñigas que aun pasando el arado perdurará por largos años. A pesar de estar en la tarde de su existencia sudaba al ver el sol de los rayos amarillos. Paningo estaba debajo del anón de la carnicería, listo para entrar en escenas. Engrasados los brazos para enlazar al escorpión traído de la estancia Hacienda Cuba del señor Brugal, adquirido por trueque. Don Higinio entregó varios caballos, tres mulos de cargas y tres caballos de montar recibió don Benito Brugal a cambio.
El señor Higinio envío a Paningo de apodo Chininini, a llevar una cajita a su compadre el señor Pío Santos pero no pudo realizar la encomienda. Cumpliendo con los detalles que don Higinio que le había dicho” no la entregues a otras personas” Paningo sintió que en sus estómago se movían pesadas cargas de nitroglicerina acompañadas de arrobas de misterio, quemaba y paralizaba circuitando una tragedia emocionante, el miedo llegaba, el dolor intestinal, la orinadera, la nausea, los vómitos y la diarrea, caminó y el estómago lo pellizcó se detuvo bajo la frialdad de los grayumos o grayumbos miró que del lado derecho salían energías que lo asustaban, hizo la señal de los temores y la de la cruz, invocó las oraciones de su abuela Panchita Muñoz, y fue cuando las maneas que sentía en los pies y el peso de su estómago se deshacían. Pisó encima de una tabla morena, pero le pareció que donde pisaba era sobre el vientre de una rana enorme del tamaño de un cocodrilo bocarriba. El miedo había volado con unas gigantes mariposas que de papel parecían, salidas del fondo del arroyo, que según el juicio de Paningo era de agua mezclada con melaza y sangre. Llamó varias veces sin salir ni moscas, que muchas debió haber. Regresó ¿Para dónde andaba usted? preguntó Wenceslao Padilla. Aquí donde me ve usted Vence, yo soy persona de segura confianza de Ginio, iba a contar lo sucedido pero al Chape llamar a Wenceslao, se quedó con la boca abierta, tendrá a la Media Luna, a llevar un cemento y otras cosas al señor Cabozo y de paso traer café cerezo y cacao seco. Chininini, continuó contando lo ocurrido en el mandado a la casa del señor Pío Santos. Cuando me acerque a la casa el frío de la muerte cocino dentro de mis huesos… no se que pero el miedo fue para morirme, y acordarme no deseo juuuf, movió la cabeza de abajo hacia arriba. Cada seis meses Pío Santos mata un novillo que reparte entre su familia y entre la familia del otro… se la suben a las matas de jabillas y de los grayumbos. En la noche los animales llegan y dejan los cordeles pintados de sangre amarilla. ¡Muchacho, muchacho! Aléjate de contar tonterías, que no encontrarás novias y de grande empleo, dijo Wenceslao, dejando los ojos fuera de las órbitas. Dime Paningo, de dónde es que sacas, esas travesuras…, no sigas con eso que luego se pega un sueño y no hay quién me quite las pesadillas negras. Anoche por ejemplo, soñaba que docenas de ratas, todas de ocho patas, subían a mi cama a lamerme las narices pero una o dos se equivocaban y lo que hacían era besarme dentro de mi boca, de allí se retiraban a las plantas de los pies. Jamás he dormido, jamás, mucho menos si escucho historia como tal. .
Muy cierto hermano, no pude hacer efectivo la encomienda del patrón. Creí que el viejo se me escondió por temor a enfrentarse con la realidad del poder de mi abuela Pancha Muñoz. ¡Je je je!
¿Qué sería lo que había en la cajita? No lo se, ni lo supongo… dijo Chininini. Lo que puedo asegurarte es que mucho pesaba. Mucho de verdad. ¡Qué cajita!
Don Higinio siguió con la gira a las propiedades, en la tarde visitó la parte oeste de sus fundos, pasó por la estancia San Antonio, en el caballo Gato montero, conversó con los trabajadores, dejándole llenos de esperanzas y de planes. Paso el río hacia la propiedad de su compadre Pío Santos, le llevó la encomienda que no pudo hacer el joven Chininini. En los alrededores en los límites de ambas propiedades, sobrevolaban columnas de cuervos pintados, custodiados como edecanes patrulleros, siendo sorpresa para el ver, en una jaula hecha con fibras de bambú a un a gigantesca rata con ubre tan grande como la de una cabra que jugueteaba con los cuerdos de una vaca. La náusea que sintió revolteó su estómago y regurgitó en los zapatos que ese día se estrenaba fuera le esperaba Chepe Medina le esperaba impaciente. Observaba los cuervos blancos que acababan de incorporarse como un programa al sistema, como un ritual de vigilantes para despedir a los visitantes no gratos, entre secas hojarascas y verdes copas de grayumos y palmeras. Entre grillos y cucarachas de cañaverales enfermos entre las mullidas alfombras de gramas vigilantes entre convolvulácea y pequeñas hojas de verdolagas. Forrado de la cintura hacia los pies con hojas de guandules, y hacia arriba con secas de verbenas y mágicas salvias.
Meses después Chininini, cumplía otra misión en la morada del señor Santos, al llegar vio que en una de las dos puertas pintadas de rojo y azul, en los umbrales embarazados cundiamores, una culebra vegetal con ojos móviles y lengua bifurcadas como cuchillas amoladas. Los cundiamores llegaban a la boca del reptil conducidos por las mismas ramas, sostenedoras de las frutas, se encogían cual disparadores de aceros. Al salir recogió su corazón, que desde el ruedo derecho del pantalón, iba saliendo, por el susto recibido con el inesperado vuelo de las gallaretas rojas salida de un lago que en verdad no era agua lo que tenía sino humo blanco. Las garzas y los carpinteros, también revolotearon por las cúspides de las palmeras y de los grayumos, todas las ciguas caían del cielo como lluvia de granizos rozando las frutas secas de jabillar. Era el graznar de los cuervos pintados, que les asustaba y las mataba. Como de un horno verde crecían de las eneas, un fuego irradiando los potreros, los rastrillos y las empalizadas, el corazón luego de ponerlo en su puesto… se estabilizó y entonces emprendió la marcha a la mansión, en la madrugada de ese mismo día el bosque lloraba y aumentaba el rocío cuando desde la cabelleras mas altas de los anones caía llenando de verde y de negro los aleros de la casona del viejo Pío Santos enlutando el cielo con el humo ascendido desde el horno de madera verde. Las espigas amarillas de un pequeño prado de maíz temblaban con los alaridos fríos de perros que arrastraban las cadenas que en la víspera Higinio le enviara, esos alaridos de dolencias y de espantos atraían a los perros de todos los contornos desde Quebradas Honda, de vueltas largas y de la Grúa, convocados para el concierto sepulcral entre arrabales de los grandes dueños de extensos latifundios para saciar esa noche del antojo negro.
La tarde del día de las Mercedes, volvió a la pulpería la pareja de hermanos Bonilla, ese día no salió el sol de los difuntos, hubo muchas lluvias, relámpagos y truenos escenario del entorno de la mansión del señor Henríquez Silverio. Las casas volaron sobre de los anones, lo mismo que de las aromas, antes de llegar a sus nidos los cuervos ahora, no eran pintados graznaban en las palmeras, tórtolas y ciguas se alejaban de la sabana y guardaban su cuerpito en las espesas pencas de las palmas y de los cocoteros.
¿Cómo está don Chicho? Preguntó al tiempo que ajustaba en su cintura una lima con cabo de tusa de maíz, y un machete cabo blanco.
Estoy bien respondió don Chicho, quien de inmediato pasó dos sillas invitándoles a sentar. Cantillo pidió un cigarro de olor, y una caja de fósforo estrella, de fabricación nacional, Concepción de apodo Conce, estudiaba la realidad, tenía una dimensión diferente. Quizá no lo comprendían empleaba su tiempo en la observación cosa que no dejaba de decir. Qué hago en este colmado, se que se acerca un temporal, por qué no me retiro de inmediato, sabiendo que es cierto. Seré un tonto, estúpido, y un viejo seboruco. Un mulo, un caballo, se hubiese marchado ya. Se retiró dejando a los amigos, cuando un saleo brincaba delante de una pequeña recua realenga que huía de los truenos. Lo sabía, lo sabía, ahora los animalitos son más teóricos que los borrachos, son meteorólogos… rió a carcajada cuadrada hasta cruzar el río. Miró a la ribera del arroyo los Morones, empujando el agua limpia con la sucia que caía.
Déme un trago dijo Valentín Silverio de cinco cheles, miró la loma, los cayucos doblaban las flores, así la protegían del chorro del agua que caía. Se rió, y manifestó la naturaleza sabe mas que todos los humanos juntos, entró de lado, el hombro izquierdo lo llevaba enchumbado, colocó el viejo sombrero encima de la joven y redonda cabeza, la fría brisa que llegaba de la loma humedeció su erecta espalda. Dame otro, primo dame otro, pero póngale un poco de azúcar. El trueno rompió las aromas y tres de los anones en la cercanía de la residencia de la señora Flora García. Estaba furioso el viento, la casa del señor Conce, hecha con yaguas viejas, fue destartalada, con furias y sin piedad, ni misericordia. En la casa de Flora, los anones caídos, entraban a la galería de tablas de palma y como bala perdida, un rayo, cayó en lo que un día fuera Gallera de don Higinio en el solar de la escuela.
La brisa ahora era tibia, hacía horas que el sol dormía, las ramas de mango vizcaíno, besaban el cemento de la tienda, los cuervos graznaron con furias, y se restauraron los vuelos de pájaros, sólo las palomas no salieron a dar vuelos de reconocimientos.
Chicho encendió una lámpara la tarde se vistió de luto, cerró todas las puertas y los ventanales. Los granizos eran de libra y media, algunos muchachos lo recogieron para enfriar el agua de las tinajas. Los pequeños entraban por debajo de los quicios de las puertas. Las gotas eran helados de mangos y de ciruelos, de guanábanos, de tamarindo y de frutas desconocidas traídas de otros mundos lejanos, venían con los sumos y las hojas de estos árboles. El olor a fango y a letrina no era otra cosa, que la conversión de polvo mojado y de la pulpa de café cereza pútrida. El frío reía pero Valentín Silverio conocía su silbido bebió el último sorbato convocó a marchar y se alejaron del colmado de Chicho Justa. Cruzaron el río cuando el agua sucia empujaba la limpia, se sentaron en la piedra donde clavaban los difuntos antes de llegar a la iglesia. Los bebedores con los ojos nublados por los rigores de los tragos más que de la lluvia, vislumbraban la tranquilidad del curso que llevaba el agua que, estaba transparente y cristalina. Pero ese río tenia un estómago largo, que no se saciaba con pocas cosas.
En la mansión Higinio llamó a José Mercedes y le dijo que guarden lo que haya que guardar, se acercan los aguaceros de diciembre, despache a la peonada para esperen el temporal al lado de sus familiares. Tres días después, Higinio recibió los informes, de manos de Chepe y de Chombo, acerca de las pérdidas ocasionadas por la tormenta y por la lluvia. A la naturaleza hay que conocerla y comprenderla, de esa forma no respeta y hasta creo que nos estima. Los que estaban ahí y escucharon a don Higinio, quedaron turbados y aturdidos. Josefino de la Rosa se preguntó de dónde este hombre sacaba tantas argumentaciones sin saber leer hasta la zeta.
Oye Feliciana manda que nos suban café caliente, tengo que contarte cosas que nunca he referido. La señora se levantó en actitud disciplinada de siempre. Siéntate… espera dijo ella buscó tijeras, toallas y agua tibia, se sentó a cortarle las uñas de los pies… tus uñas son huesos ásperos. Al instante entró Enemencia, con una librea negra y blanca, entregó una bandeja con el café y algunas frutas bien lavadas y muy rosaditas. Oiga joven, dígale a Ángela me traiga más agua tibia y un poco de alcanfor y alcohol con limón y albahaca. Don Higinio sacó de la ponchera, el pie izquierdo y lo subió a la pierna derecha de doña Feliciana, saboreó la humeante bebida y comenzó la plática confidencial. ¡Caramba, caramba, Felicia! Mientras masticaba el café tendré 15 días recordando lo que mi abuelo Juanico decía, padre de mi madre.
¿Qué decía? ¡Cuéntame! que es bueno hablar, es de lo poco bueno que nos queda.

Capitulo 6


A los padres de mis padres, los blancos los mataron, mataron a mis bisabuelos… Y llevo muchas noches de insomnios, huyendo de un hombre blanco que me quiere obligar a desenterrar piedras, usando mis manos que se convertían en picos y coas, hasta se convierten en Oz, instrumento poco conocido en estos lugares, el le repitió por solicitud de ella, en el trance me niego a sacar las piedras, me la paso huyendo no han sido pocas las veces que me amanece cansado, junto a mí hay decenas de hombres y jóvenes mujeres, que sí sacan piedras y las depositan en los troncos de las palmas enumeradas, unas y unos pican con marrones pintados de rojo y de morado, lo que rompe mi equilibrio emocional, es lo que le sucede a los dos ancianitos, que tienen que halar la carretilla de las piedras picadas. Los jóvenes al cabo de breves minutos terminan siendo ancianos y ancianas. Son bagazos, escorias de túneles y aguas negras, son deshechos de mataderos, de carnicerías.
¡Qué cosa! ¡Qué cosa! Expresó sorprendida la señora.
De eso que te estoy hablando, con las piedras hacen calzadas para las grandes ciudades, construyen pocilgas y perreras, donde exprimen a los humanos.
¡Sube el otro pie! Puso las tijeras en la uña meñique, esa… es la vieja que mamá Fela dice, ¡Je, je, ju, ju! Es más vieja que la justicia, que la bondad, que la maldad, que el rascar… volvieron a reír. ¿Que te parece? ¡No me parece nada! Dijo satisfecho. Sí los mandingas tenemos uñas muy viejas, los Silverio. Y…, si son ¡Medina son Mandingas! Por el meñique de los pies, lo conoceréis. Más que uñas tenemos huesos.
En eso nos parecemos a los gatos. Dejaron las conversaciones y fueron a los verandales para ver el vuelo de las garzas pero lo que escucharon fue un diálogo entre Chepe y dos desempleados, que buscaban empleos en la fábrica de queso o de Chocolate, o como ordeñadores.
-¿Cómo te vas?
-¿cómo me va a ir?
-mal con la espalda desnuda picada por los mosquitos del imperio. Mal.
¿Cómo me puede ir? mal, como han deseado los jefes, que me fuera.
-¡Y a ti, te vas mejor! ¿Verdad?
-A mi me persiguen los sueños que he creados, los que amamanto con mis esperanzas. Aquí enjugando mis lágrimas, con mis sufrimientos sosteniendo los sollozos de las pasiones. Encima de las hojarascas, envuelto en cáscaras de sucios papeles. Bebiendo lavazas envenenadas- enfatizó el carretero. Que le echó el brazo al colega cañero.
¡Vámonos de aquí!
– ¡Vámonos!
¿Quiénes son? preguntó doña Feliciana arreglándose los moños.
-No estoy seguro, creo que nunca lo he tratado. Escuché decir de boca de uno- primero lavaré sanitarios que los zapatos de los explotadores.
¿A Quién se está refiriendo?
-No lo se.
-El otro… agregó, que era mejor llenar hasta con su sangre la carreta… pero no lamerá los pies de los ambrosianos usureros. Volvieron al comedor y comieron frutas antes de irse a dormir. Los aires navideños cruzaban los ventanales de la mansión de don Higinio, llevaban los sollozos de niños sin biberones y sin lechoncitos y sin juegos navideños traían imágenes húmedas de niñas sin juguetes sin lechoncitos asados en pullas, sin recuerdos de la natalidad. Recordó al hijo de su mujer, cuentan que tiene la habilidad de quitar los broches a los corpiños como los nudos que sabe quitar a la madera, a una costanera, así eran sus dedos para retirar el seguro de la castidad a las núbiles de los focos de los entornos familiares, no importaba que su embriaguez fuera por el cruce, con una dalia o con una rosa, sin herirse con las espinas que en los talles hubiera. Imaginó a su hijo Aquino, y figurándose en él, se sacudió como un burro que tira el aparejo. Feliciana se dio cuenta y le solicitó una explicación…. De tu hijo, Feliciana, he oído que tiene por los lados de Rincón de los Jobos, en los Bonilla de los Morones, tres muchachas encintas, y que tiene amores con Glorina la hija de Evo Danilo Cabreja, en Quebrada de los Cacaos. De Aquino pensaba en su crecimiento. Les daremos todo el apoyo que merezcan bajo el amparo de las reglas, y de la disciplina familiar que hemos establecido. Me hubiese gustado haberles visto en la escuela junto con los otros. Pero este abandonó la carpintería y se marchó para las fincas a sembrar café, es por eso que hay una finca llamada “Los Candidos” a doña Feliciana no le agradó en nada, las informaciones de que sería abuela, en los próximos meses, y lo consideró como una aberración. Recuerda Felicia que no sólo es por viejo que el diablo es diablo, no es sólo por eso. Feliciana con una risita dijo algunas cosas incoherentes, que a don Higinio le gustó, No es lo mismo me río en el baño, que me baño en el río. Eso lo halló tonto y sin sentido, estólido, debió decir”me baño en el río que me río en el baño” como decir... Hay cosas que parecen ser y no son, que hay cosas que son y no parecen ser”… pero sólo, lo pensó no se lo dijo… como ella era la intelectual de la familia se ofendería, ¡JI, JO, JE, jo, jo, jo juuuu!…. Se sintió muy sereno luego de esas reflexiones egocéntricas. Mi filosofía se basamenta en observación, buscaba la verdad partiendo de la sombra de los objetos, que al ser observados se convertían en sujetos. Se le servía en enjalmas de oropeles… pero podría ser en yaguaciles, en árganas de pencas de canas, cuando daba con esa verdad, llegaba al sosiego espiritual. Eso para él era experiencia o riqueza moral y ética. Diferenciaba el chisme con suma facilidad. Ese era su método… la observación real continua pura, y respetuosa… acompañada de la práctica como es el empleo de las anotaciones y el tiempo. Era la guía para manejar lo espontáneo y lo fortuito. Lo elemental y básico estaba a su derredor. Decía, no hay que ir tan lejos. Búscalo en la cercanía de tu sombra… lo demás es monte y salta cocote. Algo movía los hilos del azar, el razonamiento debía estar cerca.
Pero Cándido es sólo un muchacho de 16 años.
--¡Claro! dijo don Higinio, no tendrá usted la menor dudas, que es cierto, también seguro estoy, que es esa su edad. …
-¿Y qué, Felicia? dijo el, los padres nunca nos enteramos de los que los hijos piensan, o de lo que dejan de hacer.
Tres meses más tarde doña Feliciana era abuela, seca y sacudida como medida por buen cajón, había nacido la primera de una retahíla de nietos, que por vía de su único hijo nacerían. Había llegado Adelaida, luego Bimita, y un poco más tarde Optaciano, esta producción de la ortodoxia católica. El señor Henríquez desarrollaba conocimientos como una máquina, que según Segismund Freud, eran de la cotidiana, adjurada a la práctica del amor humano y al animal, mientras que Williams James lo hubiese ubicado en los especímenes de alta calidad generador de mecanismos de observación, mas, un día que alguien trato de engañar dijo el hombre es lo que no es, y es no lo que es, sino lo que aparenta ser. Se rió de lo que dijo no supo… si lo alumbró ahora, mejor lo que no sabía cuando lo produjo… se sintió filósofo. Pero que me importa si no saben, a nadie le importó que yo haya durado cuarenta días en ayuno sexual. ¿Verdad qué a nadie le importó? Pero una promesa es una promesa… si no, que se lo pregunten a Eulalio Santos. Es cierto que esa cuarentena, fortaleció mi carácter y contribuyó a desenvolver los reflejos de mi temperamento, así quedaron alimados mis poderes volitivos e intelectivos. Crecieron los caudales, refinó mi voluntad, muchas veces don Higinio valorizaba las cosas por el comportamiento de la esencia constitutiva de ésta. Concretas y objetivas. Amaba las cosas por su valor y por la utilidad. Estando en la hacienda el Sombrero, miró un racimo de mango lo agarró con el fin de sentir el calor, y lo que recibió don Higinio fue, el frescor de la epidermis… de la cáscara. Aumento en el cariño por esa fruta, sólo querida en cosecha. A don Higinio le pareció que esa fruta era la consecuencia de un acto de amor entre el hombre y los vegetales. Llegó a creer que muchas cosas de las que vuelan en las noches, no es otra cosa que el alma arrancada de los vegetales… en las acciones devastadora del humano. Brotaban de los tejidos anatómicos y atómicos de la carne liberoleñosa, especificaba en la vida espiritual que en la cuarentena aprendió a leer, las líneas de la naturaleza, aprendió a navegar en la tempestuosidad de la sociedad, muchas veces racional. Encendió la linterna de Diógenes en mitad del camino, habiendo un sol radiante, soportando las reacciones de las glándulas y de las hormonas repletas de salivas. Entendía los jeroglíficos, la grafía del pensamiento humano, sin sucumbir en los objetivos de los proyectos, mantuvo el auto control creando la integridad de la cantera afectiva y volitiva en las arenas de las débiles fortificaciones convirtiéndola en olas temperamentarias y pacificantes. Era un poco contradictorio pero esa era su realidad. Pavlov y Watson lo hubieran ubicado en el corral de los reflejos incondicionados o condicionados, un resultado un comportamiento inusual. Por lo menos no lo llamaron loco como a Eulalio Santos. Uno produce plata y el otro la pide. Para devolvérsela a la gente en diversión y comida a fin de año. A Higinio lo ubicaron en el marco de lo real, no se salió de esa referencia operaria creada al lado de su esposa. Ese pequeño mundo era su imperio de coronas de pajas pero con grandes ribetes de moralidad era su guirnalda de laureles en coronas para marqueses rey y de princesas y príncipes. A su lado teniendo en las sienes emblemas de caballeros de Barones y de Condesas y como tal actuaron fue maniquí, pantomima de esa hermosa realidad. Muchos parientes suyos vieron el mundo del señor Higinio con ojos irreales, con el verdor de la fantasía, creyeron que vivían en otro mundo, por eso dentro de su sistema político, de trabajo el de su Estado, el cuerpo operativo, cohesionó sus intereses, los mantuvo unidos a las moléculas, al tejido comercial, entre las paredes de un universo más familiar y más empresarial. El que se salga de la corriente nuestra, dijo a su esposa Feliciana, mientras bebía tragos en la pérgola en la casa, estamos obligados a separarlo de nuestro entorno o enterrarlo.
-Estoy de acuerdo- manifestó doña Feliciana, sin dar muestras de cambios- hasta que se respeten los axones de la persona humana. El la miró a los ojos. Soy respetuoso de la libertad. Eso lo conoce más que todos, usted. No me gusta decir más que Nadie, je, je. -Yo no lo entiendo. -Con nosotros marcha el arco de los colores, aquí cabemos todos, sin romper las líneas particulares. Especial el que muestra respeto por nuestra etnia mandinga sin dar muestra de repudio por los que vengaron la muerte, de los que mataron a mis tatarabuelos. He aprendido amarlos a proteger las esencias de las cosas, pero creo ser demasiado humano para poder entender a los animales… y lucho defendiendo a los que protegen las lejanas raíces de la historia. Soy demasiado viejo y puedo interpretar los vientos de la época ¿entiende usted Felicia? Expresó con acento cargado de misticidad y de particular embrujo. Era un conocedor de lo humano y era por eso que amaba a los minerales. Es decir era un aliado de la naturaleza. Conocía de la nocturnidad de algunos, pero también de las luces. Manejaba con destrecidad, los hilos de las emociones y, de las sensaciones. Conocía los sentimientos de los trabajadores… conocedor de las mañas, y de los gestos humanos, conocía del hambre en todas sus magnitudes y variantes… los dolores de cabeza, del concierto intestinal, nunca dio la espalda a los buscadores de consuelo, de apoyo o de algún consejo: comida, medicina, útiles escolares, compensación etec. Observaba los movimientos delatores de las líneas de la cara y en la autopista facial nunca fue atrapado por vigilante alguno, detrás de teles ilusiones, cuando algún visitante entraba a la marquesina de estado psicosocial. No era un paranoico, estaba despierto a los que se vestían con la noche escondiendo su mácula infernal. Detectaba las energías demoníacas a distancia, la presencia de personas, con auras negativas. Se daba cuenta de la mala fe en los labios y en los bolsillos de la camisa de ciertos camuflajeados de la tiranía: de cualquier tiranía.
-Tu ves aquella muchacha que entró a la iglesia, de ella emanan radiaciones muy negativas tiene poderes satánicos que cree dejar en las faldas de la virgen de La Altagracia, rezándole unos padres nuestros y algunas “ave maría” porque según mi parecer lo sabe y no los desea. Dicen que es hija o hermana de Juan Serón… no sabemos, pero se parecen mucho. Para mi ese hombre es un intruso instrumento del infierno lleva el cuerpo repleto de dinamita, capaz de explotarla donde se les metan las ganas. Es un invasor. No le agradaba encontrarse en las mañanas con aparato como Juan Serón. Podría ser un fantasma del mal de ojo, pero tiene carne y suda. Puedo decirte Felicia, que muchas veces he sentido miedo ante su presencia. Pero pienso ahora que sólo es repugnancia. Un día le dije a Cándido que había animales que están más cerca del hombre que muchos de nosotros han ido perdiendo su humanidad. Por eso me regocijo con los vuelos de las garzas y de las palomas reales.
Otro día Feliciana le decía a su hijo Cándido, la vida de Serón nadie la conoce, no se sabe de dónde vino cuando entró para quedarse en Bellaco, cuándo llegó al Hervidor nadie lo sabe, a nadie le importó. Aquino estuvo con su padre, hablando de creencias y del mismo individuo ingrávido social. Es un duende del mal, oriundo de las entrañas limbonarias, ahí se flota entre sustancias hediondas volátiles donde se cuajan y se cocinan las intrigas, el mal y se sazonan los costillares de la injusticia que hay y continúa habiendo en este planeta… donde esté en el estado que sea, en un estado de injusticia famélica, maléfico de individuo como Serón, nunca podría aceptar que la desigualdad del universo nacían de la magia. Don Higinio conversaba con los muchachos de la casa, a Juan Serón lo imagino de niño mordiendo los senos a la madre, sacándole la lengua a la abuela, la pobre madre le temía, la galleteaba con rencor y sarnas, lo imagino con la carita llena de mosquitos picada por estos y por otros insectos. Aprendió a vivir con el dolor y el temor. Al vencerlo proyecta energías maléficas y asusta por ser un espanto, un cuco como decimos los puertoplateños. Creció creyéndose malo, lleva con él, un macuto muy pequeño donde esconde navajas y objetos cortantes, amenaza a los pequeños con cortarles las orejas, para según él, llevárselas a sus perros que están muy hambrientos. Ese, cuando era muchacho, ensuciaba el agua donde busca, para que nadie después de él llenara las vasijas. Estuvo en la correccional y allí introducía lápices en el ano y en los ojos de los más pequeños de tamaño y de edad… eso lo hacía a los que le otorgaban algún interés o cariño hacia él. A la profesora Alejandra, que lo ayudaba a peinarse, tomó la botella que llevaba con agua para aligerar el pelo y se la introdujo por el ano… luego eso mismo se lo hizo a una gata, muriendo horas más tarde. Odiaba a sus hermanos, a primos y a padrinos. No sentía temor porque era eso, era el miedo, misántropo. Aquino- le preguntó, a su papá- de dónde salió este animal, nadie lo sabía. Para don Higinio debió salir de algún basurero como germen, de pestilencias, de basurinia social enredadera trepadora aparato pusilánime, mejor pústula postinea asqueante infecundia y zarcalía irácula, fangosidad, flor del mal, quizá fue una semilla que germinó en los aleros una cárcel del imperio. Reses enfermas, lo amamantaron y creciera quizá entre miasmas de lagartos y ranas de cloacas entre bostezos de cocodrilos y amamantado con residuos de prostíbulos, en un martes 13, o en un viernes infernal. Ya los muchachos estaban cansados de adjetivar a un individuo aberroso, pidieron permiso a los padres y se marcharon al río para quitarse del pellejo la mierda que recibiera escuchando paladas de eso… que lanzara un cocinero desde la despensa del purgatorio. Cándido se reía cuando se quitaba las medias, encima de la piedras, que acostumbraba sentarse, el viejo tiene imaginación de cuentero, se tiró de cabeza al charco Tania mucho calor. Juan Cerón en hervidor, en Bellaco y en los charcos Las Damajaguas, cerca del central Amistad, en la sección Pérez, nadie lo aguantaba ni a El, ni a sus “costumbres”. Se metía los dedos en la boca luego de ponérselo en las narices, orinaba delante de todo el mundo, ofendía el pudor público. Asustaba a los niños y peleaba con los mayores.
Don Higinio era hermano de María, de Lola, de Gabino y de Juana, casi todos vivieron en la propiedad de la Jagua, cuando eran niños. Luego cada uno hizo camino encima de los intrincados intereses. Cuando el río invadió los caminos de los sufrimientos con su primer desbordamiento y rompía los puentes y dejaba su cauce, cada hermano hizo tienda parte. Llegaron a sus propias desembocaduras. Cuando Cándido se entera del nacimiento de sus tres primeras hijas, tuvo más miedo que sorpresa, mucho más que el que le tenían a Juan Cerón, creyó que sería desahuciado por sus padres, y no dejó que este le viera la cara. Con el nacimiento de Optaciano, para esos días los esposos Henríquez Bonilla, vivían en la Jagua, propiedad donde Severiano Medina, de apodo Pelao, hizo las hortalizas. Rosas y gardenias. Amarillas margaritas. Adornaban el entorno en acuarelas modernistas. El patio era en sombras de mangales y robles que lamían las blancas nubes, de los cogollos esmeraldas, paralelando los humildes pastos de los postreros. Los hijos del matrimonio Silverio Cabrera jugueteaban, de ramas en ramas como los gatos, y como los lagartos, saboreando las delicias vizcaínas, y las aromas y nieblas del zapote, del granadillo, del guanábano, o del manjosé exquisito, entre yamaguí lechosos y tostados, así eran sus infantiles días. Buscando nidos entre arrabales y pajones.
-Niñitos míos, dijo una mañana Gloria viéndoles, jugar en los troncos de mayas y piñas, oliendo cundiamores y naranjas mandarinas… nos iremos prontos, ya lo verán se lo dice su madre. Entre espigas y vuelos de garzas. Testimoniaban las travesuras de los mayores, que se les escapaban a los padres para recolectar huevos de judíos y de gallinas reales. De cuervos y de guineas poniendo trampas en la huronéelas de cuevas de los arroyuelos entre covachas de barrancos húmedos. Terminaban de llenar la vasija de sueños y de esperanzas. En aquellos días de asomos y de triíllos, y de casa de dobles paredes, el señor Higinio, era un experto carretero del central azucarero, y un noble jugador callejero, melancólico, mujeriego, de bigotes y de mangas largas. Se cuenta que cuando perdía se quedaba dormido en las mesas, eran los amigos que lo llevaban.
-Levántese vamos, vine a buscarle, levante los hombros… ¡ay caramba, ay caramba! he perdido todo, metía las manos en los bolsillos traseros y a su manos traía 56 centavos volvía y decía –¡menos la vergüenza!. Eso sí, les pesan los ruedos de los pantalones. Le admiraban. Permaneció alejado de los juegos. Continuaba carreteando, y sus deseos los convirtió en una covacha de vender viandas de consumo diarios, cortó los vuelos a los juegos traviesos y peligrosos pero cuando la covacha se convirtió en pulpería puso en un lado los intereses de Filomena Muñoz, amante de su juventud, y construyó una gallera, recibió los favores de una hada madrina, y en pocos días los que fueron ventorrillos se convirtieron en una gran empresa, que hubo que trasladar de la cercanía de la ribera del río a los morones, a donde están hoy los muestreos en ruinas de una civilización centenaria. Próspera. Uno de los primeros dependientes de la tienda FH cxa, fue Cándido Silverio Bonilla, que luego cambia por el pico, la mocha, la coa y la azada.







Capitulo 7


Eulalio Santos, padre de Emilio, de Demetrio, de Cecilio, de Delia, Ana, Adela, Ramona y de Paula. Hermano de Nena, Justa y de Rita. Casado con doña Martina Clase Polanco. Tenia deseo de seguir durmiendo. Pero una fuerza que el no controlaba lo empujaba de la cuna. Sus brazos de caña y de maíz, luchaban contra de la enigmática fuerza. Sus piernas como sus grandes ojos, color café. Participaban en una lucha desigual, su cerebro no soportaba tanto. Sería la una de la madrugada el silencio se oía en el bosque de su angustiosa soledad. Nadie conocía el comportamiento de don Eulalio. Era alto, fuerte, moreno, mandinga. Cabeza cuadrada y barba muy copiosa. Con solo tres días sin afeitarse y los cabellos entre rebeldes y liberales. Le tapaban la mitad de la nuca. El cuello extendido, como esos toros Massokuses miró por la ventana estaba muy cuajado el cielo, mas que estrellas eran bombillas deslumbrantes, de otros continentes. El silencio abrigaba la comarca, describía a penas entre su soledad y el deseo de fumar y de dormir. La música aguada del río Bajabonico. Le llegó una idea como una luz de una de las estrellas. Extendió la mano izquierda sobre el alcayata tomó su lápiz amarillo, de apuntar los números de la lotería venezolana, le sirvió para rascarse el oído del lado derecho. Le zumbaba como un aeroplano. Lalo, como le llamaban, los que les querían, de inmediato aprendió que se le había escapado el sueño, y con el lápiz amarillo escribió, el número 20, luego el mes de diciembre. Sabía leer y buscaba en el almanaque Bristol, en los santorales. 20 de Diciembre. Era el día de Santo Tomás. A su lado no había nadie sintió los suaves dedos de una mano líquida deslizándose desde la nuca hasta la correa de pantalón. Volvió y envió miradas por la ventana del sur y la del norte de la vivienda. Estaba en paz. Los gallos del vecindario sentían la presencia del alba. Después de muchos razonamientos, y de sentir la presencia de las energías que a él le parecían benignas, se dejó caer en el borde de la cama y despertó tres horas más tarde. Martina lo despertó.
Cuándo llegaste le preguntó de inmediato, a su mujer- que le preparaba el desayuno. Hace como media hora que regresé. Lalo miró la falda de su mujer, estaba muy limpia para continuar en la cocina. Ya no quería verla ayudando a nacer a los que serian esclavos de los dueños de la guerra, dueños de las cárceles y de los latifundios. O la planchadora del abuelo del imperio. Podría ser la rezadora de los velorios, la dueña de una iglesia de un cafetín de una escuela privada, de un prostíbulo o quizá una lesbiana masoquista o una celestina sádica soberbia. Buscamos un policía que no le sirva a la maldad, o un mecánico al servicio del ayuntamiento y de las comunas, que no cambie las nuevas por tuercas usadas. O un carnicero que mezcle carne de ratas con la carne de conejos. Había que continuar abriendo el camino a la… Mientras desayunaba miraba con ternura a su mujer, y abandonó el dormitorio. Fue a las hojarascas de café se sentó en la raíz del algarrobo. Y entre rejas de ramas y de flores pudo mirar la anchura del cielo. Dio un salto y comprendió, su mente se mantuvo despierta, leyó en Bristol, 20 de diciembre. Escucho los zumbidos en el oído izquierdo, lo hurungó con la punta del lápiz. Llamó a Martina y le comunicó que construiría una ermita en el fin de año, para la celebración de la fecha de Santo Tomás. En unos días la barba del señor Lalo, lucía la más amplia rueda de espiritualidad. Sólo los descendientes de los Dorsuskús la sentían cargada de energía espiritual.
Martina era bisnieta de un Dorsuskús, cuando miraba a su marido su carne se le ponía de garzas como las de las gallinas. Salían radiaciones magnéticas espirituales quemadoras de arrabales y miasma diabólicas, en los corazones envidiosos, en las almas carcomidas por la avaricia y por las gulas. Sólo había experimentado sensaciones equivalentes cuando visitaba a su comadre, la señora Angelita de la Cruz, madre de Evaristo, el capataz del central amistad. Era como ella comadrona de primera, realizaba la partología como pasatiempo social. Eran dos cerebros sincronizados del mismo fin. Un día Martina le dijo:- ¿de dónde viene esa fuerza y poder que experimento al estar cerca del suyo? Sale del mismo lugar que emana el suyo. Estamos conexa, al mismo anillo de la fuerza transmutable, más, con fuerzas trasmutables, y en condiciones transmigrantes dijo doña Angelita. Su marido como el mío es descendiente de un Mandril, pero nosotras somos Dorsos Ku mandinga somos dicocefálicas, ellos son dolicocéfalos tienen el cráneo como un huevo su diámetro mas grande sobrepasa en más de un cuarto, al menor que es muy largo. Yo no entiendo nada
Le digo que nuestros maridos son dolicocefálicos y nosotras discocefálica. Comadre- dijo Martina- confundida en apariencia, qué significa Dorsuskús, y discocefalia, hasta he cambiado de color comadre… la anciana madre de Julio y de Evaristo Medina de la Cruz se reía a flor de labios, entonces dijo- Dorsuskús es el nombre que reciben, los que nacen en los extremos de gemelos idénticos. O para que sea más fácil de comprender después y antes de mellizos. Discocefálicos son los individuos que tienen cabeza redonda. Bostezó y se sacó la falda de entre los glúteos, ambas criaturas son dueñas de exquisitas farolas emiten radiaciones telepáticas. Son amantes de las flores, de los geranios, les gusta practicar el bien y realizan acciones nobles que favorecen al procomún. Cuanto me gusta comadre ver que le volvió su cálido color. También me alegro pero… se detuvo para observar a una chiva que cruzó bramando por el patio estaba parida de 4 cabritos saltones eran conguitos de arroyuelos de álgidas corrientes risueñas. Tenían seis días de haber parido. Me alegro de conocer que Eulalio posee cualidades con energías bondadosas. Ahora siento que el servía señales muy agradables. De su boca sale un aliento fresco atrayente motivante y muy sensible para la excitación. Sonríe con ternura y ha perdido la violencia. Esas energías, las ha cambiado por acciones apacibles, conducentes a la tranquilidad, que siento… al estar a su lado. No debo callar lo que siento al estar al suyo comadre. Ya le dije cuando hablamos de disco céfalo ofrece sosiego a su alrededor, que hasta la cabrita que saltaba se detuvo para mirarla. Las suyas a diferencias de las mías brotan por los dedos de las manos además llegaron con sus cambios biológicos… crecieron con su crecimiento y sus facultades, para el oficio de la partería. Por lo que veo su marido, es un hombre que como usted es muy joven harán cosas que sorprenderán a muchos pero a usted en nada. Su poder no es ni una décima del suyo. El camino suyo no es el de El pero no se contradicen, al contrario se complementan. Tanto el familiar como el comunal, se lo aseguro.
******

La fiesta comenzó temprano, y a las 4 de la tarde llegó el joven Cándido para ayudar en lo que fuera, al señor Eulalio aunque era todavía bastante ágil necesitaba de alguien que además de sus hijos, ayudaran con el fortalecimiento del orden. Don Higinio supo por boca de Marcelo que Cándido estaba desde temprana en casa de su tía política. A las 6 llegaba don Higinio en la mula Paloma, al medio de la fiesta, saludó a sus amistades y luego ocupó la mesa que reservada estaba como otras tres. Se sintió semi complacido, no pudo ver a la joven partera, andaba para Pozo Prieto. Doña Martina atendía la esposa de Valeria Medina, quien daba a luz de trillizos, de su mente no se quitaba las explicaciones que en esos días recibiera sobre las criaturas que nacen después de partos múltiples. Luego en la noche se enteró de la visita a la fiesta del señor Higinio.
Era la primera vez que don Higinio iba a la fiesta de Santo Tomás, era esa la sexta que hacía Lalo a su patrón celestial. Don Eulalio permaneció oculto mientras el señor Higinio estuviera en el salón, no era por nada, sin embargo así se lo recomendaron los prejuicios caprichosos. Eulalio tenia 8 años con su barba larga y en ocasiones tuvo que caminar de espalda, o sea al revés para no ser objeto de comentario y burlas de sus propios parientes. Específicamente de algunos hijos y sobrinos… llegando, al encontrarse cara a cara con sobrinos, a preguntarle – ¿Quién es usted? No le había visto nunca. Tomaba actitudes arrogantes que estimulaban al sufrimiento familiar. Hijos, hijas, madre, padre, lloraron juntos, separados. Don Eulalio ni era toral, era sencillamente un Nagual. Era un Dorsuskús que viajaba en sus propios sueños. Y como dijo el filósofo “no soñó dos veces el mismo sueño” tampoco se pudo mojar la cara más de una vez con la misma agua… ¡je, je, je! Lo que sí Lalo viajaba en altas nubes de pura voluntad tan recia como el acero venciendo diablos, y encompadrando con arcángeles y muchas veces huyendo de duendes, y de monstruos maléficos hediondos a estiércol y a boñigas podridas huyendo del perfume insaciable de lujuriosos aberrantes. Pero el se saciaba al dormir en las montañas para no caer entre los abismos del juego de un Toral o de un Tarot de barrios o de campiñas bacanales. Donde los jefes hacen un solo trago en principio como si fuera vinagre de naranjas dulces pero al final es orgía con sabor a sangre.
Para dónde va le había dicho, Patria a Cándido, su marido… que lo vio agarrar el pantalón por la hebilla, para evitar despertar los niños con el ruido… el le hizo una seña diciéndole que iba para la casa de su madre, sintió que su padrastro le estaba llamando, pero le dijo que estaría con ellos en la noche. Me guarda cena, toma dinero, quiero harina de maíz con calanche de cerdo y, como es tiempo de aguacates búscame uno de cáscara morada y la masa verde. Pero… es demasiado dinero dijo la mujer, a lo que le respondió el marido. Patria guarda el restante para los días que no te pueda dar nada. Se marchó en la mula parda de nombre guinea.

------*********-----
En la casa de Florita García Justo Silverio, a quien conocían, como Justo La comadre, esperaba a la partera para llevarla donde la señora Cipriana Trejo quien estaba con los dolores de partos de uno de sus primeros hijos. Hacia calor. Iba a caer una llovizna. La comadre tenía un saco de amarillas cabuyas con el que fabricó un capote que se echó sobre la cabeza, subió los pantalones hasta las rodillas. La joven partera se rió al ver que la Comadre sin haber comenzado a llover se tapaba la cabeza y se quedó a tres metros de distancia para irle alumbrando con la linterna. Al llegar a la casa del señor Pepe Bonilla, cayeron las primeras gotas de lluvia de cabañuelas. Días después Justo llevó a la señora Castrina, a la casa, de la señora Eustaquia Trejo, con dolores de primeriza tanto Castrina como Florita no daban abato, los partos eran al por mayor. Los matrimonios aumentan en las tiranías, como habían aumentado allí los aguaceros. Las sangres del pueblo mojaban las aceras en muchos pueblos como los aguaceros engrosaban el curso de los arroyuelos en Bajabonico de los morones. A pocas horas de que Martina pasara por el Charco de la Piedra, la crecida del río llegaba a los aleros de las viviendas más cercanas. En el paso de Gabinito, subido en una piedra estaba el señor Joaquino Rosa, sorprendido porque minutos no habían pasado cuando dejaba el curso del río y llegaba la crecida, se creyó protegido por unas manos que a el le parecieron lo empujaban. A partir de esa circunstancia, el señor Joaquín Rosa, al que apodaban, Maracas, permanecía horas encima de la piedra a quien respetaba como a un altar. La ermita de su resucitación calentaba en silencio, el huevo de la lealtad, porque era un hombre agradecido hecho con nobleza. Los amigos de Joaquino, de Antonio del Pozo y de José Altagracia, que eran sus dos hijos, entendían que el susto pasado en el río lo había dejado haragán, innoble y fabulador. Fuera lo que fuera a nadie le hacía mella, ni daño, a nadie manchaba y tampoco a alguno le quitaba lo suyo. Además seguía vistiendo su espalda con sus propias camisas limpias. Sus soletas seguían siendo de cuero hechas con la piel del buey Cabuevela, su cabeza continuaba encima de sus hombros, pero Joaquino era el único abuelo que tenía tres nietos cinqueños. Eso le proporcionaba seguridad eterna, como a un zaramagullón. También era padre de Irene a quien había querido como si hubiese sido su hija biológica. Luego que el río le pellizcara perdió el interés que tuvo siempre por el corte y tiro de la caña, perdió el amor que le tuvo al manejo de la cuartería de bueyes donde dejó más que su vida la de su familia.


***************

Quince años después, las hijas e hijos de Martina Clase y de Eulalio, hacían planes para casarse, la madre sintió el fallecimiento de la colega y comadre doña Gelo, madre de Varo, Julio y de Berta mujer de Basilio Silverio Ventura. Para aquellos días el señor Higinio inauguraba la secadora y la trilladora de café y cacao, para esos días también llevaban al campo santo el cuerpo de la comadrona de las Aromas, había muerto La señora Francisca Muñoz, Pancha Llivo, madre de Filomena, amante de don Higinio.
Doña Martina estuvo en su lugar de nacimiento, en los últimos rezos de una de su tía, donde se enteró que en ese mismo fundo era donde había nacido cerca del arroyo Guanábano. En la carretera Navarrete - Puerto Plata. Cuando tu naciste decía su tío Delfo, la casa de tu madre, se llenó solo para verte de gente de Cañada Bonita de Pontón, vinieron hasta de la Lomota y del Lirial, y de Jicomé vinieron. Hubo que colar café como en esas velas que en los Ranchos celebran a favor de un santo. Los Ranchos es el nombre que los liniero llaman a las casas de la costa norte, fueran cobijadas de canas o de zinc, o de cemento. Naciste de 13 libras y media. Caray era grandototota ampliaba la palabra y movía las manos para dar a entender el tamaño maximizado la gente llevaba regalos de que los pobres regalan a los pobres: yautía coco, berenjenas, tomate, yuca, agua, bricas de jabón azúcar y huevos. Traían guandules y batatas. Auyama. Un día Marcelina preguntó por la cantidad de gallina que habían llevado. Delfín antes que otro respondiera se apuraba a contestar… Ninguna, se reía salía y en menos de 15 minutos llegaba con una en ambas manos. Nunca me atreví a preguntarle, porque podía ofenderlo y yo le conocía. A Martina le agradaba la sangre del tío Delfo. Bostezó entre el puño lo hizo para no dejar entender que se aburría, demasiado complacida estaba pero el hambre la saludaba en silencio, y el olor de los arenques que pasaban por el fuego, levantó dentro de sus vísceras… un terremoto, que sólo comiendo se podía controlar las fuerzas huracanadas de su hambruna sensación.
Delfín Polanco era nativo de Guanábano también, conoció los padres del doctor Balaguer, al niño lo conoció en la escuela José Duboc en ciudad del Atlántico, cuando habiéndose escapado del centro escolar San Filipino, fue a parar a la casa de un compadre de su padre en la comunidad de Río Grande, para esos días Delfín ya vivía en Bellaco, en Bajabonico Arriba territorio Altamirano. Cuando martina comió se fue a sentar en la sombra del anciano tamarindo. Continuó escuchando al señor Delfo. Nosotros, teníamos chivos, puercos, sembrábamos maíz, guandules, aunque nadie lo crea lo sembrado de tu padre nacían y crecían con suma facilidad, en las rocas y en las piedras, parían ahí, el año entero. Nunca cortó una rama a un árbol, traían las lluvias y el oxigeno puro, lo que le gustaba era la sombra… la sombra del Cañafístola, decía su sombra es fresca, no la tumbe. Martina vio que por las mejillas del señor Delfo andaban varias lágrimas buscando donde desembocar y humedecieron los labios, desarrugándolos. Hubo días que comimos camaleones y lagartos asados, a el le gustaban las salamandras, nunca quiso comer ranas, sin embargo a Marcelina les fascinaban. Su padre dejó estos peladeros, el 4 de agosto, lo vino a buscar Venancio, a Delfín ese día no le gustaba, sólo Marcelina conocía los motivos.
-Hola hermano, quién es esa muchacha, dijo Dolores acaba de llegar del río, tan parecida a Marcelina.
-Precisamente respondió el señor Delfo, te la iba a presentar, hermana.
-Mucho gusto señora, soy la hija de Delfín y de Marcelina.
-Lo sabía, lo sabía, cuando te vi recibí, la fuerza espiritual que traen con el nacimiento… envuelta en su piel los Dorsuscús, entonces, se agarró la oreja derecha, cuando fue y le dio una cachetadita, al final dijo- eres Martina. La partera. Eres famosa, tus vientos han llegados hasta estas tierra de tus abuelos. Muchacha, caramba.
-Lola, dijo Delfo, para que nuestra sobrina aguante mis últimas contadas, por qué no nos fabrica una juchuritas de café.
-Está muy bien, en unos segundos, eso sí… respondió llena de alegría, la prima Dolores, estaremos bebiendo del entrometio, ji, ji, ji… se alejó mientras reía. La tarde estaba bastante soleada, había señales de lluvia, desde el Diego de Ocampo se movían unas nubes copulando con las que llegaban del pico Isabel de Torres, muchas garzas y palomas cruzaban el espacio montañero si darse cuenta de esas relaciones, parecían avionetas remeras con el movimientos de las alas. En la cocina el fuego ejecutaba su flamante concierto de calor, activado con leña de bayahonda y de cambrón. Delfo contempló el panorama, hizo a un lado la observación climática y preguntó con el mismo entusiasmo, que tuvo cuando conoció a su sobrina y partera legendaria, con record impropio para su corta edad. ¿Qué te gustaría conocer de la familia, y de tus padres, Martina? De ser posible, hábleme de los abuelos y de los padres de estos. Después de balancearse en la silla de madera, respiró el aroma enviado desde la cocina, dijo-es cierto que es intruso el negrito. Bueno, je, je, je. Somos occidentales de la isla, somos linieros, no sabemos si somos descendientes de españoles o de franceses o puramente gondolero. No estamos seguros, de lo que estamos seguros es, que somos dominicanos, amamos y defendemos este espacio que nos legaron los creadores de los riñones de la Patria. ¡Je, je! Se rió como lo hacía su abuelo. Por eso murió nuestro Delfo Masoscú Polanco, negro que luchó al compás de los lineamientos del negro Lemba, peleaba por la libertad del hombre sin importarle el color de la piel del cabello, de los ojos. Fue el primero en conseguirla, fue la opción el camino a emular, Delfo Masoscú Polanco, fue extra común, fuerte como un mulo, tranquilo como un lago, reía cuando despertaba, era su privilegio. Dolores entregaba el café llenando con el aroma de su risa el aroma de negrito entrometio, oloroso como su flor, como el azahar, era don de humano. Luego de mucho trabajar llegó a ser dueño de muchas cabezas de ganado, que recibía de los partos, que realizaba a los ganaderos hasta del sur. Porque como tú, era partero de animales. Les regalaban los machos. Cuando el presidente Horacio Vásquez, y después Mon mandó a matar el ganado del occidente de la isla, hacía muchos que había muerto, con esa actitud del brazo de nuestra política, terminó la riqueza de los Polanco trabajada desde los tiempos de nuestros tatara y bisabuelos. Somos errantes parecemos nómadas. Masoscú extraía las semillas de mango o de aguacates o jaguas verdes que las vacas se tragaban. Llegó a salvar la vida de muchos de esos animales. Su satisfacción cuando la salvaba de lo que parecía un ahogo, era echar a reír, hasta que el agua del canal se moviera, los cuervos se trasladaban para otras montañas, su vida no era extraña pero tenía señales misteriosas. Era el segundo de dos partos de gemelos. Es por eso que le decían Dorsuscús. Martina se sintió complacida con la coincidencia, se parece a su nombre además trajo la imagen de la difunta gelo, que se lo había explicado. Bebió más del entrometio los allí presente rieron, Delfo se puso a fumar, continuó señalando las anécdotas, de sus bisabuelos. Masoscú recibió la carta de manumisión cuando en la isla había sólo 9 mil esclavos negros, 5 mil eran libres, 35 mil eran mulatos, 13 eran blancos. La población no pasaba de 70 mil personas.

Capitulo 8
La madre de Marcelina Clase, era hija de doña Esperancita Prenza, en esos tiempos cuando el Masoscú, era adolescente, había demasiada hambre se buscaba comida en filas, allá por la frontera. Pero para poder cruzarla… había que lavarse la cara con los orines de los santos milagrosos. Era época humillante.
Supe dijo Dolores- que Delfos participó en una revolución de los italianos que dirigió un oficial de nombre Porsi, eran desertores del ejército napoleónico unido al criollo que Sánchez Ramírez dirigía. Fueron acusados de conspiradores luego pasados por la más vil y asquerosa muerte humillante. Eran individuos de pueblos, eran negros como la noche, los cocinaron en alquitrán las extremidades y la cabeza la exhibían en las mesas públicas como trofeos de aventuras diabólicas y de encantadores guerreros. Cuando muchos creyeron que Masoscú había muerto, ahí la salía, especialmente en medio de las fiestas de los y las que se alegraban de su desgracia. Y se convirtió en fantasma. El 23 de octubre junto con la de Sánchez Ramírez. También Dolorita exponía con entusiasmo a su sobrina Martina, estuvo en la batalla de los Mendoza y los Mojarra, después del 23 de octubre, de 1811, era amigo de Pedro de Seda, quien la dirigió…. Había vivido en la comunidad del Pino, entre Santiago Rodríguez y Loma de Cabrera. La última vez que tuvo que pelear fue a los 28 años. Un hijo de blanco le dijo cállese negro pripri, cuentan que buscó un pedazo de madera y le quebró las dos piernas al que le dijera Negro Pripri nadie lo volvió a ver en la ciudad de Dajabón. Se estableció en loma Castañuela y en Cruce de los Guayacanes, pero mi papá y de Delfín creció en estas Lomas de Limón, de lomota y del Lirial, manoteando entre arroyo Guanábano y en la ribera del río Yaque. Delfo encendió la pipa de pluma de caoba, miraba a su sobrina. Lo último que te diré de Masoscú, es lo que tiene que ver con sus principios morales y filosóficos, pues sí… estando un viejo un militar invasor, , pienso que yanquis, acompañado de un soldado nuestro, quiso obligarlo a decir cacerola y perejil, y con la tranquilidad de un lago de montaña, respondió… permítame señor, antes de responderle solicitarle algo en mi idioma, está bien dijo el guardia criollo que no tenia ni soleta. Hágala pero debe ser rápida. Cuando Masoscú sabía que en la apuesta iba a vencer era despiadado, sarcástico e indolente. Dio los pasos del perro entonces manifestó con la fuerza de siempre -me gustaría que el gringo dijera primero que yo: la palabra Guanábano y además la frase “todos los días veo las mismas moscas y los mismos mosquitos.” Por picarle el pichirrí al Guanábano. La risa del viejo Ku, como le decían en su entorno amistoso y de su cofradía, fue tan vibrante y sonora que le tumbó el fusil al soldado extranjero y el cachimbo y el sombrero al criollo.
¿Cuántos años tenia tía Teresa al morir? Preguntó Martina.
-Tenía 87- respondió Dolorita, por qué lo pregunta.
No es por nada en particular, sólo que quería entender la historia. Para eso hay que saber las fechas. Papé decía, y lo recuerdo con sombras, en el Pino de Santiago Rodríguez, en Villa Lobo o en Mamey de los Hidalgo viven hijos hijas, bisnietos del Masoscú.
Sí, dijo Delfo moviendo la cabeza, parecía que la brisa de la lluvia lo incitaba a descansar y se quedó diciendo (s) como si pidiera silencio. Se durmió en la silla. Los perros iniciaban la guardia de prima noche, entre ladridos y lamentos alejaban los espantos, que siempre se dijo que merodeaban las aldeas de los Guanábanos, eran pasos de personas, no de espantos, los canes dejaron de ladrar…. La luna sentada en el universo enviaba luces a los matojos de las cordilleras de Santiago, de Valverde y de Navarrete, muchas veces volvían para a esas, a ladrarle, y los ladridos llegaban a los peñascos donde se formaban monstruos con la sombra de los rayos refractados, en desparramas simulando el zafarrancho verdinegro combinación de fáculas y sombras en quejidos de cañadas. Buscando el coito del fuego fatuo del alba. Delfo escupió despertó y fue a orinar vio que Martina dormía, en la profundidad de sus anhelos y de sus recuerdos la cama era fresca como de pencas de palma y de verdolagas donde los hombres y mujeres nacen sin rencores y sin tarjetas de crédito, si código electrónico, sin cápsulas, el aire al aire libre.

------***********------

Marina había hecho cerca de mil partos ya, soñaba que estaba recibiendo “Certificado de Suficiencia,” EN SUMMA Y COMPENSACION VITAL, de manos del rector de un centro universitario, no estaba segura si era el de la de San Marcos, de México o del de la de Santo Tomás de Aquino, en Santo Domingo. Escuchaba que esa voz aclaraba que la práctica de Martina Clase había sido exitosa.
En la madrugada los perros, volvieron a gritar con la fuerza de un Masoscú y Martina despertó con la piel hecha espinas como guayo de fabricar harina. La fantasía de la cabeza de los pueblos de la Línea como era conocido Navarrete, era plato de común menú cotidiano el pueblo creaba los fantasmas que les interesaba, sus propios sustos para guardar sus propios temores. Y los convertía en una escalera de espejos en perpendiculación fantasmal. A pesar de los ladridos de los perros, Martina que se había dormido de nuevo lo hacía plácida y profusamente, cuando se levantó bebió del entrometido y escuchó las últimas historias de sus abuelos. Papá explicaba Martina recibió buenas tierras, de manos del primo Venancio Polanco, le entregó una vivienda de tres habitaciones el mismo día. Papá la convirtió en seis. También le pasó 18 tareas de magnificas tierras negras que papá encontró demasiado, todavía veo la vieja yagua colgando de la palma caruta que Venancio señalaba con el machete, diciéndole por donde podía echar las empalizadas. Los mulos comían yerba de guineas, y una mujer, creo que hija de Venancio, cantaba el “Amor y el interés” en la cañada Bellaquita, Venancio le digo -te lo entrego con el alma pero sin papeles. No los necesitas. Muchas las hallas hoy, deja que le tome cariño, la encontrarás muy Chin. Puede sembrar lo que desee. Ahí hallarás lo que quiere porque es noble como un buen animal y un gran amigo. Recuerdo que le dio esquejes y habanas de batata. Le dijo que las yucas eran sietemesinas y las convolvuláceas que eran como llamaba a la batata se llamaban caco de paloma y polina. La tierra olía y era grasosa recuerdo que papá Delfín se revolcó como se revuelcan los mulos y burros en los peladeros, lo hizo para celebrar por los cambios, que según papá tendríamos a partir de la fecha. Martina fabricaba una cruz con los movimientos de su cabeza. Reía al recordar a su padre, cuando bebió orine, porque no le llevaron pronto algo de café para celebrar la llegada a Villa Bellaco como el le decía a aquellos parajes. Ahí quedó inaugurada la nueva residencia de mi familia… “tierra sin regola”. Sin regíos. Mamá estaba muy contenta se quedaba viendo pasar los cuervos, nunca los había visto de plumas blancas ni pintas. Tampoco habíamos visto las cotorras y los pericos de plumaje verde, rojo y azul. Ursula, Colaza y Nereida se pasaban las horas cantando, unas y otras oyendo el flu, flu del barrancolí. Yo y Lorenzo nos las pasábamos al lado de papá. Llegamos a oír lo que pensaba. Llegué a creer que el se creía que había vivido en otros tiempos en ese mismo lugar. Parecía que se alteraba su personalidad. Pensaba que cada ventana de la casa debía referirle algún recuerdo… pero ese fue luego, mi parecer no el suyo. Era cosa mía. En algún momento me creí que Venancio y el habían jugado cuando niños en la misma propiedad.
Pero sobrina Martina, dijo con voz cansada el tío Delfo Polanco, hábleme de cosas mas reciente, de la familia suya de Eulalio, cómo está el. Supimos que Marcelina vio con buenos ojos el matrimonio tuyo co Eulalio. Primo el mío es muy bueno, tenemos varios hijos, e hijas sobre todo Lalo es una persona noble muy delicada y muy exquisita. Los muchachos son Emilio, Demetrio y Cecilio y las muchachas, Adela, Ana, Paula y Ramona. Lalo despeja brumas sus acciones que no son muchas, actúan como un anacoreta, como un solitario, como un ermitaño hindú la maestra del lugar lo llama Francmasón, es un individuo que le gusta estar del lado de los desvalidos, del lado de los muy humildes. Su primer oficio albañilero, construye una logia llamada Hermanos de Tomás, encendió el fósforo que en la mano zurda tenia desde mas de media hora, activó el túbano y comenzó a fumar. Con entusiasmo pedagógico explicó esa es su propia creación es su misión la utiliza para corregir, los errores en las huellas de la vida, no estoy tan segura donde consiguió esas ideas, sin embargo lo interpreto y lo ayudo a entender. Lalo busca dinero y halla, cuando parte a esos fines, con la efigie de Tomás, dice -alguien lo llama el “sabio” martina dejó caer dos viejas lagrimas, pero en los sustanciosos labios había una sonrisa en flor. Lo que lamento más, es que lo único que el pobre recibe son mis miradas y mis abrazos de compensación. Lo veo como lo acepta con humildad. Un día fui donde la maestra para que me explicara lo del “sabio” y me dijo- que lo del sabio se refiere a las ideas de santo Tomas, uno de los sabios de la creencia cristiana, igual que San Agustín, Telessio, Giordano Bruno, Abelardo. La maestra ese día me dijo si usted está preocupada por Lalo, olvídese que el verdadero, el sabio verdadero es él. Yo quiero que me explique eso, no logro entender. Ese marido suyo Martina, es el aprecio de todos. Su fuerza es inagotable, lo cuida y lo protege. Es una lámpara permanente, permanecerá por varios largos años… son muchas las que se apagaran primero. Otras dejaran de alumbrar. Es dueño de una hermosa dignidad como si fuera la armadura de su creencia y de la fe que lleva desde que dejó el mundo de los vicios y abrazó la vida mística, sabe que la razón fortalece. Finalmente Primo Delfo, estoy conforme porque los 18, 19, y 20 de diciembre de cada año, se los dedica al santo de su devoción, hace una fiesta de esos tres días. Mi hermana Ursula y él se llevan de las manos, ella también salió al viejo Delfo, Darsoscú. Tiene grandes energías que utiliza en su accionar, ah verdad, ayudaron a nuestro papá Delfín. Ursula de energía surrealista no compaginó con Peña Armengot, padre de Patria, su hija por ser El, comerciante parrandero, es decir, comerciante errante, sin residencia, comisionero, ambulante. Laboraba en los caminos por comisión mercantil. Necesitaba de un marido inteligente, lo demás lo ponía ella, pero le tocaron hombres ambulantes. Esos hombres no dormían donde cenaban y Ursula, mi hermana, era híper sensible. Otros maridos de mi hermana fueron Anteriano Henríquez y el señor Juanito Portes, ambos honrados hombres de empresa. El último terrateniente de Imbert. Ursula como yo no recibimos energías maléficas, tampoco somos mediun, no necesitamos de caballos para entrar a las casas del misterio. No somos Naguales. Mucho menos somos súcubos. Escuchamos señales que los otros no pueden escuchar, sabe usted, ella tuvo unos momentos gloriosos, llegó a ser vidente, adivinaba, los sucesos del futuro cercano, no cayó en la menticidad vana y embustera, leía con suma facilidad las líneas del azúcar en el café. Los Polanco honramos la memoria de los que fueron nuestros antepasados. Se levantó del banco donde tenía varias horas sentadas, para marcharse para Bajabonico, llevo tres días alejada de mi familia, me hace mucha falta estar con ellos, además alguien ha ido a llamarme para que le ofrezca mis servicios. Al fogón je, je, para que no se apague, al que estar atisbándolo con frecuencia. Mi preocupación es que se muera una criatura por el descuido… como el que no cuidó el guardián de la leña.


------------*************-------------
Pasaron cinco meses de que Martina estuviera en su lugar de nacimiento. Camino a Naranjo Chino para ejercer la tarea de partera, completaría el número 999; detuvo a ver parir a una yegua primeriza, los quejidos de la bestia no la dejaban avanzar a su original objetivo, se acercó al animal y cortó el lazo que impedía el relajamiento muscular.
-Pásame- dijo a Emilio su hijo que la acompañaba-, aquel yaguacil, trajo agua del arroyo que a tres metros estaba del escenario. El animal pudo parir con tranquilidad. No se por qué hay gente que nos parecemos, tanto al burro… murmuró, tanto que éste se confunde con la gente.
Llegó al firme de la montaña, respiró con todos los espacios físicos y espirituales, en minutos reponía todas las auras de su iluminidad. Cuando llegó a la vivienda… la señora estaba durmiendo y fue al medio día cuando vino aflorar la cabecita alargada de una pequeña niña de 5 libras y tres cuarto, que lloraba de hambre.
-No- dijo la señora Martina- no tiene que darme nada, déjelo para que le haga a la parida una buena supia de rabo o de patas de vaca durante los primeros 9 días que lo necesita, está desmejorada.
Lalo, con aspecto sagrado y celestial, contemplaba a su mujer cuando llegó de los Manantiales, la veía con sus claros ojos. Ella fue a la cama donde con miradas tiernas la observaba y con una de sus peinetas desenredó las melenas y la barba blancuzca de su amigo, de su marido y algunas lágrimas sirvieron para alisar las crinejas hechas con el entusiasmo de esposa amada. Levantó los labios puros como los de una virgen y fue a emparedarlos con los suyos. Recordaron juntos las crecidas de los ríos y el crecimiento de las hijas y de los hijos, los años que unidos llevaban el uno para el otro. Los días que se perdían. Estamos solos dijo Ella, mientras planchaba la espalda y él tomaba en sus dedos la oreja derecha a hurtadillas, esto debe tener algún sentido. Amar a una persona siendo tan diferentes. Lalo se rió porque asimiló que Martina, se había equivocado en sus reflexiones… porque no eran diferentes y esa era una duda que a Ella se iba aclarando, desde que llegó de Guanábano de Navarrete. Hacían lo que el otro no podía pero que su alma aprobaba.

Capitulo 10
Hacia tres meses de las elecciones del 14 de abril del 1913, fueron ganadas por el señor José Borda Valdez, cuando naciera Eulalio. Según su aritmética cumplía 37 años
13 de junio del mismo año Eulalio Santos, que celebraba la fiesta de Santo Tomás el 20 de diciembre, recibió la invitación de parte de la señora Bonilla y del señor Henríquez, para que asistieran a la fiesta de San Antonio el martes 13 en la mañana luego de informarle a su mujer Lalo llamó a los de su cofradía le informa que debían estar listos para las 11 del martes, zapatos, sombreros y camisas mangas largas blancas, el que no tuviera listo a esa hora y con esas condiciones se quedaba. Hacia cinco años que Lalo y Martina se habían casado. El sol estaba caliente, al rojo vivo. Los invitados estaban cómodos a pesar del calor. Veían volar las garzas y las palomas… y en la gramas los gansos, que con andar de extraviados sexuales, se dirigían al río a nadar. Los músicos preparaban los instrumentos de vientos, los de club de cazadores de velorios y velaciones, estaban en el comedor improvisado parecían viquingos con la boca llena de restrojos de comidas.
Cuando la comitiva de Eulalio hizo presencia pareció abrirse una botella de aerosol, el ambiente se colmo del aliento que emanaba de las faldas, y de las camisas de los acompañantes de los ahijados de Martina Clase y su marido, quien se parecía mucho al patrón santo Tomás por lo de la Barba. El grupo de trabajadores recibió los animales, Chepe Medina salió por instrucciones de don Higinio y de la señora y los condujo a las mesas, para ellos, reservadas.
El señor Chepe Medina entró a donde el señor Higinio se afeitaba con una loción de amor, y le informó que Eulalio había llegado como llegan los reyes. ¡Anjá, y cómo así! No nos equivocamos trajo 20 personas todas bien vestidas, pero había llevado 22 asientos, no nos hemos equivocados. Veremos ahora como estarán los bolsillos. Expresó riéndose a carcajada suave y corta, don Higinio. Atiéndalos Chepe para cuando ya Feliciana y yo, estemos en la mesa… lleve un litro de vino de cacao para los muchachos, para Martina y Feliciana dos copas de jugo de zanahorias, pero para Lalo y yo una botella de ron Brugal blanco. El vino es para los ahijados. La mesa de los esposos Santos Clase estaba copada de jóvenes todos de camisas blancas mangas largas y zapatos negros bien lustrados. En el flanco derecho del salón estaba la mesa del anfitrión, al zurdo dijimos estaba la de los invitados. La camisa que tenia Cyrano Álvarez, era tan blanca que para muchos era de aluminio. A la derecha estaba la figura morena alta y esbelta del señor Eulalio Santos, al lado de la silueta morena de Martina su esposa. Más allá estaba garboso el señor Matulio Minaya, que bebía del vino de cacao como si fuera mabí.
¿Cómo está Eulalio? preguntó don Higinio que llegaba tomando por la cintura a doña Feliciana, su esposa.
¡Estoy bien Higino! Contestó Eulalio levantándose del asiento y poniéndose la mano derecha en el ala del sombrero.
Don Higino saludó a la señora Martina con la gentileza y gallardía de un Rey a una Reina. Era su costumbre, tratándose de la esposa de un amigo.
Doña Feliciana hizo otro tanto, intercambió saludos con los otros invitados. Al cabo de un rato las parejas se levantaron y llegaron al medio del salón y bailaron el clásico San Antonio, bailaron luego, a compadre Pedro Juan, y al sentarse lo hicieron con los aires melódicos de Siña Joanica, luego todos bailaron el merengue La empalizada. Luego de que la orquesta del ayuntamiento, cerró el portal de sus compromisos llegó al “jardín de los ensueños”… las mangulinas, los jaleos, el bocabajo, el carabiné… fueron aires de la noche que limó el calor que había en el salón. Navarrete gobernaba la tambora, la guira la manejaba Alejito Jáquez, y el acordeón el señor Sebastián Mechora, hacía vibrar de emoción a los asistentes. Vicentilio Francisco bailó con la señora Martina y doña Feliciana, con Cándido su hijo, Justiniano Álvarez con actitudes joviales lo hizo con su mujer la señora Comadrinia Vargas, Josefino Albarían, de apodo el Barbú, bailó con la novia de Juanilio Núñez, apodado Ñeña. Los ahijados de Mamá Martina, mostraron respeto a su madrina, en la prima de la noche, los muchachos se fueron con don Eulalio. Quedándose el equipo de trabajo que don Higinio le solicitara.
******************


Las matas de anones, las de palmas, pomarrosas y de guamas llegaban al cielo, en los alrededores de la entrada para el alto de los Morones, facilitaban a las aves espacios y zapatas para construir sus nidos. Ese lugar se prestaba para el maroteo, relajante y terapéuticos de varones y hembras adultos. Castrina era una de esas mujeres, llegaba del alto de los Morones, venia de la casa del señor Hungría García, al cruzar el charco de los Morones, vio un animal con un plumaje más que blanco espuma, le pareció. Julitonia Silverio, madre de Justino, la comadre, vio varios nidos, dijo- son de hechos con tiriguillo, de palma y madera. Castrina preguntaba mucho y por eso los demás la alejaban del grupo. De que serán. Pienso que son de garzas, tal vez de guajiros, o de guaraguao. Pero bueno, nos pasaremos el tiempo sólo en eso, no señores hay que subir, aunque me parecen huevos de carraos. En ese instante del fondo del charco de los Morones salieron dos pájaros que tenían dos alas que parecían dos banderas negras y se elevaron a la rama más alta de la mata de jagua que era el más erguido y hermoso de todas las matas de monte morón. Salieron otros, y otros y otros… lanzaron estrepitoso grito de guerra. Julitonia y Castrina corrieron de miedo llegaron a senda casa ahogándose. Los vuelos de las madres describían las rutas de las crías, pero ningunas de las dos parteras pudieron ver las explicaciones didácticas encima de peñascos y mágicos arrabales. Julitonia como Castrina expresaron su opinión traducido en susto pasado, en el arroyo de los Morones. Muchacha quien te dijo eso, eran gallaretas que ponen sus huevos en el charco.
** ** **

En casa de Pascual Minaya, se conversaba sobre el mismo asunto y se entusiasmaron a buscar los huevos del fondo aun que estuvieran en el mismo infierno. Pascual sin mucho hablar sube los huevos los comparte con Julitonia y Concepción. Alrededor de la charquita, tupida por algas variadas y de pesimistas helechos, de un peñón negro, salía del arroyo de álgidas aguas cristalinas, había con ojos salidos un muchacho, que aseguraba llevar varios años cuidando los pilones y pilotes, que alguna vez hicieron para sostener la vivienda de Joaquín Morón, de origen vizcaíno. Heriberto García que participó del hallazgo dijo- que se los preguntaron cuando era un muchacho todavía, vivía ahí, mostraba con las manos los pilotes y los ladrillos y las piedras que el viejito blanco con piel de maco quien trajo los mangos vizcaínos, co el vivió un hermano que era mudo pintaba con tinta fabricada por el con Jagua verde y ceniza. Heriberto al que le decían tronco de “caya” por su fortaleza, ese individuo era muy raro, con su cara cuadrada como una ventana, pero la ponía como la de un buey rabioso, ¡je, je, je! Los amigos de Tronco de caya, rieron con la comparación. Es verdad lo que le digo, me escondía para ver la Cruz desde las narices hasta las cejas que era mas tupidas que las eneas y de piragüitas de ese charco. No soy un experto en eso ni en ninguna otras cosas pero los ojos eran luceros, o cocuyos navideños, eran faroles de cementerios los rayos llegaban a las cosas enfocadas, como llegaban los de la luna sietemesina. Una vez creyó que lo había enfocado era el cuerpo de un lechoncito de los criados en nuestros patios… el brazo que tenía torcido por una mordida que se llevó era un puerco cimarrón je, Ju, Ju, jo, los muchachos gozaron de nuevo con las ocurrencias de “tronco de Caya,” pero para que hay que alborotarse, peor le sucedió al general Mckabón en la península de Samaná, pues se creía dios y habiendo perdido una monedita de 10 centavos, creyendo haberla hallado lo que agarró fue un salivón, se levantó del escritorio y de inmediato prohibió escupir en los lugares públicos, patios y muchos menos redondo. El señor Heriberto ingresó al alto con la velocidad de una centella, con la energía recibida de los abusos de poder del General Mckabón en Samaná.
Algunos ahijados de Mama Martha, escucharon uno de los capataces del señor Higinio hablar de la honradez de su madrina, y de la grandeza de su espíritu. La complacencia experimentada le sirvió para reunir otras averiguaciones y de inmediato llegaron a la sala donde ella los esperaba. Vivía como todas las comadronas del lugar, en casa humilde, con piso de tierra, techo de paja hojas de yaguas y paredes de tablas de palma. La de Martina era de cemento, las paredes de tablas de palmas y el techo era de zinc. Cuando llegaban la hallaron, sentada en la vieja haragana que fuera de su madre Marcelina, hilando en la sala. Saludaba sin levantar la mirada. ¡Buenos días Madrina! ¡Buenos días Mama Martha! Dijeron los más viejos. ¡Después expresó Buenos días! Pasen que todos cabemos.


---------* * * * * * ------


Los invasores norteamericanos, se conformaron con llevar, a los países invadidos la sombra del terror y de la muerte. El derramamiento de sangre corría por las piernas de la Patria humillada, llevaban la banca, desde el poder militar pasando por el religioso así fortalecían el poder celestial. Hoy por hoy miles de camellos pasan por la ojiva de una aguja. El presidente Gringo, Woodrow Wilson en 1913 trató de dar cátedra de moralidad política, para evitar las guerrillas en el territorio nacional. Dijo- no permitiremos revolucionarios, en nuestro entorno, ni permitiremos revoluciones. Doña Martina, que tenía la casa llena de sus amigos, suspendió la reunión prevista para atender a los comisionados del general Quirico Feliu gobernador de Puerto Plata. Ella deseó la presencia física de don Lalo, era 15 de diciembre, a cinco días de las celebraciones de Santo Tomás. Sin embargo solicitó a los ahijados que no se fueran y recibieran a la inesperada visita, en la persona de los señores José María Céspedes y Manuel de Jesús Camacho… la sala tenía espacio para 23 parados, y 19 sentadas. Doña Martina ordenó a Cyrano a decirles que podían entrar… y lo hizo con la calma de una comadrona espiritual.
-somos agentes del gobierno, reclamamos de usted y de sus seguidores apoyo porque atacaremos a Montecristi en las pocas horas, lo mismo haremos en la fortaleza San Luis. Andamos muy rápido se que ya tenemos su comprensión. ¡Díganos señora! ¿Cuántos hombres podrá entregarnos, hoy mismo? Doña Martina, que no tenía academia, no se acotejó en la silla… para rascarse la nariz, o la cabeza… como hacen los proxenetas cuando se trata de este tipo de asunto, para responder de la siguiente manera: agradezco señores, lo gentil que han sido, y la manera en que se han manejado, al pensar en nosotros los Bellacolitanos, pero, aunque vivamos entre breñas, en cadillares, en hondonadas, en berenjenales, porque estemos cerca de las hojas no somos ni gusanos, ni ratones, ni conejos. Tenemos familias y de ellas somos responsables, la protegemos, y para ello estaremos cerca de la misma. Somos “Desideritas” para el camino que coja Desiderio, para allá estaremos, nos gustaría servirles pero la manera como nos los piden no nos queda mas remedio que decirles que se marchen porque estamos ofendidos. Del mal y esos amigos de la guerra, desconozco lo bueno y el bien suyo alguien se lo embotella, y lo venden gota a gotas se lo digo yo, Martina Clase Santos. Doña Martina, insistió el señor Camacho, si es usted seguidora de Arias facilítenos algunos refuerzos. ¿Cómo cuántos diría usted, don Camacho? Preguntó con voz sonora, pero dulce. ¡Dénos una docena siquiera señora!
Señores comisionados, podría facilitarles 15 de esos que están ahí, algunos son cazadores de aves, en cañadas y faldas de lomas, otros son atarrayeros, cortadores de leñas y de cañas, en los ingenios amistad y Montellano, pero esos de que les estoy hablando, no son sacos de yucas, ni de carbón, esos amigos son padres de familias, hijos y novias y novios, aman, y son amados. Pero… si a cada individuo, dispénseme que es hombre o mujer que debí decir, les dejan 300 pesos para que la familia de cada reclutado, firmaremos las partidas. Los dos hombres, de experiencia militar, entendieron la intención de la matrona del Bajabonico, se rascaron la cabeza se levantaron y se marcharon diciendo frases que los presentes no comprendieron. El señor Eulalio, entró por la otra puerta, entonces preguntó:-¿Qué buscaban esos hombres en tu casa, Martina? Los caballos llevaban aceros, parecían martillos de hierros al morder las piedras. Vinieron a reclutar hombre para la guerra, y cuando le pedí 300 pesos por cabeza pusieron alas a las piernas. Eso sí que así lo traté para que sepan que con la dignidad humana no se juega. La risa que Eulalio producía no se acercaba a la del Dorsuscú, sin embargo apagó el tizón que el señor Cyrano Matutinio encendía el cigarro. La actitud de la madrina frente a los que se hacían pasar como Desideritas, eran traficantes de humanos que días mas tarde fueron denunciado por Quirico Feliu gobernador puertoplatenses, como jefe de una banda de cuatreros.
Pasaron los días y don Higinio estuvo en la fiesta de Santo Tomás, junto a sus ayudantes y allegados.
En las líneas noroeste, desde donde procedían las raíces de doña Martina Clase, el odio contra los Horacistas crecía con la muerte en el puente de la guinea, del general Demetrio Rodríguez, el primero de diciembre de 1906, aumentó con el método pacificador del presidente Cáceres, protegido por los americanos, de matar toda la población ganadera, de la zona y de los contornos. La muerte de Demetrio llenó de luto el alma de Arias, se entristeció enormemente, y buscó refugio en la sierra y abrazó la lucha revolucionaria, con mayor energía, empeño y máximo entusiasmo. Planificó y empleó la guerra de guerrilla, acosado por el hambre y por las tropas Horacistas que peinaban militarmente la zona matando todo los animales que tuvieran más de dos patas, hasta perros mataron. La zona de la línea se convirtió en un cementerio de huesos el aire era mas sucio que sanitarios letrinas o cloacas. Los Horacistas eran más que terror, eran la puerta de dolor y de la muerte. La desolación, la devastación el hambre, la miseria, la deshonra, los seguidores de Arias y Jiménez huyeron hacia Haití. El gobierno de Cáceres se convirtió en una tiranía. Nació la paz del cementerio, dijo Martina que escuchaba a la maestra sin perder un segundo de su atención. Así es señaló Vicentiano Francisco de apodo traga huevos. Y para como, le clavaban la cruz, como señal de bendiciones. Para aquellos días los ahijados de Martina eran jóvenes, pero hablaban de los sucesos del 1905 y del 1913 como si hubiese estados ocurriendo en esos instantes. Los hechos deben ser contados a los hijos para que vuelvan a repetirse, y haya sucedidos en la lejanía, aunque haya muertos. Dime Martha, qué querían los muchachos.
Estos pedían que tu dejaras de pedir en los caminos, oficio que por varios años vienes ejerciendo. Y qué les respondiste mujer. Les dije que prefería a un pedigüeño a un acaudalado de bienes robados o prestados. Aunque se llenen de regocijos considero que los ofendiste a ellos y a alguien. ¡Qué se yo! ¿Tu crees Lalo? Si Martina, fuiste tan dura como un Dorsuscú. ¿Qué dijeron al oírte? Juanito Núñez, fue el que declamó que en este huerto de tantas lágrimas, el que pide prestado termina pidiendo la gurrupéela y el rabo de la burra, y en algunos casos el bastón del viejo. ¿Cómo así?
La inteligencia de la profesora de la comunidad ha creado en Martina el hábito de la lectura de asuntos históricos, acude todos los días a la casa y le lleva tizana o café. En verdad lleva casi un cuatrimestre recibiendo orientación de temas relevantes de la historia social contemporánea, se ha enamorado de esos asuntos desde que llegó de la casa de su primo Delfo y de donde Dolorita. ¿Acaso Martina, crees que no estoy enterado de lo que busca donde la maestra Elsa Morales? ¿A qué será que voy Lalo? Se rieron con carcajadas truncadas, pero inarrugables. Según mis axones asistentes falta poco para que cambie de profesión, quiere ser maestra. Maestra de pueblo, educadora social, como partera hace mucho que lo eres. Eso, eso, pueda que sea verdad, pero falta la habilidad de conversar, que a ti te sobra. Jamás podré ocultarte algo tanto a ti, como a los muchachos y muchachas. Estoy aprendiendo la historia de personajes como la de Demetrio Rodríguez, de la de Antera Mota, de doña Trina de Moya, la esposa de Horacio Vásquez, de Ercilia Pekín, la de Arias, de Luperon y de otros como es la de Cipriano y la de Virgilio Martínez Reina, eso es lo que busco… pero también me ha estado hablando de otras mujeres de otros países


como, Rosa
Luxemburgo,
Indira Ganghi, estoy interesada en la de Enrique

CUERPO SIN VIDA DE RAFAEL ENRIQUE BLANCO SOSA, EXHIBIDO EN SANTIAGO EN NOVIEMBRE DE 1036.

Blanco. Hace diez años que muriera, en la cordillera Septentrional, en loma Jamao. Pero me interesan los nombres de mujeres que enfrentaron la tiranía de Lilis, y la de Rafael Leonidas Trujillo. Bueno eso es bueno.- La maestra llegó dijo Emilio, dile que pase hijo. Buenos días doña Martina, buenos días maestra entre y siéntese con nosotros. Saludos don Eulalio. Qué tal señorita. Venga siéntese al lado mío haber si le doy un poquito de celos a mi mujer. ¡Je, je, eh! La energía de la sala de donde procedía, era radiante aquella fuerza. La maestra se sentía dislocada y en voz inaudible expresó- pero será posible. Pues este hombre es joven y de energía radiante muy sana. Eso creo. Lo creí minusválido, indigente, cómo nos vamos equivocando de continuo. Los ojos tienen el brillo de una fuerte inteligencia poca abundante en estos lugares. Posee, eso creo, equidad espiritual, y mental. Con su permiso dijo Lalo alargando la última silaba para fingir sosiego. Pero era cierto que estaba tranquilo y la maestra no rompía en nada su equilibrio emocional. Podía rompérselo a otro pero a Lalo ninguna que no fuera Martina rompía su vida sexual. Estaba demostrada la lealtad que albergaba el corazón y el cerebro de ese hombre. Elsa María Morales oriunda de Altamira llevaba cinco años como maestra laborando en la escuela de la comunidad de don Lalo y de los Bellacolitanos. El permiso es para usted don, dijo la señorita Morales. Pero Martina conocía a su marido, estaba segura que las dejaba solas para que pudieran volar con la libertad de una mariposa. Bébase el suyo que voy a llevarle a Eulalio. La maestra que anotaba todo lo que a sus antojos y prejuicios les parecían extraño o lejos del aspecto lógico de una realidad social, pedagógica y filosófica, escribió Ursula es Polanco y ella es Clase, así mismo ocurre que algunos de sus hijos son clase y otros son Santos. En el caso de don Delfín y de doña Marcelina sucedía otro tanto.
Don Higinio echó para atrás el proyecto, considerando que la actitud de las comadronas era egocéntrica. Doña martina se ha convertido en una contadora de Historia reales. En la enramada, cerca de la ermita de don Lalo, la esperaba José Alvarino, Valeriano Marcial, Jovino Despradelio Polanco. Otros ahijados de Martina, cerca de la mesita adornada de flores y de limpios manteles, pasaron la tarde hablando de Alfredo Victoria,
y de Eladio Victoria presidente de la república. Alfredo no tenia edad obligo al congreso a legislar a favor de su tío y lo escogieron como senador de la provincia Santiago, luego se hace cargo de la presidencia republica el 27 de febrero del 1912 Alfredo convirtió a su tío en una vil marioneta, lo manejaba a su antojo. La sangre corría por la cuneta en los mataderos, los comentarios estaban repletos de flores y de cirios. El hambre, se servía en la mesa y el sancocho de cada día era cocinado en el horno doloroso con la leña del temor y del miedo. Entraba a la casa por la ventana y las viejas soleras moviendo los platos vacíos y las cucharas protestaban, como entonación de un mantrá, el padre nuestro y el ave María, las cárceles y los hospitales guardaban los ayees y quejidos de inocentes. Alguien dijo no se quien, “vale más un inocente preso, que culpables en libertad” los fusilamientos se han convertidos en el pan nuestro de cada día de cada noche, de cada madrugada. Durante el gobierno de Victoria, las fuerzas armadas malversaron 4.millones de pesos que el gobierno de Mon. Cáceres había ahorrado, era una administración atroz, salvaje, indigna, irresponsable. Maldito, asqueroso.



---- * * * * * * * *-----

Cuando doña Martina llegó a la casa, luego de tres días de ausencia se entera que don Higinio Henríquez construiría un hospital en los Bonilla, para que las parturientas fueran a dar a luz con camas limpias y con aparatos modernos. Pero según lo que buscaba Higinio era evitar los malos ratos que las comadronas pasaban en los caminos, para llegar a los domicilios donde viviera la señora que requería de los servicios con urgencia. Eran muchos los obstáculos que como un miembro del correo tenia que la parturienta pasar, no le importaba la lluvia, la oscuridad, los truenos los relámpagos los ríos hondos, ni los asaltantes. Entre las cosas que llevaron a la tiendas de don Higinio estaban gasas, tijeras, algodón, hilos, y agua oxigenada, pero cada mujer que fuera a dar a luz a la clínica San Antonio, debía pagar 9 pesos con 30 centavos, la mayoría lo encontró muy apropiado, pero las comadronas asesoradas por los esposos y otros desconocidos, se opusieron, alegando ellas que era muy caro. Lo vieron como un negocio súcubo, maligno con intenciones subyacentes.
Los ahijados de Martina se pusieron muy contentos con la noticia del hospital, reunidos en la Mata de Anacahuita, al lado de la escuela acordaron hacer una clínica, aunque fuera en el año 2056. Eran cinco las parteras en menos de 6 kilómetros cuadrados… quedaban Florita y doña Martina Clase, quien no se quedaba por nada ni por nadie, sin llegar al lugar que se le requiriera.

Willams Taft, protegía al gobierno de Eladio Victoria y amparado por la convención de 1907 envió una comisión acompañada de casi 1000 soldados del imperio, para negociar la estadía en el poder de Eladio Victoria a cambio de la renuncia de Alfredo, pero este se niega. Y es provechosa la ocasión para que Arias se apodere de las aduanas fronterizas, los haitianos protegidos por el perfume gringo transitan como zombis amarillos hacen creer que son guineos maduros. El miedoso, muchas veces es, más peligroso que los sujetos que ocasionan el miedo. Martina hablaba así, frente a la puerta del cementerio, cuando la niña de Ursula se agarraba de la falda suya, en el momento que entraban a la casa de la señora Dolores Silverio Henríquez, que media hora más tarde daba a luz de una niña. Eran los 1123 alumbramientos que completaba con el parto de la señora Silverio Henríquez, hermana de don Higinio. Con sus manos de carne y de sensaciones, con su tacto y de su voluntad de acero. Con los dolores en la cintura y en la espalda, pero con respiración pura y profunda, ni nerviosismo ni protocolo, sin necedades ahí, bebiera café o sin beber, en gélidas madrugadas o en calores de estivales. Estaba Martina con su maletín de entusiasmo, con toallas de servicio, con sus tijeras humanas y humanizantes. Lloviera o tronase allí estaba encendiendo el universo, irradiando los senderos, cantándole a las gentes, con su lengua de perfume de rosas, de incienso. Dando carne y caricias, regalando su vida a cambio de ver crecer la generación, haciendo “camino al andar” en cualquier hora, en cualquier momento y en cualquier geografía. Siempre sembrando luz en los pechos de la mujer y del hombre, con palabras refrescantes completas, sin borraduras ni falsas unturas terapéuticas. En alentadora voz de calma, dándole bien y apoyo eterno.
Luego de la muerte de Cáceres, en 1911, a doña Martha la veían con cierta frecuencia en los entornos de la escuela y en los bancos de la ermita de su esposo Lalo. Pero era 1931, los caminos en los lados del río, estaban sellados de abundantes piedras, por la crecida que tuvo el año anterior. Por las energías de los huracanes que incluso azotara en todo el país.
La casa de Eulalio estaba rellena de mujeres, y de hombres celebrando con mucho pesar y dolor, el primer cabo de año, de la ejecución de los esposos Martínez Reina. En una estancia en la comunidad de San José de las Matas. La señora Altagracia Almánzar estaba embarazada… fue de las primeras orgías que utilizó el tirano para darle un baño en sangre al pueblo dominicano, especial a la región norte donde tenía mayor oposición. Fueron muertos a tiros y a puñaladas, mientras dormían, iniciando una cadena de bandolerismo a partir de la toma del poder del 1930, protegidos por “La 42” (dirigida por el mayor del ejército Miguel Ángel Paulino), dedicada a perseguir, intimidar y matar. Hasta los miembros de la Junta Central Electoral se vieron forzados a renunciar el 7 de mayo, siendo sustituidos por personas que respondían a la voluntad del que ya era dictador. Esa banda era una cofradía de delincuentes, con propósitos definidos a cortos plazos. Asesinar a las gentes buenas e inocentes que fueren opositoras. Virgilio era el líder más importante de los Alfonsequistas. Virgilio había sido secretario de la presidencia, el presidente Horacio la creó para el. Trujillo no le perdonó el hecho que estando Horacio en un hospital del imperio, específicamente en Baltimore, solicitó la destitución del cargo del jefe del ejército, que era el. En la noche, cuando todos los ahijados se marcharon, Lalo encendió su cachimbo de palo largo. Subió el pie izquierdo sobre la pierna desnuda de Martina, hizo un nudo con los cabello acarició la barbilla de su mujer, con una mirada de éxtasis y de encanto. Estaba complacido con su familia, ni los varones, ni las muchachas crearon acciones conflictivas, ni en lo externo como tampoco en lo interno. Son hombres y mujeres. Oye Martina, llamó a su mujer sin bajar las piernas de la de ella. Cómo se crean los pobres, cómo se fabrican los pobres, por qué nos odian tanto serán los blancos los dueños de la fábrica. Puede que sea así ¡Ju, Ju, je, je! Será cierto que hay un país donde matan a los pordioseros, que los queman con gasolina, será eso verdad, Martita. Doña Martina creyó que su energía bajó a una escala muy inferior y experimentó un serio escalofrío tan diferente al de otros días en ocasiones parecidas. Eso he oído, dicen que en Brasil hay leyes, en contra de la vagancia. Han quemado vivo a mendigos, pero por diversión. Les ponen las multas y los despachan. Supiste que ahora, dijo mientras daba en la palma de la mano zurda, votándole la ceniza al cachimbo, que don Higinio quiere que Emilio y Demetrio trabajen en las factorías o sino en las recuas. ¿Y cuando lo supiste viejo?… ahora fue Martina la que subió ambas piernas encima de las suyas, que ya se las había lavado. Ese hombre Lalo, si es verdad que tiene astucia, exclamó sonriente la señora Clase. Algo busca Higinio, y no me moriré sin saber los motivos.
¿Qué será?
¡A ti si te gusta! ¿Qué hay que temer? Dejémoslos que trabajen.
¡Apuraste hija que tenemos frío!
Déjame decirte esto…
-Tenga papá. Tenga mamá, La bendición, dijo Adela y se marcho de inmediato. Don Lalo que manejaba muy bien las palabras limpio nueva vez el cachimbo. Dios te libre de un mal marido. Dijo como si abriera y cerrara de inmediato un paréntesis. Le puso un cabito de cigarro, en vez de tabaco, acotejó la pluma de la pipa para el lado izquierdo de los labios, entonces, rió levemente. Hace muchos tiempos que te quería decir, me fue ahora cuando me dijiste viejo que lo recordé, je, je ,je, je me río porque gusto me da ver que cada día te ves mas joven, pienso que mas hembra también. Je, je, los años te colocan como un buen vino, de tu piel Martita, sale el perfume de tu juventud, que no has perdido nunca yo te lo aseguro, al oírlo desenvolverse con tanta facilidad, experimento el mismo afecto y la misma atracción que el primer día. Y se preguntó por qué siento mayor ahora, por el que antes… la brisa llegaba de los cerros y de la colina… la humeadora, alumbraba en penumbra toda la sala y un gallo cantó y luego otro y otros siguiendo en hileras como horcones de corrales, igual que soldados listos para agredir, Lalo se amarró los cabellos y perfumó la barba con aceite de limón que el mismo hacía, pensaba en las mujeres embarazadas del entorno y envió una sonrisa de alivio, ya que no halló por qué preocuparse. En la cama, sin ambages, Lalo abrazó a Martina como si acariciara una flor sus morenos brazos de campesino de hondonada y de tierra alta, que había aprendido a conducir las emociones, las mismas que experimentan aquellos que crecieron en las grandes ciudades continentales o insulares, como en Londres, en China, en Washington, en la Habana… sin llegar a la violencia ni a la incomodidad imprudente. Ella estaba como una fuente donde el dejaba su calor extraía flores de su jardín de surcos emotivos de su hombre barbudo, limpio de basura, de arrogancia y prepotencia varonil, sacaba la salvia de la paz, para todos. Muchos son los cordones que he cortados… solo pensó, con el canto del gallo se durmieron. Los rayos de un sol jornalero los despertó cuando cosquilleaba la barba de marido y en los oídos de ella se producía la más tierna y hermosa melodía.
Eran las 9 de la mañana del otro día, 1937, año del desastre en los campos de la patria de Sánchez, de Martina y de Luperón, la sangre lavaba los aleros de las viviendas, se vendía en las pulperías como el melado y la miel de abeja rubia o morena de caña, los brazos y las quijadas, sin orbitas oculares, manos sin dedos, llenaban los caminos. En los rincones, escondido algún niño huérfano de padres o de alimentos, o de techos y de consejos y de vestidos escondiendo su forma, en una primera planta donde se editaba un periódico enfermo que lo delata. Viejo y travieso al servicio de los que envenenan y torturan y vejan a los que pudieron decir perejil, la huellas brotaron del centro de la tierra, con las manos sin dedos para agarrar aunque fuera de las matas de jabillas, y a los que no pudieron abrir las puertas a la libertad en la librería, sin embargo premiaban a los que estupraban los senos de la Paica, de la adolescente de cabello rebelde al compás de la letras de un himno de terror y de muerte. De eso era que Eulalio deseaba a Martina, mas pudo la pasión que el dolor de los hijos de Toussaint y de Dessaline. Lalo no quería referirse a los hechos, del 29 de diciembre cuando llegaron los barcos con las estrellas en el lienzo de bandera, el con la gran barba deseó ahorcar la vida de Capitán Knapp pero no era de eso que deseaba decirle a su mujer. Era del 12 de octubre del 1937, cuando el tirano ordenó matar la lengua y la piel, de matar el corazón del hermano que no pudo abrir la puerta de la libertad había perdido la llave de la entonación. Era en contra de la melodía, de guanábana, de perejil, Pedrito Pérez. Del corozo de piedra o de río grande, la caída del imperio del río, había que decir bruneslechi, despapacotar la puerca papacota, reía cuando veía las claras aguas del Masacre y lloraba al verla tinta en sangre… como dijera el cantor se puede “cruzar sobre los cadáveres” sin dejar las huellas. Era del decreto que cambia el nombre de Santo Domingo por Ciudad Trujillo el 8 de enero como regalo de año nuevo, el engendro de la ley a su semejanza, por eso los caminos estaban llenos de piedras de las que trajo San Zenón, el 3 de septiembre del 1930.

-¡Papá, Papá! llamó Adelaida con tanto amor. Eulalio se había marchado de su ermita, donde hacia oraciones y mantras de autocontrol. Era ese lugar el santuario donde cosechaba regocijo y sosiego. Era Emilio Quiñónez, que traía una carta que le enviaba el señor Higinio, Adela regresó a la cocina y le entregó la carta a su madre. Martina la recibió mientras sacaba almidones de la yuca amarga que guayaba. La mañana estaba ceniza, el cielo tenía resabios de brumas. Iba a caer becerros ensillados el vuelo de los pájaros era superior a otros días de calor. Los ahijados corrieron para el ingenio hasta para Montellano, otros cogieron a recoger café. Mañana se iba el grupo de la Lomota y de La Catalina. Se quedará solo el lugar. Las aves siguieron en sus revoloteos en las copas de los árboles que besaban las negras nubes. Emilio Quiñónez, estuvo en la tienda de don Higinio y Ursula, la hermana de Martina escuchó que le decía a Isabel la hija de María Henríquez, hermana de Higinio, que el la amaba, que no era cierto que estuviera comprometido co Adela.
-¿Has visto a Eulalio Santos, Isabel?
-¡No, no lo he visto! Contestó ella, con su encanto, ¿para qué deseas ver a mi padrino Bebo? Ah míralo acaba de salir de la iglesia, te dejaré. Déjame ir donde está antes que se vaya.
-don Lalo, yo soy Bebo, el hijo de Ángela Silverio, y he estado esta mañana buscándole para entregarle una carta, que le dejé con su hija Adelaida, allá en la casa.
-¿Qué deseas muchacho? Exclamó sin ambages ni cortesía.
-Ya le dije que le dejé una carta que el señor HIGINIO, le envió esta mañana.
-¡Ah bueno, ah bueno! Dijo y volvió a los bancos de la iglesia se sentó en el que le facilitaba según el mayor comunicación con las cosas divina.
Lalo nunca creyó lo que decían de los pactos de San Antonio y de san Ambrosio el usurero… tampoco llegó a ver el tal Jacho que cuidaba Los Cándidos, y los “Cafeses” Fuera cierto o no, el nunca cree, tenía que ver y era por eso era devoto de Santo Tomás. En la tarde le dijo a su mujer, yo tengo que estar seguro de una cosa para darle crédito, tú eres así. Yo lo se. Y qué es lo que quieres. Higinio habla en la carta de lo interesante que sería unificar algunas ideas, y criterio para mejorar la situación económica de los habitantes de las comunidades. Pienso que en verdad lo que quiere es otra cosa. Habrá que delinear, qué te parece a ti Martita. Yo estaré de tu lado porque siempre anda encima de la lumbre y eres limpio. Debo reconocer que don Higinio ha hecho más que las autoridades de los dos gobiernos, somos personas de respetos y eso debemos darle a la verdad. Lo dijimos ya… todo lo que ha hecho… es lo mejor que tenemos en todo el municipio.
El señor Lalo estuvo acompañado de su mujer en la reunión donde el señor Henríquez, eran las 4 y 30 de la tarde, la visita que don Higinio distinguía la recibía en el salón de juegos en el segundo nivel de la mansión. En la habitación muy ventilada en el centro una pequeña mesa, con manteles blancos y rosadas servilletas, eran 4 los comensales. Las sillas de caoba daban el juego de la mesa, un aspecto de príncipe, la brisa muy amena movía las cortinas de las ventanas, venía del océano atlántico acompañada con los alisios que rozaban las montañas del sombrero. Don Higinio era dueño de la mayor parte de la tierra de los parajes fronterizos de los dos municipios. Era el padrino de la región, con singulares habilidades para tratar los negocios. De trato finos con familiares y visitas. No daba muestra de disgusto a nadie aunque no lo digiriera. Se había transformado en un monopolista perpendicular con el capital odiaba la guerra, y a los guerreros impostores. A los que se creían milagreros, siendo jacintos de corolas endemoniadas. No se mutaba con las visitas al contrario les ofrecía si era invitado suyo la más gentiles y agradables cortesía. Pero lo que distinguía a este hombre iletrado era el empeño y el entusiasmo que ponía en sus acciones. Acumulaba experiencias que lo prepararon para los negocios y la amistad. Doña Martina y Don Eulalio Santos eran en el día de hoy sus invitados, ya en la mesa del comedor estaban los alimentos servidos pero los invitados no estaban enterados que habrían de almorzar y antes de salir del hogar lo habían hecho de todo grado las dos mujeres, intercambiaron ideas y ambos maridos tomaron tragos y comieron guandules cocinados con leche de cocos con cazabe de yuca dulce, con un poco de conejo ahogado en vino y vinagre de naranja y de limón. Los hijos de Lalo ni los ahijados de Martina supieron lo tratado en aquella histórica reunión de la Botella Invertida, como llamaba la gente a la del embudo al revés el huevo y la piedra, La Botella Invertida. El señor Higinio ante la recia personalidad de aquel hombre de talle fornido, de rostro majestuoso, adornado del perímetro de la barba espesa como la pintura de San Pedro, de San Pablo, de Santo Tomás, o de San José, experimentó sensaciones espirituales nunca manifiestas ante nadie en el pasado prefirió hablar de otros asuntos que aparentaran de interés. Le pareció que Eulalio era un hombre bueno. Leal a sus ideas, fiel a su familia, para el ese era el más caro y noble de los tesoros.




Capitulo 11


La profesora Elsa María tenía días que de Martina no sabía, y llegó a la casa donde ella desgranaba maíz, los borrachos del camino la miraban como sino la hubiesen visto. Nunca había despreciado a nadie, no era desprecio, era su reputación. Primero cortesía luego sinvergüencerías. Hola dijo al ver a Emilio Clase. Las pocas palabras habladas o escritas la historia, es un producto de la gente, de las personas de los elementos que hacen cambios en los ejes de la sociedad y de los hombres y mujeres, que la forman para Emilio la maestra era la armonía hecha maestra. La señora Martina entregó una bandeja con mazorcas de maíz, a la profesora Morales, que desgranó en poco tiempo. Voy hacer un locrio de calanche, que a Lalo le gusta mucho. El calanche es lo mismo que las vísceras de los animales. Ahora comprendo dijo la educadora. Me gustaría que se quede usted a cenar con nosotros. Espero que no me busquen para parto hoy. Vio usted por ahí a Demetrio. A quien me encontré fue a Emilio. Olvidamos la imagen de la cara, eso nos ocurre a los que tenemos muchos hijos. Ambas mujeres hablaban cuando llegó Emilio con la compra la cena, también llegaba Lalo con un macuto de aguacate morado de los que a él le gustaba con harina de maíz. La maestra dejó la casa de los Santos Clase a las 6, estaba oscureciendo, se oían los calcalies… tuvo miedo y Emilio la llevó a casa de Feliciana que era donde vivía. Mientras los trotes de la mula movían sus senos pensaba en los pobres del mundo como los recogedores de café, que habían perdido a sus madres en las batallas contra el capital. No tenían Estado, ni pequeño, ni grande… tampoco padrinos. Valen menos hoy, porque lo único que les puede valer, es lo que venden y ellos no poseen nada de valor: El Capital se lo ha robado. Le ha cogido la fuerza de producción, la fuerza de trabajo y los pobres carecen de fuerza porque le robaron de niño el biberón.



Don Eulalio pasó la noche en casa de la señora Nicolasa Medina, en Loma Naranjo, durmió la noche entera, tomó chocolate con café y se marchó por el trillito que lleva al Brinco, lugar de donde se desprende el manantial mas hermoso y de frescas aguas, llamado Bellaco, nombre que los pobladores les daban por la crecida hace en forma inesperada como un toro sin amansar. Lalo llegó a la peña, se lavó las manos sin gran esfuerzo, también bebió. En la bolsa donde guardaba el dinero, echó un arito de oro que encontró cuando estuvo lavándose las manos, estuvo largo rato mirándolo y cuando contó lo que había runido en los tres días que llevaba lejos de su familia. 35 pesos lo halló suficientes. Marchó hacia el sur para llegar a las 11 de la mañana. Después de bañarse y comido algo dijo a Martina, cuántos dinero se emplea en la guerra, cuántas vidas se pierden, mayor y menor, por cuántos a cada uno nos sale. No tengo la menor idea, Martina. De qué será la cantidad bélica, como dicen en la radio, pero si se que el gobierno dominicano, tuvo que pagar al gobierno haitiano 31 dólar por cada haitiano que el presidente Trujillo mando a matar en el 1937. ¡Qué poco valen los negros! Me siento mal, muy mal. Quizá haya muerto, y me crea un fantasma, sin darme cuenta hasta ahora. Pero no estamos en guerra. Pero para cosechar miedo en la frontera les abrían la boca para cortarle la lengua. Pero no es cierto. Lo que buscaban era el oro que tenían en los dientes. ¡Caramba, caramba! Qué tienes esposo mío te encuentro que hablas diferente. Hay momento que me lleno de frío, y de calor. Lalo se amarró en la cabeza un paño rojo, muchas veces he sentido el miedo que por herencia traemos de los abuelos. Las pérdidas de los pobres son mayores que las ganancias. ¡Así somos! Encendió el cachimbo de palo largo ¡Así somos! Pero para cumplir con los compromisos de los hijos vendemos hasta el Hato. ¡Así somos! Si hubiera quien la comprara, ¿y qué es un Hato, papá? Preguntó Adela que escuchaba a su padre acongojado desde largo, mucho rato. Un hato hijita es el fundo, donde viven los campesinos, los abuelos llamaban los abuelos, al fundo propiedad donde pasta el ganado. En otra palabra puede ser cualquier ajuar de la tierra. Cuando, vuelva la maestra, pregúntale para encontrar la diferencia.
Martina se preocupó por la forma de hablar de su marido, y fue a sentarse a su lado les tomó las manos y las llenos de la energía que brotaban sus labios secos. Pon la cabeza encima de mis piernas y hasta duérmete si quieres, o si deseas continuar hablando hazlo desde aquí. El no habló y se quedó dormido con las solas caricias de Martinas que más que esposa Madre parecía. Las flores del patio enviaban sus aromas al comedor. Donde descansaba el señor Pedigüeño. En la calle era una vela apagada, mientras hacía su trabajo, mas, en el hogar enviaba lucidez, irradiaba en los recodos de cada cuarto y los interiores de cada familia. Era la hora de comer, pero Martina como todos los habitantes del Bajabonico Arriba, abajo, de Llanos de Pérez y de amistad, y cualquier otro hato… comías después de las 4 de la tardes era la costumbre. Los muchachos habían salidos de la escuelas pero en la barbacoa había guineos hervidos, y huevos revolteados con manteca de cerdo helada. Doña Martina recordó a su marido, lo había dicho en ocasiones… ¿Cuántos vale el pobre? Vale menos que lo que compra! Creo que es cierto. ¿Cuánto podrá aprender el que no tiene alimentos? ¿Con qué energía podrán tener criterio para analizar, hasta para parir una a la mujer se la hace difícil. Así para incubar… cómo transmiten los hijos de la madre naturaleza… cómo que venga alguien y me lo haga creer. Martina siguió remendando los pantalones de Emilio y de Cecilio, ambos llegaban de los predios agrícolas cargando como burros racimos de palma para alimentar a los cerdos, ahora estaban en la pocilga contaban los marranos la cerda prieta había parido sin ninguna ayuda de partera, y las dos papacotas, parirán en la noche, eso creía Eulalio y se lo había hecho saber a Martiba. –Mamá – gritó Emilio que no se le olvide, que esta noche pueda que las puercas paran, están haciendo cama.-Cuál se acostó- preguntó, Martina que tenía experiencia de partera animal también. Todavía ninguna. Ya le dije las papacotas hicieron su lecho. -Mamá- llamó Cecilio- quiero que pongan en mi nombre una de las hijas de las papacotas, con el dinero de la producción haré mi casa y será de dos niveles, como la del señor Higinio. Eulalio despertó con las energías del pensamiento de su hijo Cecilio. ¡Caramba Chío, que buenas expresiones tienes! Lastima donde te está desenvolviendo. Amplió don Eulalio, que tosió y pensó en San Caralampio. Pero se le escapó la imagen. La esclavitud no ha terminado, sólo los blancos y los ricos son libres. Prefiero seguir pidiendo a tomar prestado. Me ofrezco a Santo Tomás, el patrón de los pordioseros, y a san Eduvirge, patrón de los condenados para que busquen la libertad de los pobres del universo y faciliten libertad de los que no han comido nunca un pedacito de filete sano e higiénico… ni un pedacito de pescado y un vaso de leche blanca. Los negros y los pobres sean del color que sean, tienen la categoría tuya y mía de ser pobres se unirán y cosecharán la savia que por siglos les han robados. Es cierto Lalo, no tienen que unirse han estado unidos por la condición de clase. Sí -dijo- y se echó a enjugar las lágrimas en un silencio venerando. No quería que lo vieran sus hijos, sólo la esposa podía escuchar las vibraciones de su dolor social. Dejó el sofá y secándoselas fue a buscarla al corral parteando a las papacotas.
–¿Qué haces?
-Muevo esta botella con agua caliente, para masajear a las puercas.
– ¿Deseas que te ayude, vieja?
-No, quédate donde estás, no dejes de mirar mis manos.
Cinco horas más tarde, al compás de las gordas gotas de la lluvia doña Martina ayudaba a luz a dos docenas y media de cerdas. Que si no hubiese sido por la asistencia de esa mujer amadora de todo lo que pudiera parir, quizá las crías no corretearan como unos ahora lo hacen encima de las pajas que las madres cerdas papacotas buscaron con los dolores. Dígame doña, ha usted hallado muchas diferencia en la forma de parir de una bestia y una humana. Je, je, je. Se rió doña Martina y abrazó desde el cuello al señor Eulalio.

* * * * * * * * * *

Un grupo de ahijados de Martina, en los aleros de la Escuela La Anacahuita, reciben aliento del alcalde del lugar, lo exhortaba a sacar la cédula de identidad, personal, y el carnet y la palmita del partido del gobierno, los llamados “TRES GOLPES” además a los padres a no ofrecer oposición por que sus hijos fueran al servicio militar obligatorio.
Hace cinco años, dijo el alcalde, se llevaron amarrado a los que las guardia hallaron jugando en los caminos, entre los Colinfre, Agua Larga.
Bajaron a los Payamps, y a los Almonte y a los Hiraldo, como andullos y paquetes de leñas de piñón.
-Si compadre, dijo el alcalde. Al papá de Gil Sanción que no quería inscribir los suyos porque estaban en los cortes de caña con El. A usted Vicentilio, lo conocen como a un individuo que ayudó y sigue ayudando a los contrarios del régimen, que es de la otra Banda!
-¿Qué quiere decir de la otra Banda?
-¡No se haga Vicentilio, que los dientes que tengo ya no cortan de tanto morder.
-Hable claro compadre, que usted priva en poeta y de eso si es verdad que poco tiene.
-Todo el mundo sabe que en su casa esconde cosas de las que trajeron los guerrilleros del 59.
-De qué habla usted si en mi casa están todos los retratos y musarañas que nos han obligados a comprar.
-Usted ve compadre ahí dijo unas palabras que ponen al desnudo el corazón de su dueño. Por qué dice Musarañas a las cosas… del jefe… porque no le gustan.
-Eso es cierto que se podía interpretar así, no lo niego, pero sin que crea que le este rogando, que floje la soga, esa no es la forma de tratar a un compadre… es por eso… con quien estoy molesto, es con usted, porque según mi manera de asuntar las cosas, la manera suya de ejecución, entorpecen las buenas intenciones del gobierno. Jerónimo tosió y de inmediato le dio la espalda al compadre Vicentilio. Llamó a secretario y le fue dictando a dos espacios, mientras tanto se producía murmullo en el grupo de ahijados de Martina que acababa de llegar y la aplaudieron aunque sin demasiado entusiasmo para evitar que el esbirro de la tiranía no se la fuera a coger contra ella. A Jerónimo le interesaba hacer saber que era él quien tenía el poder, que si a el le daba la gana lo desarmaba a todos hasta a su compadrito del alma. Obligó al secretario a leer cinco veces los nombres de Armando, Gil, Vicentilio, Gustavo, Julián, Bienvenido y Apolinar. Sin cédulas mayores de 26 años. Jornaleros, en ocasiones vagos. Picadores de caña, y trabajadores ocasionales en los cafetales y en la yuquera. Al señor Cyrano no le gustó que inscribiera a sus hijos como que no tenían cedulas porque a ellos lo que le faltaba era el sello de ese año 60 y fue por eso que deseando irle arriba con su machete y darle varios planazos prefirió decirle.
-Óigame Jerónimo, es usted el hombre más abusador que habita en todo estos lugares. Por qué escribe que los muchachos no tienen cédula. Sabiendo que así lo perjudica. Todos ellos tienes cédula… lo que no tienen es, el sello de este año y ahora estamos en abril. Pero óigase señor Jerónimo en caso que algo les ocurriera a mis hijos escóndase o ahorque don. Porque los ríos Jerónimo, cambiarán de rutas hasta que no se ejecuten mis deseos. Para mi es lo mismo, dijo Jerónimo Rafael. Sucede que las cosas de esta naturaleza, no son para mí, y mucho menos para usted. Son para todos. Repita eso Cyrano si es que es tan valiente como quiere hacer creer porque está rodeado de estos chivos…. Pues pero bueno…, no lo repito aquí, sino en la Cochinchina también, sucede señor Jeronildo, que las cosas no son como las piensa usted, las de esa naturaleza, y las de cualquier que involucre la vida de un ser humano…no son para nadie en particular, son para todos. Esas criaturas tienen cédulas, cosas diferentes al sello. Cuántos cuestan los sellos… y cuánto la cédula… se da cuenta Jeronildo. Nadie dijo nada.

Casi anochecía, cuando Martina supo que se había llevado a sus tres muchachos, unidos a 43 más de todas las comarcas donde ella tenía ascendencia como partera. Pero sabía que ni al río llegarían con ellos, San Caralampio y Santo Tomas, unidos a San Antonio, lo impediría.
El señor Rosario, dejó la piedra donde descansaba, informó a Martina de esta manera – no es cierto a Cecilio le bajaron los pantalones y al conocer que era un niño, lo despacharon. También vine a eso agregaba doña Ursula la hermana de Martina. Los demás se acercaron y marcharon hacia el cuartel de Imbert son todos muchachos afeitados.
Se lo dije, se lo decía que no llegarían ni al río. Demetrio y Emilio fueron los primeros que llegaron donde estaban reunidos los mayores, Martina lo había asegurados que no llegarían al cementerio siquiera.
-¿Qué pasó Emilio? Por qué se devolvieron?
-¡Bueno Mamá, papá llegó oí que le dijo qué tal Jeronildo, Santo Tomás y San Caralampio te salutan. Entonces vi que el cuaderno se la cayó en un pozo de agua sucia, papá le entró la mano derecha en el bolsillo derecho y algo le pasó al Alcalde. Doña Martina se reía y todos los presentes quisieron saber de qué era que no se calmaba. Éramos becerros, dijo uno de los hijos de Cyrano, al hijo de Vicentilio, yo creo que la que nos soltó, fue mama Martha, ella posee el don del viento. Muchacho no digas Caballa! Expresó casi molesto uno de los ahijados.
Cyrano Ángel Álvarez era uno de los viejos campeches de la flora y del ecumene del Bajabonico desgranaba el buen humor franco y abierto propio de su generación. Cerca del, la sombra del engaño, no podía posarse, en algunas de las ramas como tampoco el zumbador de la mentira haciendo nidos en las proximidades de su tronco mucho menos de sus raíces. Tenía un ángel que le prestaba ayuda para prender la pipa de los recuerdos y sin muchos apuros trajo las imágenes de sus padres y de sus abuelos, recordó que hacía 7 años de la llegada al poder presidente Trujillo y de la infausta presencia del llamado ciclón san Zenón. El humo de ese mismo mecanismo trajo la muy grata figura de cuando el último soldado invasor dejaba la costa dominicana. Aquel 18 de septiembre de 1924. Lo que sucedió señora fue que llegó a mi memoria la figura honesta del guerrillero solitario. Dicen que era la bandeja del dolor. También la de Cipriano y de Desiderio, como la del Bautista, la pasearon por triíllos y veredas de la república… en ciudades como Moca y Santiago. ¡Sí, eran hermosas cabezas…! ¡Lo que no pudieron pasear fueron las ideas, ni las palabras, ni el pensamiento! ¿Verdad que por eso se puede llorar, comadre? Pero bueno, que pasó, ahora lo veo alegre como una chichigua voladora. No sucedió nada, recordé sus manos la forma de moverse cuando me entregaba a mi pequeña Dunia Martina, apagó la pipa, le dijo a dios a la matrona y se fue.
¿De dónde viene usted Cyrano? No respondió era un individuo de buen carácter pero eso de decir algo de su vida privada lo descomponía. Escupió y siguió su ruta. Agarró con la mano izquierda la vaina del Collins después en silencio murmuró. ¡Qué le interesa a este hijo de puta saber para dónde voy ni de dónde vengo.
Luis sintió, un noble y profundo placer, por haber nacido con la ayuda de la inteligencia, de ese ángel llegado de las blancuras celestiales, no le dio importancia a la reacción de su tío Cyrano. Pienso que no me conoció, el viejo iba encandilado pero pienso que eso es imposible en el. Luis puso el paquete de leña en la enramada, y llamó a su padre y le contó lo sucedido en el camino con su tío Cyrano. -Pararía que fuera montado, ¿qué sería viejo? ¡No lo se hijo! Aunque no escuché que dijera nada, percibí que me aperreaba. Don Matulio movió la cabeza y no respondió a palabras de muchacho.
Pasaron algunos minutos y Luis buscó apoyo en su hermano Hungría, para preguntarle de qué sufría la madre de ambos, no se le dijo. Se lo preguntaremos luego al viejo. Por qué lo deseas saber Luis. Escuché decir a mama Martha, que ella sufría de albúmina en la sangre, y que fue por obra del cielo que yo no muriera en el parto. Lo que ahora recuerdo que dijeron fue que al ser un muchacho muy grande, y que al venir de espalda, la partera, que era muy diestra, te enderezó y naciste bien, esa es tu mamá.
-yo le digo mama Martha.
-¡AH bueno, ah bueno! Ahora comprendo, ella pudo morir.
Matulio que entregaba un aparejo dijo- yo le digo Madrina. Y los otros hermanos míos.
Matulio se rió al darse cuenta, que Cyrano en vez de masticar era mueca lo que hacia.
Come de esto hijo mío- dijo la mamá de Hungría, dejó salir las babitas de la boca. Recordó que no debía comer semillas de maní, protegidas por un veneno que aunque no hacía daño a los humanos, producía movimiento estomacales.
Me cuentan que te has convertido en un experto manejador de sogas, que eres un vaquero reconocido en la compañía CXAHF. ¡Será para bien muchacho! Creo que será para bien de todo, Gustavo laboraba en los Henríquez desde que cumplió los 14 años, aparejaba desde un asno hasta un becerro o buey de chifles largos. Era pareja de Cletodoro García, de apodo Chicuelo, los dos juntos rompían cualquier record nacional. Era formidable, al recibir su primer salario llevó en más de una ocasión un chicharrón de una libra que le costó 36 centavos a la madrina Martina Clase, además una torta de cazabe y una libra de azúcar. Eso lo hace el- decía ella- por cortesía y agrado personal. Lionés, otro hijo de Matulio, se encariñó con el machete que hasta el sanitario se lo llevaba y dicen los que son sus amigos que llegó a dormir con el, estando con su mujer. Llegó a creerse un Mambí, marchó a los cañaverales y entre cundiamores y el olor a zafra, mezcla de sudor y cachaza saboreaba los manjares de la cocinera y los cortes de la caña. No dejaba de visitar a la madrina y con el primer salario le entregó como Gustavo el Santo Caralampio, protector de los prisioneros. Pero cuando la señora Martina abrió el regalo lo que halló fue un saco de jaibas y de cangrejos. Eran tres docenas de crustáceos, pero también había en el saco de los referidos mariscos había un frasco de perfume con olor a la hierba de nombre ilan- ilan. Doña Martina se dio cuenta que existía un cordón que era bueno estudiar, para conocer si era bueno no cortarlo.
¡Me voy maestra, debo hacer un parto, seré abuela, la vieja reía con mucha facilidad, se quedó dormida hasta la 7. Mama Martha, abra soy Martina Desiderio, la hija de Cyrano y de Estefanía.
-Ya voy- respondió- ¿qué ocurre hija?
-Que vaya que la mujer de Josefo Sención está con los dolores.
-Está bien dile que doce minutos me tienen allá. Doña Martina pasó la tarde pensando en sus bisabuelos, buscaba conecciones con las flores y el pasado que la pudiera conectar con el tálamo y el hipotálamo, de las sensaciones que experimentó, viendo a su niña amarrando su vida juvenil en la víspera con los hilos de unas marionetas centrales de las cofias espeluznantes del jardín donde los cálices de las gardenias tenían dientes que mordían a las otras flores, que no fueran blancas. Era la primera vez después de 51 años trayendo luz a los hogares que en medio de un parto complicado, la mente suya pescara imágenes de una fantasía de las rapas de un sueño que nada tenía de realidad. De todas maneras, las manos suyas ayudadas por su bello ángel de paz, limpian las brumas entre la sombra y la vida que rondaba el catre. Dónde estaba la madre de Julián Caborix y Ercilia Sención. El rebuzno del asno de Josefino Barbudito, la sacaron del influjo del sueño que su mundo mental había creado. Posiblemente engendro del cansancio y consecuencia de la presión de las ultimas semanas donde los policías y de los soplones, del régimen denunciaran a sus hijos contrarios a las tareas obligadas que el señor alcalde, estaba obligando a los que a El no les simpatizaba.
San Ambrosio y gran doctor de la iglesia, olvidó a los pobres y no rezaba por ellos, para que la cosecha de los humildes, abolieran la paga usurera y diezmal, sin embargo patrocinó protegió en una ocasión a los cristianos versus bárbaros. La prohibición beneficiaba a los suyos, o sea, que Ambrosio ya no era santo, sino partidario y fanático, lo que amarillo era hoy, donde la honradez existe, y la justicia, seguía amarillo siéndolo hoy, mañana y pasado.
Eulalio continuaba al lado de don Santo Tomás porque creía en lo que medían las cintas de su consciencias. Pasaba los días pensando, balanceando los nudos de la realidad. Y lo hacía a diferencia de don Ambrosio, sin mirar colores, ni frialdad, febrilidad, ahora era archivador de imágenes, que a cada minutos repasaba y así se daba cuenta si lo que era amarillo hacía años, continuaba siéndolo.- Martina, los lunes siguen siendo Lunes, señalaba Lalo. En el mundo de lo justo… Pero en el mundo de San Ambrosio, los martes son jueves.
Martina movió la cabeza, no le gustaba contradecir a su marido, además hablaba con su ahijada Jovina, vaya por allá comadre dijo Jovina, para que se traiga una polla que los muchachos les han conservados, Jaimito que le quiere mucho le tiene unas libras de ñame y hasta le tengo algunas cosas. Días después Martina regresó con saco lleno de viandas conuqueras. Al llegar al río se detuvo y metió las piernas en el río, veía el agua deslizarse entre las piedras, que parecían de gentes, la cabeza, recordó el sueño que había tenido con la hija Ana Manelí. Se lavó las manos y echó agua hasta las rodillas, emprendió la salida al hogar.

Capitulo 12-

Me siento cansada, pero sintió vergüenza consigo, al escucharse, nadamás lo pensó, al dejar las aguas frescas del arroyuelo creyó haber visto la cabeza de un perro que bebía en la piedra donde lavaba Yindina, la que se ahogó casi en los secos el día de San Juan. Sacudió la cabeza para borrar la imagen de la mujer difunta con cabeza de perra. Ahora movia las patas delanteras como si el fantasma se peinara con las manos y no se iba de cabeza. Se encontró con Apolinar Polito, Crisóstomo, quien la llamó- doña Martina- déjeme ayudarla la siento que lleva el sofocamiento de los años.
-¡Qué bueno que llegaste! Hipólito le pasó una sonrisita de perro. Sentí miedo al cruzar el arroyo, y todavía no encuentro las razones- dijo la partera. Le dio las gracias a Polito, éste se marchó prometiéndole a la vuelta llevarle una o dos jaibas. Cuando ella entró a la ermita, Lalo contaba el dinero que bahía colectado durante los meses del año. Le preguntó por lo que hacía con tanto cuidado y éste sin mirar para donde estaba Martina, le dijo:- quiero que lo cuente, para que me digas para comprobar si me he equivocado. Martina lo halló alegre y distinto. Son seiscientos sesenta y seis con sesenta y seis centavos, 666.66 centavos, no me gusta el esqueleto ni el fluido de ese número. Señaló tomándose la oreja izquierda con la mano derecha y la derecha con la izquierda, bajó las manos a los hombros dejando que llegaran por la fuerza de la gravedad a su dirección y normalidad. Cuando terminó de guardar, lo que para Lalo era una fortuna, martina le pasó una taza de café y de nueva gana dijo no me gusta ese número. 666.66, no me gusta esa cantidad tampoco. Era 20 de diciembre y martina pasaba las horas diciéndolo.
-Oye, nunca te lo he dicho, pero llegó la hora- siempre que deseo algo especial café… sin pedírtelo, Martina tú me lo has traído, para mí eso es ha sido un indicativo, que el uno nació para el otro. A veces he actuado en correspondencia con los tuyos. ¿Quién era la persona que contigo vino con el saco? ¡Era Hipólito Crisóstomo! Iba de pesca y me dijo que si le iba bien me traía mi parte. ¡Tu ve Lalo, tampoco ese número me gusta! ¿Qué te pareces? -Me parece que la energía espiritual que tenía ha cambiado para mal, esa es la cantidad Martina. -¡Dígame… ¿qué tiene de malo esa cantidad? -¡No, no es la cantidad! Es el número- aclaró. Pocos días después de la fiesta de Santo Tomás, habló Lalo a su mujer, en tono trágico y de lamentaciones, la forma como sucedieron los hechos, los matrimonios de los hijos de ambos, debió ser como mandan los abuelos, según El, de la manera que fueron. Estoy dolido por las decisiones de mis hijos e hijas, pienso que debieron conversar con nosotros, sino lo deseaban por las razones que fueran, es cierto que es en piso de tierra que vivimos, con techo de madera y cobija de cana pero gracias a los abuelos que ningunos se enfermaron durante la niñez lo que me duele es que quisieron llevar nuestras bendiciones, eso es como una daga de esperalvillo hace sangrar esta viejo corazón. Cuando la matrona vio que decenas de lágrimas se movían para crecer, que como guerrilleras se internaban en las madejas de la barba como una tupida selva, traspasando las líneas fronterizas de su herido carácter, se acercó y como si tomara el cuerpo de un pequeño recién acabado de ser ayudado a nacer protegió al pequeño en sus manos y muy amoroso pecho el de su amado esposo que su gran defecto es haber sido pobre, pero muy generoso, honrado y trabajador como sus abuelos y padres. Ideólogo de que era mejor solicitar ayuda, que solicitar prestados. Así morir en los bosques de la locura como los enemigos de su honradez los juzgan. Hemos sido y seguiremos murmurados por uno de cada diez, de los vecinos que con nosotros, comparten esa hermosa campiña, de la que no, nos arrepentimos en esa vivir. Compartimos con los otros la frescura, que emanan desde el centro de la flora, dormimos respiramos, y hasta sin ser una cualidad humana rumiamos la ida de los seres como los hijos y la pena se adueña del alma. En caso de debilitadnos agosta y nos lastima no te preocupes que donde ti volverán, son como el elástico retorna a la primera fuerza que lo empujó es decir que le dio causa y razón de ser. Tú lo verás, lo verás. -Es cierto lo que me has dicho sobre todo cuando hablaste de la pena, pero mi familia es un panal de alegría, ni tú…ni tus hermanos y hermanas ni los míos destilan las grasas que destilan los acongojados, ni los melancólicos. ¿Verdad que no Martina? ¡Verdad es! Dijo con suave voz, la partera. Mi corazón ni el tuyo almacenan amargores, suplicios negros, empañadores de los cristales de nuestra debilidad tampoco Eulalio tenemos de que arrepentirnos. Si hemos ofendido la dignidad vecinal y la de nuestros críos no lo planificamos, imposible, cómo íbamos a planificar algo nos perjudicara ¡Imposible! Se marchó para los Guanábanos y las Aromas al dejar el río permaneció un momento conversando con la señora Florinia García, quien como su amada Martina ejercía el oficio de partera, en los Morones, sin la aprobación de Jerónimo Bonilla, alcalde pedáneo y su marido. Era fuerte de abdomen salido fuertes piernas algo menos que sus reacciones temperamentales. Dueño de las sombras del poder ahí como buey viejo rumiaba. Florinia como las matas de amapola alta y frondosa sobresalía entre los verdores de las jaguas y de los cañafistoles y de los almácigos y de los caobales. Bajaba los racimos de las palmeras con las manos hasta las puntas de la penca. Era de expresivas sonrisas de ojos grandes anaranjados parecía una paloma blanca al caminar elegante, activa, abierta y gentil cruzó las puertas del universo vital a una niñez desvalida de escasos recursos para crecer. La pobreza a que habían llegado más que eso era dolo sombras, necesidad, puente, honduras, bejucales, calillajos y muertes. Florita como doña Martina daba su vida a cambio de las criaturas que invadían en esta condición antihumana, madre de Santiago y de Marín, Amparo, Justa, Leonidas y de Quimy. Las presencias de estas dos mujeres, fue como el sol en los hogares de Valentín Silverio y de Salustiana Vásquez, de Felipe Polanco y de Juanita Vásquez, en la de Diego Silverio y de Juana Vásquez, como en la de Pupa Cantalicia y de Francisco Navarrete. Era comadre de Eusebia, de María Leandro desde muy pequeña, más que comadrona o matrona fue compañera de incertidumbre y de dolamas. Eulalio sintió deseo de afeitarse, el día que Adela, su hija, se marchó hacia Montellano, con Emeterio Ventura, empero entró a su paraíso y entre respiraciones y oblaciones halló paz y sosiego que su esencia requería con urgencia vital, bebió del agua santa de su calabazo, obteniendo las energías como calistenia sagrada, estiró los brazos, repolló un nuevo aspecto en su rostro y la apariencia volvió a respirar hondamente, hallando la pacificación comprendiendo que los hijos como la palmera las auyamas y el maíz. La energía cohabitaba de su cuerpo era color violeta amplificada con la actitud de su hijo Demetrio, quien tomaba camino haciendo trochas en líneas horizontales, huyendo al vaho de pocilgas y a miasmas salidos de la neuroanatomía, de los cuerpos muertos con las asesinas balas del Tirano en el 1949. Martina entendía que su marido necesitaba café y como en otras ocasiones entró para quedarse en el corazón de Eulalio. Recordaba el padecimiento de los dolores de espalda y de caderas. Recordaba cuando fuera sometido por la impertinencias muchas veces se acomodó entre mallares, matojos y espinas cual puerco cimarrón entre el dolor y el fango. Susurrando para evitar la herida en el pellejo parando la hemorragia interior que ahogaba el alma suya de convento rural cortado con un estilo de platino diabólico, infernal. Que en noche de luna llevando la azada bien amolada iba al pradito a desyerbar, recordaba que con sus dedos de carne y de sufrimientos, sembraba, la habana, el esqueje de la yuca sietemesina, recordaba cuando andaba encima de sus huellas, devuelta al bohío desde Yasica, pasando por Gaspar Hernández, desde Sosua y desde Montellano, con los pies cansados, hinchados como los del guerrillero solitario, Rafael Enrique Blanco Sosa, del que se llenaba de orgullo haber sido su amigo. Martina con su ternura, entregó la jarra de café que le había llevado, aceptó que lo había minutos antes deseado. Nueva vez Martina, diste en la cabeza del clavo. No hacía dos minutos que te imagine entrar con esa jarra de café… siempre con la mano izquierda sirviéndome. La voz del devoto de Santo Tomás se ahogó, parecía que lloraba, que palpitaba su corazón muriendo de adoración. Quizá viviendo de pasión. Junto a los vuelos de mariposas que con sus recuerdos llegaban. Y el trino de un ruiseñor que el caballete de la ermita hacía de uno de los genios de la mansedumbre de la quinta o de las veinte y una sinfonías.
Martina humedeció los labios, y como si planchara, pasaba las manos en la espalda de Eulalio hasta dejarlo complacido. Dijo que estaba satisfecho, separó su cuerpo del de ella le pidió que le recortara la mitad de la barba, y que la llevara como una entrega al altar que la pusiera frente los predios de San Ambrosio el usurero. Después de complacerlo se introdujeron en un abrazo de botella pareciendo un solo cuerpo con dos cabezas así la llama del hogar eliminando las brumas que como íncubo deseara penetrar a la vida en que cual de los esposos más comprensible del torrente del paraje. ¿Cómo se llama el paraje? Ellos son de cualquier lugar, son ambos sin fronteras geográficas, para servirle a los demás, entonces de ¿dónde es que son de veras? Fue él quien interfirió aquella expresión y escenas de amor senil. ¿Cuándo seremos abuelo Martina? ¿Dímelo dime cuando? ¡Pronto! Muy pronto lo seremos! La mujer de Demetrio dará a luz en pocos meses, la de Emilio también. Déjame decirte que, Adelia dará a luz en 26 días, tendré que dejarte solo. Iremos los dos. Está bien estaremos juntos en Montellano. Como el que no quiere la cosa se sentó en el borde de la Hamaca miró a Martina que lo miraba sosegada, miraba de soslayo a dos lágrimas que emergían desde el fondo del cofre de su vida de anacoreta romántico. Acarició la vieja barba, pero sonrió porque estaba recortada, dejando ver la blancura de su pareja dentadura, pero la cara era un papel sin escritura, un beso que no se había dado, la palidez residente en los aposentos era un acuario de dolencias comprimidas, un arco iris de mustios colores entre leves risas y toques de dedos y de pies de donde salía un rayito de luz más allá de la frontera humana y logístico. ¿Te sientes bien Lalo? Cómo estás con tus sueños y con tus anhelos? ¿Dime acaso ya tienes lo que buscaste? ¡Qué pregunta que pesa! ¿Qué le pusiste Martita? ¿Por qué? Nunca te he oído- dijo ella- hablar de lejanas metas, nunca hablas de amigos, ni de hermanos o de primas o de primos, ni de comadres tampoco de compadres. Nunca cuentas lo que te sucedes en los viajes en los pueblos que visitas. ¿Crees tú viejo mío, que podré contar a tus nietos y biznietos lo que eres o lo que fuiste? Sabré, amado mío, dijo- mientras metía sus casi arrugadas manos en las del ermitaño parcial, hablaban de esa manera. Es cierto, no hablo de mis planes lejanos, sus hermanos son los míos sus amigos son los mismos amigos míos. Soy un individuo que ama cuando ama y quiere hasta siempre, hasta la madurez. Cuando tengo a quien amar lo hago con fuerza y pasión. Sabes Martita, con el cuidado que exigen las circunstancias, Martina buscaba en silencio la manera de sacarlo del altar, cargado de decenas de quintales de imágenes y de fluidos pantomímicos que podían dañar el equilibrio emocional y racional. Fortalecer la tristeza. Anteayer hubieron dicho que ningunas de las dos familias existían personas que destilaran el sufrimiento como un alambique doña Martina consiguió que dejara la cueva o lugar de meditación suya, durmió en su dormitorio despierto de un sueño de más de doce horas fue al río a recoger piedras color aluminio luego de bañarse. Guardó las piedras en el santuario izó las ropas mojadas en los tendederos, pasó la tarde entera en a la sombra del tamarindo, de la madre de doña Joaquina Marcelina Clase, la madre de Martina, conversando con Ursula su cuñada, hija de don Delfín Polanco, pero con quien más habló fe con Patria, hija de la señora Ursula, sobrina de Martina y hermana de augusto, de Nereida y de Colaza. Los hijos de la señora Ursula en la santidad del referido árbol de tamarindo. Patria llamó a Lalo y redijo- me alegro que usted esté rosadito como un cajuil, veo que se quitó la barba. ¿Cuántos años permaneció para podarla? Puedo decirle tío que mucho me agrada verle barbudo. Lo vi salir del río y fue cuando comprendí la magnanimidad de esa, despertando en mí un inexplicable sentimiento. Lo recordaré como a un tío hermano de mi madre o de mi madre. El señor Eulalio comprendió lo amplio que era el mapa de la realidad y que era un huerto donde crecían todas las flores. Era una sabana donde los sentimientos se extendían… pensó que era un guayabal donde probaban todos los gustos propiamente… y para todas las circunstancias había. La sobrina de su mujer abría las razones de su alegría. Hacía unas horas que se querían dejar, élla sonrió verlo sonreír. Dijo él, me alegro que esté aquí, que haya venido con Ursula, encendiendo la mecha de la familia. Las y los sobrinos de martina son mis sobrinos y como mis hermanos. En cuanto al corte parcial de la barba, llevo tres días sin esa, y no me ella… se la entregué como una promesa de varios años… miró a la sobrina política con cuidado extremo. Tenga un traguito de café caliente, cuñado- dijo doña Ursula-inundando el ambiente con energía espiritual, ella observó. – pues sí sobrina Patria, tenia bastantes, quizá 20800 días más que menos, déjeme decirle lo grandiosa que han sido para mí, tus palabras, en estos momentos… encendieron el pabilo de mi existencia renovando las energías vitales lavaron el miedo y las basuras, que nos clavaron en mitad de nuestro crecimiento, crecimos con el temor, así creciendo los hijos nuestros y las hijas de los hijos. ¡Salve! Ha sido salvia mágica, para mí y para los míos benditas sean si no han sido ya tus palabras. Con voz sosegada le preguntó si era cierto que se mudaba con el Cándido Silverio, el hijo de doña Feliciana Bonilla, esperó rascándose cerca de la oreja izquierda, has que le dijera- así será tío Lalo, eso es correcto díjole mirando el polvo, que una gallina expelía, con las alas desde su bañadero, para Eulalio élla parecía avergonzada, le pellizco en la dermis y tocado sus sensibilidades íntimas. Quiso echar hacia para atrás, pero si era cierto para qué mostrar arrepentimiento ni agravios además Lalo era su tío político de mayor respeto. No lo quería como un tío pegado… era la verdad y esa no se iba a retirar, seguiría siéndolo por toda la vida. La verdad tenía una sola espalda y una sola mejilla, no había aprendido a acomodar las cosas con el hábitat, de acuerdo a los colores…no era un simulador fabulador camaleón, sería un asqueante mentiroso. Pero Eulalio no sabia que su primera hija había muerto. ¡Don Lalo, dijo ella- hace dos años que vivo con Cándido, él es mi marido, debo decir que soy una de sus mujeres. Tenemos un domicilio pertenezco a él… la nieta de Delfín Delfo Polanco y de doña Marcelina Clase, no podía dudar de la fidelidad y lealtad a sus progenitores antepasados. Su vos se agotaba, se caía. La tarde llegaba con los rebuznos de burros y con los vuelos de las garzas, de palomas y con de voces galleriles y de recueros retornando a los corrales. Se escuchaban con frialdad escasos ladridos de perros hambrientos, en los aleros de la casa abrían los portales del anochecer hasta la bella madrugada. Lalo se dio cuenta que estaba solo sintió que la almohada de Martina estaba fría, miró por la ventana, no vio a nadie y a nada pero la presencia de algún avechucho salido a los elementos, pero aún no iniciaban la sinfonía de prealbura. La calma era de sepulcro, el silencio dormía, se puso a repetir los versos que un día de santo Tomás la maestra recitara, lo hizo sin mover los labios…
“ ¡poeta! Di paso, los furtivos besos!... ¡la sombra! ¡Los recuerdos! La luna no vertía allí ni un solo rayo...temblabas y eras mías. Temblabas y eras mía bajo el follaje espeso…” esos versos colombianos les elevaron al cielo de la vivienda, y concluyó con su farola de luces… cantándole con voz atenuada “Santo Tomás de villa nueva, Santo Tomás querido esas bolsas que en tus manos llevas el señor te la envió para recoger a tu bienhechor ¡ese soy yo” y por esas olitas de la mar que vienen y van, lléname la casa de bienes y de salud! Bostezó con el silencio con la oscuridad de la madrugada respiraba por el ombligo y por los oídos. Las manos las llevó sobre su pecho, las cruzó como si estuviera muerto, creyó cortar la cinta de la inauguración del puente de la soledad con la suya y se estremeció como si temblara la tierra, las aldabas de las ventanas lo creyeron, cruzó los pies y la alegría almacenadas en su cuerpo salió, parecía un difunto sin dolientes, en la oscuridad creyó que se acercaba Martina esperó y al cruzar los recodos de su fantasía se quedó otra vez dormido. En la cañada del hipotálamo recibió un correo de imágenes con sensaciones de placer, lúcidas, cálidas lúdicas junto a otras de bellísimos rostros de mujeres que en su parecer eran girasoles, otras que eran nardos, las margaritas les sonreían y acariciaban tocándoles las manos y las orejas de maíz. Un aire llegó del río y como súcubo lujurioso pasó pellizcando el sosiego y despertó asustado con las imágenes de sus hermanas y hermanos. Doña Martina venía algo preocupada por los resultados del último parto realizado a la mujer del profesor José Minaya, era palúdica y con otras complicaciones y gracias a dios había llegado a la desembocadura de la felicidad. Era un niño de ocho libras, con todos los órganos normales en su puesto. José Niño Sención, hablaba con Lalo, estaba buscándola y le esperaba. Le contó lo de su tardanza, el niño nació con calentura, contó que hubo que bañarlo muchas veces con agua fresca buscada del charco el “Brinco”… la más fresca del lugar. Ha sido el más difícil de mis partos, porque la criaturita llegó de espalda. Recordó el nacimiento de su primer nieto que casi parte el cráneo al nacer, “pero en este mi miedo fue mayor”. La cuñada del Prof. Minaya estaba embarazada de dos criaturas pero los médicos y los enfermeros rompieron la cabeza y el hombrito al último. Es lamentable que ocurra en manos de los que estudian las maneras para realizar el parto humano, empleen acciones que ni nuestras comadronas emplean inadecuadamente. Cuando Martina entró a la sala de la casa de José del niño Sención, la comida estaba servida en la mesa, preparaban ensaladas de remolachas, de repollo, tomate y aguacate sazonado con vinagre de naranja babor. La batata era frita, los guineos hervidos, las arepitas eran de yuca combinada con harina de maíz. Llevaron a la mesa un jarro de chocolate de maní con leche de chiva berrenda recién parida. El señor Eulalio guardo a su mujer el baño de María, para la hora de la siesta. Ocho años después la noticia de que la revolución cubana había triunfado en la sierra maestra, entró a la residencia de don Lalo como la llegada de los rayos del sol luego de 16 días de lluvia. El doctor Castro enviaba desde Turquino la energía proletaria para los pueblos oprimidos del universo especialmente a las poblaciones caribeñas, antillanas e indo americanas, sin empujones ni puntapiés. En la provincia El Granma el pico turquino hace guardia a los 2040 metros de altura, se convierte en faro de luces irredentas enviándolas a Maimón, a Estero Hondo y a Constanza, siendo como tres altares de tres iglesias de un santuario para los campesinos americanos y del resto del universo. 1949, 1959 el hombre, la historia, la humanidad, los hijos de Luperon, los del general Desiderio Arias como de Demetrio Rodríguez harán el santuario para oblacionar los caminos de imborrables huellas, páginas de sangre y de lirios libertarios. Libros de libras inmortales, de páginas esmeraldinas, simbografia de esperanza, montañas… la costa, palomas peces, cangrejos y garzas, integración de bosque. Cansancio la sombra de los almácigos, de las guásumas esperando compradores de la flor de la cosecha, de la cosecha en flor, de la puerquita en la barriga de las mamas. Simbiosis social, montañas y costas Maimón, costa Estero Hondo, estero profundo, montañas hombres, montañas niños niñas y mujer. Pero desde el Turquino llegaba la luz a las parteras y sus hijas e hijos: Martina, Gelo, Pancha, Flora parteras… alumbramiento del pensamiento, del sufrimiento bajo la tiranía de Rafael Trujillo. Demetrio, Ursula, Patria…los hermanos son primeros que los sobrinos. Eulalio vio caer de la mesa su plato. La niña que aun dormía en el proyecto se rasco las greñitas mandingas, pero escuchaba el pensamiento de su abuelo y lo tradujo a ternura primero con dolores, los convirtió en besos de aromas en labios de mazorcas de maíz. Matorrales, enjambre, arenales bueyes pastando en hierbas sucias con las botas de las tropas antidemocráticas de los llamados cocuyos de Petan y del general abuelo y padre. Era veintinueve de junio 1959, 15 días luego del desembarco crujieron los aromales, dieron a luz los inmortales a los soles que terminaron en los caminos escondiéndose en lo alto de las casas calentaron los capullos para que volaran las mariposas y las crisálidas se internaron en la mentes de los hijos de Martina y de Eulalio Santos, en los ahijados y en los hijos y nietos de estos, soñaron el atardecer de la tiranía. El amanecer tenía que ser con vuelos de garzas blancas tras de los canteros del arado… con capullos de crisálidas y papilones verdes. Eulalio lo sabía, su barba estaba tan larga como antes. Los guerrilleros llegaron a las lomas con zafarranchos y con barba como la de don Eulalio, devoto de santo Tomás. Del pecho de este devocionario pendía un mandil y un retrato de san Ambrosio el usurero, al que exorcizaría por ser protegedor de las oligarquías que combaten a los gladiadores de las montañas maimoneras y constancinas. A los poderosos, a los dueños de las sabanas latifundas. Trujillo era devoto de san Ambrosio, padre de la iglesia latina, arzobispo de Millán, amigo de san Agustín y de santo Tomás. Lo dije era enemigo de los guerrilleros. Lalo que dejó la fiesta de san Pedro y de san Pedrito, el 29 de junio… desde que llegó a la casa se internó en lo que era más que una ermita un santuario de oblaciones. Recibía el café de manos de los suyos, en especial de Martina… recibió frutas y sábanas limpias anaranjadas. La toalla azul, con blanco, con algunas pintas rojizas, que tenía en el cuello era su bandera, permaneció ahí hasta que bajaron muerto al último de los rebeldes de las montañas señaladas, por temor a ser vendido por proxenetas del entorno Altamirano, de los barbudos guerrilleros en el mes de agosto y de septiembre. Supo que tiraron el cuerpo estuprado, matratado, sin vida en el play de pelota de don Higinio Henríquez. Las garzas dejaron su vuelo, el dolor las escondió, entre las ramas, el revoloteo, se oía como una queja como una larga angustia, como un suspiro agónico. Estaba ahí dejando ver la carne de cerdo, tan pálida que por los recuerdos, aún en Las Aromas no la degustan, tirado en las gramas pisoteadas, escuchaba los lamentos y las quejas que el pueblo de Bajabonico de las Garzas de las Anacahuitas, susurraba entre el dolor y las penas destiladas cual alambique en goteos de sufrimientos y de amargores. Las botas tiránicas polainadas estaban pisoteando el perímetro de su túmbalo al natural, mostraban los lívidos intestinos del valiente guerrillero. Era la cara de la libertad, en los gramales tiránicos que como el guao acecha para asesinar el pellejo al que traspasa los linderos de su sombra. Así Eulalio veía la cara del guerrillero creyó que le llamaban el tuerto veterano de Corea.
En la vivienda de don Benito García hacedor de la fiesta de san Pedro, hombre de estatura descomunal, los que lo veían les ponían 7 pies y tres pulgadas, y 78 años, se doblaba a partir de la cintura como una mata delgada de cocotero, azotada por los vientos existenciales… escuchó algunos disparos aquel 29 de junio y ciertos comentarios lo llevaron a su vivienda… recordaba que Martina le llevó dulce de tamarindo para que durmiera y dulce de jagua para que no despertara sediento… también pedacitos de guayaba endulzados. Martina trazaba el plan pera retenerlo en alejamiento de los que no lo conocían, había que atarlo como un toro a una sombra, el agua y la comida llegaban sola cuando ese tiene dueño. Ella mantuvo, a su santo Eulalio Santos, informado de los pasos de los guardias y de los guerrilleros hasta el último tiro de la montaña.
La residencia del señor Higinio Henríquez era la base del ejército de la tiranía, con 145 soldados sembrando el terror entre las aves… en los sembradíos de maíz. Cada movimiento de un soldado era la presencia de tambochas asesinas en los predios de Bajabonico de las garzas y de las Anacahuitas. Para Eulalio esa acción era un vómito, una náusea…
Las docenas de viviendas de la parte occidental del Río Bajabonico dormían bajo la presión de las 145 ametralladoras de la tiranía. Martina entró en cuclillas a la ermita a llevarle a una sábana limpia a su marido dejándole como a uno de sus nietos, luego fue con el alcalde de los Uveros a partear a la hija de un compadre suyo y de Lalo. Los disparos hacian parir, decía la gente, sin dolores, y meses cumplidos y las criaturas llegan con los nervios descompuestos. Eran las seis y seis minutos de la mañana como cualquier otra, las gallinas dejaban las camas sin arreglar, era hábito en ellas. Las reses de ordeños llamaban a los terneros, en líneas paralelas viajaban los pájaros y sin pagar peajes trazaban caminos al volar evitando accidente aéreo, no llevaban luces multicolores hacían sin embargo perpendiculares y múltiples ángulos. Centralización de llantos y de miedo. ¿Será ésta la verdad. Sobre la muerte de Faleriano Vásquez? Puede que así sea, el camino real y verdadero aseguran, que minutos antes de recibir los disparos mortales, que en el vecindario tenía enemigos interesados, en la pequeña parcela que había heredado de sus padres. ¡Pero bueno… de qué era dueño Fale? ¡Que yo sepa… no era dueño ni del fundo donde vivía!
- No hombre eso no es así, no es así, respondió Sixta Polanco cuñada del difunto.
Capao, hombre de más de 30 años, carreteaba en el central Amistad, clavaba el último de los seis bueyes de su carreta, miró el cielo comprendió que muy pronto sería de noche, no había sentido miedo imaginaba a Faleriano riéndose inclinado para mostrar la dentadura de oro en la parte inferior de su boca. Se echó el cuchillo hacia delante, y ya en el cementerio donde estaba sepulto Fale, se pasó las manos por los ojos y, se tapó los oídos para evitar oír algún murmullo, el muerto no escuchaba los pasos, del que en vida fuera su amigo, se había distraído oyendo los pasos que el corazón marcaba, ya en el río se lavó la cara para cortar las espumas del calor que se había producido por haber subido a pie a una velocidad de 90 millas por hora, llevaba la certeza de que en el camino les llamaron desde los Cándido, como no miró para atrás sabía que no tendría que ocuparse de la pesadilla que desde la cuna sufría.
Las guardias, que el general Juan Tomás Díaz, orientaba, tenia la base operacional en los almacenes de don Higinio, en Guanábano. Iban al río como si estuviera en fiesta… arrojaron una granada como ésta en el río, matando a todos peses y otras especies que ahí vivieran. Los habitantes de la comarca creyeron que se acababa el universo por el temblor de la tierra. La conducta de los soldados era carnavalera, bárbara y ridícula. Bebían rones a escondida de los superiores, fumaban cualquier hojas pero preferían las campanas, las salvias, los pétalos de rosa de Perú y la flor de cayucos abundantes para esos días del año, entre el play y la escuela.


Capitulo 13




Días más tarde del entierro del cuerpo de Fale Vásquez, muerto por uno de los guerrilleros, las comunidades de los Mieses, de Bellaco, cogieron con dolor la pérdida del brazo derecho del alcalde Santo Mieses, ayudante de policía rural de la tiranía, al servicio del dolor, al servicio de la sombra y de la muerte. Por esas y otras justificaciones eran carnavaléricas y ridículas la conducta del soldado. Usaban a los pobres campesinos como carne en la boca del cañón, como escudo más que ridículo era sádica, mefistofélico, infernal y corruptócrata. En el entierro de Fale Vásquez, la sombra del temor era un enorme pajarrasco que las alas llegaban más allá de la región traspasaban la piel de los jabillales, se internaban en los fogones de las cocinas de los jornaleros, en los tinajeros de las comadres y en los corrales de los compadres, en las cunas de los niños huérfanos del biberón. Picoteaba como un tiranosaurio, picoteaba en los conucos empeñados, en los aparejos de las mulas y de los burros cojos de la vecina, con sus garras levantaba las muletas de los cojos del lugar, hacia piruetas, en los cordeles y tendederos de las remendadas ropas de los cañeros y carreteros de los centrales azucareros. Lo veían en las velas y bailar con los palos de las escobas en los bailes por devoción, se convirtió en el terror de la pradera, entre niñas y varones. Cantaba en los cementerios, se burlaba de los atardeceres -Así es- dijo Plácido Vásquez, tío del muerto que esperaba el café de las 6. Martina estuvo triste, sus ahijados y cientos de nietos, tenían la pesadilla negra, como habían bautizado al temor, causado con los muertos en la Manacla de Altamira y los Pomos, montañas de los Altamiranos, a partir del entierro de Fale Vásquez. Los obreros llegan al central azucarero, los jornaleros recogían los instrumentos para su faena en los corrales cargados de recuerdos amarillos y los recueros de alimentos. La hora era buena pero dolorosa triste y alegre, roles confusos, era medio día pero estaba oscureciendo, no se sabia si coger para la izquierda o continuar en la derecha. Sólo Martina, la premio Nóbel de la paz, la Nóbel del mundo, del sur o del norte…la de Jamaica, la de Cuba…la de Costa Rica, de Maimón y de Estero Hondo. Del país… del área… de las grandes tiranías, donde gobernaban los cocuyos gerontófilos… la premio Nóbel puerto patéense, la del Bajabonico, primer ombligo acuífero del mundo americano, por sus manos humanizantes que no se emplearon para cortar, que no emplearon agujas para provocar dolor sino para dar a luz y placer. Esas no mataron no destruyeron cosechas ajenas, esas humildes cosecharon la vida, almacenaron el amor, facturaron circuitos de voluntades, esas no dispararon una sola puntilla de zapatero, acariciaron con el don de la planta, del agua y el don del aire, haciendo bien en su universo. ¿Qué hicieron las manos de Pérez Esquivel? ¿Y Carlos Saavedra Luna, en 1936? Cuántos ombligos cortó a mujeres desvalidas indígenas y negras… pobres y muy pobres eh, eh, eh. Pero ahí tiene su premio Nóbel, muchos lo merecieron, pero y a al campesino y campesina como Eulalio y Martina ni saben donde viven…son especimenes del universo cuántas comadronas y parteros habrá, para muestra basta a donde las manos de la ciencia no agarra las neblina de saber. Cómo es posible que a Teodoro Roosevelt, fuera beneficiado con el Nóbel de la paz en 1906 habiendo dicho “ningún triunfo pacífico es más grandioso, sublime y decoroso que el que se obtiene en el fragor de la guerra” los dólares empleados en la paz del universo… de cada dólar empleado para la paz, ¡Hun!... se gastan dos mil para la muerte. Me complazco con abrir las páginas de un charco de la historia, donde meto mis narices en los hechos muchas veces mal constatados, paso a paso subo por los escalones de los hechos y llego donde Martina Clase, con su manos felices de comadrona socialista, administraba la sal de la vida sin soplo, con las luces de la justeza de su juicio y de seguridad de su corazón dio a Luz donde solo había brumas y oscuridad. También dolencias, sacó del fondo del charco de lo desconocido la flor de la paz familiar a cientos de miles de familia, de hogares, con el genio de su ser y el encanto serio y sosegado de una gestión plegada a cosechar un mundo de una sociedad de hombres y de mujeres de la búsqueda de la igualdad entre géneros.
1. -¿Qué crees tú?- preguntó Jaimito Rosario a Gladis su hermana. ¿Sobre qué Jaimito? Respondió ella. Sobre la igualdad de la mujer, tema que abordaron Mamá Martina y la profesora Elsa Morales. Siempre he creído estar claro en ese asunto, a pesar que no soy adulto, no creo el cuento de la diferencia que en otros siglos han hablado eminentes estudiosos. En Eclesiastés 42, de la Biblia católica señala” de ningún hombre te quedes mirando la belleza, y de mujeres no te sientes… mas vale la maldad de hombre que bondad de mujer. Pero en corintio Pablo dice la cabeza de la mujer es el hombre, dijo Jaimito cuando una mujer a la iglesia allá en Corintio con la cabeza descubierta al sereno, pero eso no quiere decir que el hombre fuera, superior a la mujer… en génesis- continuaba Jaime Rosario- el hombre fue creado primero porque el marido es la cabeza de la mujer, como Jesús es de la iglesia… ¡oye cambia la cara manita! que tu sabes que pienso que la mujer y el hombre son flores y frutas del mismo palo. Gustavo Grusman Livon creador de la sicología de masa señaló- “una mujer inteligente es como un gorila de dos cabezas”. Un juh, está bien tu actitud, la que comparto en su totalidad… siempre han puesto en una bolsa de basura a la mujer, y eso a mi me desagrada en toda mi naturaleza de varón, eso mismo han hecho con el pobre y con el negro. Martina es una de esas grandes mujeres que sin haber tenido escuela el cielo le envió para que ayudara a la humanidad, en estos mundos de bien, de tormentos. La puerta de la casa de José Rosario y de Jovina se abrió empujada por el viento inesperadamente llegó entrando el señor Despradel Polanco pariente del padre de Ursula y de Martina Clase. Después de los saludos manifestó- supieron de la muerte de Faleriano Vásquez… en la montaña en el cruce “los Pomos” ¡ay su merced, y cómo sería? Se paraba, volvía al asiento se ponía las manos en la cabeza intentaba ponérsela en la espalda, la dejó en el estómago. Miró a Jaime y a Gladis no decían nada eran muy nuevos. Que barbaridad volvió a manifestar el padre de ellos, esa malvada sombra tenia que entrar a las entrañas de nuestra familia. Yo consideré a Faleriano un individuo enérgico pienso que lo empujó la maldita ambición, la del gobierno, todos vivimos… hay que tener cuidado, mucho cuidado. No era hombre de cuidado… los policías rural eran podencos entrenados, era un cancerbero…pero sin cabeza. los soldados de la tiranía tenía temor lo pusieron de señuelo tenían sentidos de dirección rural más que ellos. Eran carnadas, borregos llevando las manadas de guardias borrachos delirantes. Que dicen los que estuvieron allí primo Despradel. Así- dijo Deograciano que andaba con su padre Despradel, contaron que cuando Faleriano se acercó a una mata gachitas de naranjas pintitas, amarilliita de frutas y como llevaba el hambre de cinco días. A la tercera chinas gritó ¡aquí hay un barbudo! Algunos dicen que esa versión es mentira, que el se le tiró con un puñal de buen tamaño, arma que como explorador llevaba… ¡ay, ay hombre, ay hombre! Pobre muchacho! Decía Jovina echando chuispes y chipas de lamentos.
En esos momentos Martina hacia sin ser una matrona, partera diplomada, un parto

Múltiple en los manantiales, al este de donde mataron a Faleriano Vásquez en la familia Díaz Reyes en una casa aunque rural, era de cemento, confortable… en los predios de Marcelo Ripoll, rico terrateniente del lugar. –No, los muchachos y muchachas que he visado son niños sanos, completos, han sido recibidos con alegría… ahí estaba la sociedad esperándoles. Ningunos en término físico, son rechazables. Tengo… dijo para hacer un aclarando- 54 años en este arte y no tengo un solo caso de prostitución y de desviación sexual, para mí este es un sagrado quehacer. ¡Si señor! Luego ella dijo - ¿será esa la verdad de la muerte de Fale Vásquez? No puede ser el camino verdadero… cuentan haber escuchado que fueron sus enemigos los que pagaron para que lo mataran. Que les interesaba quedarse con parte de lo suyo. ¿De qué era dueño Faleriano? Preguntó el hijo de Estefanía la mujer del viejo Cyrano Álvarez. -¡Que sepa yo… ese muchacho solo tenia el fundo donde vivía. Eso no es así, dijo Sixta Polanco cuñada del muerto.

Lalo había pelado los cocos secos para la fabricación de las habichuelas con dulce del viernes santo. Creí siempre, que los maestros de escuela eran personas nobles y en quien se podían creer, que debían ser los modelos y espejos donde se podía alojar y mirar la juventud. Eso mismo de los curas, del policía y del pastor. ¡Así es! Señalaba- debiera ser así. Pero que ha ocurrido, Martita… ¡adiós… pero bueno, he hecho tres partos de queridas de maestros de escuela. Desde que la flor del engaño es cultivada… los judíos son judíos y las culebras son correas de cocodrilos, los puertorriqueños dejaron a Betances. Eso es lo que más hace el ser humano… las prohibiciones suyas… los yanquis hacen lujosísimos estudios pero terminaron fabricando la muerte. No debe sorprenderte por ese comportamiento porque en pocos minutos terminamos enterándonos que no somos hijos de los nuestros. ¡Qué dice Lalito! Se rió por haberle dicho Lalito. Tampoco porque…un hijo nuestro sea un fraude. Y como dices de los profesores y curas, tendría que dolerte cuando sepas, que sea dueño de un Harén, en los costurones de nuestras narices. Tu sabes viejo que el profesor de la escuela del Hervidor es José Eugenio Minaya, el hijo de la viejita Francisquita García, y del señor Reginito Minaya medio hermano de Tapio Minaya, el noreste del Bajabonico con referencia a Pozo Prieto, prospera comunidad de café, caco y frutos-víveres de consumo culinario. Abundante en cítricos y guineos dulces la mayoría dicen que subió al tren del magisterio con menos de sexto grado, pero de este José dicen que era el mejor de los alfabetizadores de todo el distrito número cuarenta y tres de Altamira. A partir de la llegada de las guerrillas del catorce de junio, vistió de caqui, en sus momentos de descanso, hacia una guardia de honor encima de la piedra más alta del medio del río en la cercanía del cruce de boca de Río Grande. También viejo, Rafelo Vásquez, había nacido en el fundo de los Vásquez debajo de gigantes matas de cocos y de mangales. De enormes palmeras. Jugaba con sus hermanos y vecinos en la sombra de los mangos maracatones, imagínatelo con soletas de yaguas, se subían en las matas de lechosos, zapotines y gustoabajos… pero le exigía a los que con el estaban en las ramas del árbol, guardar en los bolsillos la mejor y más grandes de las frutas. A ese muchacho lo enseñó a leer Casimira García, su madre. El padre era Manuelito Vásquez, hijo nieto de un hermano de Horacio Vásquez…cuentan que llegaron a esa parte de Altamira, en los finales de 1903, huían de los seguidores de Lilis al mando de Periquito Pekín. Dicen que llegaron por los montes desde Moca, a los 4 años del ajusticiamiento del dictador dominicano. Ese Manuelito era experto manejador de la coa y del machete de punta ancha, era agricultor, usaba lima de acero que mantenía en óptimas condiciones usando jugo de limón agrio por los días que no usaría. Continuaron toda la semana haciendo referencia de la clase de individuos del lugar, entre los último estuvo Despradel aquel que fuera donde Jovina y Cabito Suero a dar la noticia de la muerte de Faleriano Vásquez. Pues ese Despradel era hijo de don Venancio Polanco, quien era hermano de Enemencio cuentan que llegaron en actividades comerciales en los mismos días que llegaron los Vásquez en 1904, era el mas pequeño de tres hermanos que se internaron en la cordillera septentrional, en las proximidades del pico Diego de Guzmán, en la comunidad de Quinigua provincia Santiago. Diego del Campo, no, no, es Diego de Ocampo, mi abuelo contaba que ese Diego era un valiente esclavo negro, que hubo que maniatarlo para poder controlarlo… y en honor a El, la elevación mayor de esa cordillera lleva su nombre se paró del banquito donde estaba sentado y buscó para mostrarle a Martina, una revista donde estaba el pico. Por donde se cree que cruzaron los que huían desde Moca. Pero oye vieja…dice haciendo la señal del silencio, se callan o sea, dijeron en voz baja que los Lara llegaron a Imbert en esa misma época… ¡recuerda que el príncipe de aquella muerte fue el jovencito Jacobito Lara. Si, verdad. Los que llegaron a estos predios fueron Bernardino Polanco, Juaniquito hermano materno, no supimos el otro apellido puede que fueran Lara y Cáceres. Pero los viejos iban todos los días a donde los viejos Vásquez, de ahí que puede que fueran primos o quizá hermanos. La tropa de Periquito Pepín anduvo entre el Brinco y Pozo Prieto, por la Media Luna… rondaban estos sitios… no volvieron porque se encontraron en las ocasiones con las tropas de Gregorio Medina Silverio abuelo de Evaristo y de Berta y Julio Medina y con la de Nicolás Silverio ambos jefes en Guanábanos y Las Aromas. Ambos Jimenistas. Cáceres, Vásquez o Lara llegaron huyendo de Periquito Pepín quien era seguidor del presidente Heureaux. Varias fueron las mujeres de Despradel y entre aquellos muchos hijos suyos está Desgrasito a quien todo llamamos Pirujita, también Susiño, Raposito, y Juanito cosecheros de viandas como sus abuelos mocanos son ascendientes de Bernardino Polanco.
José del niño Sención recogía sus lágrimas en las pequeñas manos de niño nocturnal, cuando el padre suyo lo enviaba a la propiedad para buscar la hierba para el becerro cebú, comprado para semental. Por el camino lloraba y lloraba, con esas frías lágrimas lavaba la cara que no tuvo tiempo bañar antes de salir. Colectada la hierba parece que con la llegada de los rayos solares llegaba su alegría porque llegaba al corral cantando… le llamábamos niño contradicción, paradoja le decía la maestra; era calculador contaba las semillas de cajuiles que colectaba en los viajes a las propiedades. No lo vimos jugar en el camino, su hermano Gil tampoco. Las lágrimas fueron su inversión, la cambió por semillas de cacao, y por prendas vegetales. Sembró y cuidó las palmas carutas altísimas como las jaguas del Orinoco las cambió por caturras. Fue uno de nuestros compadres más jóvenes y ya tu ves ha sido tú quien ha ayudado a dar a Luz a sus hijos. La mayor parte de su vida la entregó a la carnicería de don Higinio, siendo desde jovencito empleado de la cofradía San Antonio. Mercedes su mujer de carácter severo y muy recto andar agridulcarada hasta cruzar la primera peña de la calzada de la intimidad filial. Sus padres Juan Santo Bonilla pariente cercano de doña Feliciana Bonilla esposa de Higinio Henríquez y de la señora Matilde Trejo Abreu. Entre sus hermanas Mercedes, Antonia y Chicha, estaba Blanca, con casi ninguna enseñanza, empero le agradaba enseñar a los párvulos, y como un ventorrillo tuvo un colegio casero donde según vecinos de don Higinio alfabetizaba. Yo no lo dudo por dudarlo sino que ella no estaba en esos peldaños pedagógicos. No tuvo un vientre fértil, pero amaba los hijos de sus hermanos y hermanas. Sus hermanos son Pablo, Rigoberto, Piro y entre otros Martín, experto jugador de patas y de espuelas. Era una gran familia en tiempo de Juan Santo y de la señora Matilde Trejo, celebraban la fiesta a San Francisco, a la que no faltaba don Higinio Henríquez y don Eulalio Santos acompañado de la Matrona, doña Martina Clase de Santos, los abuelos de doña Mercedes Bonilla Trejo, el señor Quintito Trejo y Amasaría Abreu fueron amigos de los señores Delfín Polanco y de Marcelina Clase, padres de la Partera de Manuel, de Artura, de Ana, de Elodia y de Silvestre de apodo Diógenes. Juan Santo era hijo de Plácido Bonilla y de la señora Santo Parra, es de ahí el apelativo de santo luego de Juan, ahora está más claro que su nombre es Juan Bonilla Parra, pero es conocido por Juan y Santo por el primer nombre de su madre. Criaba animales de corral y cultivaba la tierra, compadre de doña Martina le echó el agua bautismal a una de sus hijas además fue la comadre quien cortó, el bejuco umbílico, el cordón de vida a todos sus hijos… y desde donde se halle envía sus votos a favor de la entregan de premio Nóbel a la partera de once generaciones. Cuando ella, doña Martina terminó de hablar se marchó a la cama con la gallina no toleraba de pie la modorra morbosa, no pudo guardar los cucharones y las ollas en el alcayata. Los gritos y voces de los que iban para la fiesta no fueron valladares para entrar en contacto con el sueño, como si le hubiesen dado una sola cucharadita de zumo de hojas de rosa de Perú o de campana. La habitación estaba perfumada, olía a romero e ilán, ilán, hojas muy perfumadas también se sentía el perfume de mujer de media noche, lo que Lalo respiraba luego de la ventana era zumo de albahaca morada, el aire montañés abrazaba el cuerpo entero de la cama de Martina. Eran los azahares en flor, las margaritas, salió y cerró las puertas por fuera antes de ir también a la cama. Se dio cuenta que Cecilio y Emilio dormían complacidos pero Demetrio estaba ausente… ¿estaría para la fiesta? Se preguntó. En la madrugada cuando bramaban las reses de ordeño, como en otras situaciones, los cantos de los gallos, y el rebuzno del asno del viejito Juaco, daban los buenos días al alba, entonces Martina planchó con sus manos la espalda de Lalo, que todavía dormía, al despertar sintió extraordinario placer… ella llegaba del cuarto donde dormían aun Cecilio y Emilio Demetrio no llegaba, experimentó una leve tontera que guardó, tengo miedo… se pegó al espaldar de la cama, Eulalio se sacudió de temor también. Al mismo tiempo pero sin ninguno decirlo se preguntaron porque ese miedo inesperado. Las causas nunca sobras están ahí, estaban en la frecuencia de los sucesores, será el aura… Demetrio llegó avergonzado al encontrar a sus padres levantados. ¿Qué hacen levantados? Fue lo que al verlos dijo, conociendo la respuesta. Ya pasó con tu llegada. Cuéntanos qué ha ocurrido a la casa entró el fluido de algo doloroso y trágico, los gritos desesperados invadieron las paredes de nuestra habitación y acudimos a ver a los muchachos que duermen y al estar tú optamos por no acostarnos más. Esperaron que dijera. El señor Lalo ponía la mano derecha en el hombro izquierdo de su mujer de vez en cuando miraba a su hijo que calculaba la forma de contar lo ocurrido en la fiesta de Torán. Lalo ordenó volver dentro, hacia un poco de frío propio de la naturaleza que se mezclaba con el que produce lo desconocido. A orilla del fragor que salía del fogón con leña de aroma y de casi cinco minutos de espera manifestó- han matado con machetes y cuchillos a Bautista Bonilla y a Quico García. A Emilio Quiñones, lo conoce usted, papá, el enamorado de Adelaida, le dieron una pedrada y si no muere ahora de esa, temprano más que tarde, morirá. Los Parra, fueron los matadores de loma llanada. ¡De la Llanada! exclamó Martina. Entonando melódica sorpresa. Dime los nombres de lo que se supone matadores. Con tranquilidad expuso Eulalio Santos. Demetrio se levantó de su asiento y mirando por las rejas de las tablas y tablas de la cocina, escuchando los llantos de las mujeres del entorno de lo acontecido más que las palabras de don Eulalio, describía sin cuidado pero con prejuicios y con ambages; Miñingo Salvador, Silvestrino Parra… cuando terminó de hablar Demetrio, los gritos de los Bonilla, llegaban a la casa de Martina y, en todo el Bellaco Abajo se escuchaban. Ya no se hablaba de la muerte de Faleriano y del brazo de goma que como recompensa la tiranía había devuelto a Santico Mieses, dejaron de hablar de todo y de todas… continuaron yendo a los pericos ripiados y a las fiestas de compromiso como San Antonio y san Roque, santa Rosa, santa Ana y san Francisco y santo Tomás. Así era la gente de la frontera de los municipios Imbert y Altamira. Don Benito García tío de Quico García, continuó con el mismo ritmo y el mismo bongó.
Domingo soleado en la víspera de la fiesta de san Francisco, Salvador Parra oriundo de ciudad Llanada abrochó la correa, miró la solera de su casa se subió con el pie izquierdo a una toalla voladiza se internó sin darse cuenta en territorio de los Bonilla y de los García. Saludó conocidos, encendió cigarrillo y fumó. Comió galleta y salami. Jugando dominó, pidió al pulpero, un frasco de alcohol para el estribo, como decían los jinetes y se marchaba… en los Bonilla, cerca de donde vivía Castrina, vieja partera, devota de san Roque vivía además la señora Florita, partera también. Mamertos, adolescente, iletrado, soberbio… hijo de Quico García, muerto a puñaladas, en la fiesta de Torán; veía jugar trompo a un grupo de su cofradía juvenil. Sabe Mamerto, quien esta jugando dominó en la vela, allá en Rincón. El hizo creer que no escuchaba pelaba una caña cristalina con un cuchillo de los llamados mata vacas, miraba a los puyadores de trompos.
Eulalio en la ermita halló tranquilidad empleaba el Mantras de la Fe Baha´is, permaneció en la solemnidad de su santuario por más de media hora, en los aires del universo, entre las espigas de los maices y pólenes de rosales, aun se escuchaba su vos, repitiendo alwavaha, alwavaha, alwavaha… a veces decía ALAH WAJAH… Según sus conocimientos traducía la gloria de mis padres. Sin saber Martina y sus hijos donde lo escuchó comenzó a hablar de Baha´ulláh dijo que ese tenia un hijo llamado Abdu´lBahá a quien nombró “sucesor e interprete de sus enseñanzas…” algunos de los vecinos comenzaron a llamarlo “Lalo el loco” por la foto de Abdullbahá que llevaba en vez de santo Tomás. Repitió 95 veces la voz Alwabajá recogió en machete que dejara en la mesita cerca de los calabazos de las aguas santas con gestos ininteligibles llamó a Demetrio y continuaba con el Mantras lo hacia con el juicio, Alwabajá…
Los trompos roncaban como abejones, eran aviones de Caoba en combates, los de Naranjo eran recios trombones de aluminio y los de caimoní eran ventiladores por donde el vuelo del zumbador sosegaba un poco los cálculos del hijo de Quico García que se había comido 26 pies de caña cristalina, papo Chombo hijo de Florita la comadrona coordinaba las acciones de uno de los dos equipos jugadores de trompos, el otro lo hacia Herminio nieto de Castrina la vieja partera, ya difunta. Mamerto se metió las manos en los bolsillos regaló todas sus cosas entre esas dos abejones que era lo que de niño le agradó jugar. ¿Quién es que dijo usted cuñado está en la fiesta de Lolito Díaz? Yo juré siendo un niño vengar la muerte de mi padre, llegó la hora de cumplirse… todos los hombre y mujeres tenemos algún compromiso que pagar. Cuando papá murió yo tenía solo 11 años. Ah con que don Silvestrino Parra anda metido en mi vecindario, en mis peladeros… estaba jugando dominó en la única pulpería del lugar.
En la mañana de ese domingo un grupo de muchachos de Bellaco y del Alto jugaban béisbol en el pley de don Higinio Henríquez, los peloteros de Bellaco eran los nietos ahijados de Mama Martha, encabezados por los hijos de Gil Sención Chiche y Blas. El juego de pelota había finalizado todos cogieron para sus casas, eso parecía… quedaron en repartición de honores. Las cuatro de la tarde, las garzas volaban con menor intensidad, los concurridos al quioscos para ver el juego de pelota permanecía aun en tertulias espontáneas, los de las pulperías, los de la iglesia y de la tienda como los transeúntes vieron que un hombre joven se movía llevando en la mano derecha un largo cuchillo del que parecía gotear sangre… lo he matado, lo he matado, repetía Mamerto García, que con pasos dobles “envaivinados” se encaminaba a presentarse al cuartel de policía de Imbert donde minutos mas tarde presentó declaraciones.
Estoy enterado, dijo Lalo a su hijo Demetrio, que gusta irte para los montes, ten cuidado. Está bien papá, ésta tarde si usted, no tiene, algún mandado, iré a la tumba donde murió Jerónimo Escaño. ¡Pero bueno! Eso está demasiado lejos, hijo mío, tenga cuidado. Dio la espalda al hijo y se fue a conversar con Adelia, una de sus hijas, por sospecha de Lalo, estaba preparada para en la menor oportunidad, marcharse por las palmas, con Emeterio Ventura, novio suyo de últimas horas… pero que a Lalo lo que ese individuo tenia de bueno, por lo menos, era ser primo hermano de Miguel, de Antonio y de Marcelino Ventura, quien era policía y los dos primeros mecánico y carpintero en los talleres de don Higinio Henríquez. Miguel estaba pensionado como sargento de la Marina de Guerra. Adelaida los primeros años de casa los pasó en los bateyes de Cangrejo y de la Gran Parada de Muñoz en el Central Montellano, vendiendo comida a los trabajadores en los cortes de caña sus abonados eran parientes residentes del valle del Bajabonico, vivían en la barracas del ingenio Montellano. Llevo jugo con hielo picado, lo decía en voces melódicas la veces que repetía alguien la llamaba para comprarle. ¡Agua fría y arroz con leche! Tengo moro de guandules verdes y carne de res, maíces tostados y sancochados saladitos. ¡Eso llevo! A nadie le importaba las propagandas de Adelia, los haitianos comían empanadas y Yaniquequis, tomates con maíz hervido, pero allá en Boca Nueva la economía de la hija de Lalo y Martina cambió y de cinco pesos que ganaba en la mañana, lo quintuplicaba. Tenía ahora cinco mesas con manteles blancos y con servilletas, agua en vasos de cristal, siempre tuvo en su corazón a su familia, especial a sus padres a quien ponía los regalos fuera o no fuera su día o el de sus cumpleaños. Doña Ursula Polanco, le recuerdo a usted… que es hermana de mi mujer, tenia el apellido de Delfín Polanco y Martina el de Marcelina Clase, eso me preocupa, que se traerán. O será simple travesura familiar o descuido de abuelos. Ambas eran dueñas de cunetas y canteras de energías absorbentes irradiaban un amplio diámetro y según la opinión de la población era imantizados con esas fuerzas limpias como manantial divino llena de limpieza y de positividad, que vista al compás de la luna o al ritmo solar… no concluyo… pensó en su hija mayor se marchó hacia Gaspar Hernández, y luego a los vecindarios del copey de puerto plata. Ohhh, aunque la alegría, la trajo en niño Rafael, hijo de un comerciante Beduino, vivió en los Bonilla cercano a la comadrona Castrina, entre los Morones y el Masacre. Inicio, por recomendación de don Higinio Henríquez, la celebración de las flores para la coronación de la virgen en mayo cuando la naturaleza devuelve en flores el sudor de la mujer y el hombre como las dos expresión mas sublime del universo. Patria era vecina de Felipe el que llamaban el Baboso y de su hermana Castrina Polanco. Las ideas les copaban su mente, las pasaba por los ojales de la “loca de la casa”: su imaginación, les resbalaban, las dejaban caer a pesar de los consejos comprendidos como buenos, dejó el lugar, no es que no quiera vivir aquí, quién ha dicho que por eso sea, tanto que me agrada el fondo del río, tan fresca el agua del saltadero y del arroyo el Brinco. Me gusta ver los burros corretear, y volar las gallinas. Tengo que irme… me voy no me gusta que me vean arrastras detrás de las huellas de la pobreza, que como herencia al nacer recibiera. Mamá es de cariño millonaria, pero cómo me compro una alpargata o un cuaderno para enviar a los hijos a la escuela con esa riqueza. ¿Con esas monedas van mis hermanas con las vísceras alimentadas? Mis parientes dicen que soy loco como papa Lalo, ni soy loco ni tampoco El, no porque sea mi padre, sino que los locos ni suman ni multiplican. El es diferente, en vez de seguir en Montellano y Amistad cortando Caña friendo la piel en la cachada y en las espinas del barbijo cañaveral prefirió ser un pedigüeño generoso, llevando en su mandil la imagen de la Caridad, hacia discurso contra san Ambrosiano al que llama el usurero… ¡ja,ja,ja, ah mi papá! Cecilio era como Paula dijo Adelaida, era el benjamín de los Santos Clase, flotaba en la esterilla de su realidad, pero se molestó con las palabras de un latifundista cuando dijo- “si quiere acabar la pobreza debe comerte un pobre todo los días” no recuerdo ni su rostro, pero se que así es como piensan los burgueses, así piensan los blancos, que han acabado, creen que hay que acabar con los negros lo matan poco a poco con trabajos mal pagados.


Capitulo 14
En la enramada Emilio y Demetrio hablaban de que cuando el lazo sea de los negros ahorcarían blanco… pues si, algún día “ajorcan” blancos, es posible… ¿cuándo será? son todavía dueños del lazo y del dinero. ¿Cómo que quién, y los asuntos,… se quedará como Perico en la estaca?
-Me voy dile a los viejos, que vuelvo tan pronto como pueda. Entre los aparejos de sus sueños, miró las gallinas que se quitaban el polvo de las plumas, como si salieran del charco La Piedra; sintiendo la agradabilidad veraniega, bajo las nubes de sus ideales se creyó libre entonces al ver las palomas sentándose en el caballete de la casa y en vez de reír pensó en su hijo que nacería con la ayuda de su madre Martina. Paula cruzó para la cocina llevaba un racimo de rulo 4 filos para la cena, su delgadez la hacia más alta y su rostro alegre maduraba rápido con la rebeldía de su cabello, las narices mandingas suyas respiraron el perfume de Emilio que entró cargado de leña y aguacates para hace una ensalada para a cena. Lo llamó para que le soplara los ojos pardos color café claro, tirando a pardos. Era la mujer de Juan Larguito, el barbero de don Higinio Henríquez, madre de Guanín y de una muchacha parecida a Martina. Paula, era de las hijas de martina con inclinaciones por la partería, de espíritu jovial, muy afable y muy cariñoso. Llena de humildad, no presentó contrariedad a nadie ni con nadie eso era bueno. Amaba a los niños, buena madre, buena vecina, buena amiga y buena vecina. Cuando en el 1973 ocurre la defunción de su madre Paula creyó que se desmoronaba el universo, pensó que mas que a Martina perdía toda la corte familiar. Permaneció enferma en estado de “coma” y de inconsciencia.
Emilio como sus otros hermanos, el servicio obligatorio en Altamira, pero los finales episodios los hizo en Imbert con el instructor Demetrio Cedano Suero, que luego casara con la maestra de la escuela, que construyera don Higinio para ella. Como la profesora del Anacahuita vivía en la casa de su tío. Pero Emilio comenzó a salir de noche y sin que nadie se enterara se desaparecía un día estuvo en los manantiales y otro hasta la Gotera, pasó por la Catalina, pero donde más le interesaba fue al Limón.
¿Para dónde andará ese muchacho, Lalo, y contestó de la misma manera, para dónde andará es muchacho martita…? Pero Emilio miraba el vuelo multicolor de las mariposas encima de los montículos donde enterrados a los caídos en la guerrillas del 1963, estuvo en la tumba del último del Limón, para el era la de Jerónimo Escaño estudiante del quinto años de medicina. Y bajó creyéndose héroe por haber llegado a la cumbre de los pomos, pudo ver los montículos de los muertos de hambre y de los muertos por civiles al servicio de la tiranía. Ya en la cercanía en el charco de Piedra se bañó de sea manera despistaba a los familiares, esa era la coartada del siglo. Ayudó arrear el ganado de cabras de la tía Ursula. Se detuvo cuando vio un jovencito de piel blanca, todos se preguntaban la procedencia del forastero que se bañaba con Gratelly sobrino de su madre, Emilio dejó que la cosa se calentara un poco, para intervenir sentado en una de las piedras y esperó. Rafael Polanco Clase, que era el nombre de su tío, escuchaba al blanquito con los ojos más que con los oídos, sentía demasiado dolor que hablaran mal de los negros delante de su sobrino, y de otros Pequeños inocentes. –oye muchacho, no se de dónde ha salido, ni que pata puso ese huevo, se que por tu cabello y por el color de tus ojos y de la piel te cree europeo y por consecuencia superior. A quién crees que vas a sorprender ni asustar con mojiguetas y fanfarrias del siglo xIv y del xv. Yo no cambio este color de canela y de caoba de lujo por harina de trigo gorgojeteada, por papas jojotas o por “tallotas” lívidas insípidas e incoloras, no amigo en la piel del negro hay melado y dulces azúcares hay brillo y mucha energía sostenedora de calores de soles de aguaceros y de neblinas también amigo de tormenta. El blanquito se marchaba pero al sentirse herido, tronó desde las alturas de su hamaca aristocrática, pensaba como una palma caruta. Oiga señor es que no ha oído decir que cuando un blanco corre… los negros se desgaritan, ese es el dicho. Va desgaritado como un negro y corría como blanco. Sí- dijo el descendiente de Delfo Massokú- los blancos en su correría se llevaron nuestra sangre, molieron los brazos y trituraron la cabeza, la memoria y la gloria… se robaron la fuerza de trabajo con los medios de producción y quisieron el pensamiento, pero paisano no se han podido llevar ni se llevaran, el orgullo latino indo caribe, indo americano, ni el carácter mandingas ni la palabra, ni el corazón. Cuando Emilio volvió a la casa, su padre rezando el santo rosario en la ermita, se puso a cenar en lo que terminaban los padres, después refirió a sus padres la actitud de Gratelly con el fantasma de los blancos. Don Eulalio rió más que un niño premiado. Decir que Rafael Gratelly amaba la fuerza de la tierra sería muy riesgoso, malabárico, decir que sus manos ordeñaban las mieles de la batata y de otros frutos de las que se daban hasta debajo de las piedras… en el brinco, el riesgo sería como el primero. La umbrosidad de la comarca lo llevó a adquirir una pequeña estancia, que vendió luego al señor Rogelio Peregrín alia Cachón.
¿Dónde están mis antepasados? Los desollaron los blancos, Patria se asustó con la repuesta de su madre Ursula. Ahí están las raíces, en los cadillares y en los bejucales, entre las bayahondas, en las hamacas de cabuyas, en cueros de los tambores, en los tambores de cueros, ahí están los bohíos de tierras soleadas, en los nidos de las chozas de bambúes, en los saxofones de higüeros y de calabazas. Ya no te pueden decirte burro, negro o pobre.
Patria como nieta de Marcelina y de Delfín tuvo profunda sensibilidad por los medios por donde crecieron sus raíces y fue a los Almácigos, estuvo en Patas de Vaca y en el Pino pueblos de Santiago Rodríguez, buscaba el sudor de sus bisabuelos y el resuello de sus tíos abuelos. Buscaba los antojos de los padres de Delfo Dassokú y los resguardos de los tataras… pero ahora era la mujer del único hijo de doña Feliciana Bonilla pero para satisfacer los apetitos personales se interesaba por la familia que de ella había llegado. Lo hacia decorosamente repleta de dignificación. Se sentía ser libre que llevaba conciencia y eso le daba derecho de actuar sin que osase alguien ultrajarle mucho menos obligarla. Merecemos ser libre para sonreír al realizar cosas que purifiquen el honor de la familia y de la Patria. El honor de la nacionalidad, es un juego de mulas indomables y con honradez hago una coronilla de respeto a los antepasados como el caso de La Mear, y de Vicente Oggé. No soporto la palabra cadena ni para apellido.
La veo alegre mamá que hermoso es saludarla viéndola reír, dijo Edita que llegaba del río Bajabonico, con un cántaro de agua para llenar la tinaja. Pero, si no es riendo que estoy, simple cosas tuyas expresó calculando las palabras, estaba pensando en mama Marcelina, tu bisabuela, me sonreía de un cuento suyo. Pero vieja, por qué te queda con ese manjar sabiendo que nos pertenece a todos sus descendientes ascendientes. Demasiado quizá haya oído hablar de ellas pero no tengo nada en concreto que pueda imaginar, espero que me complazca mamá Patria, hágame siquiera una. Deja que llegue la noche que el contar cuento de día es de mal agüero, al que lo hace les crecen los dedos y se les tuercen como el rabo de una burra en celos. Y no hay n este universo cosa más fea que una mujer con los dedos culipandiados o arrepentidos. Después de bromear con su hija, y cuando Cándido abandonó la casa con la energía necesaria, inició la primera jornada de contada de historias y reseñas, de canciones y adivinanzas. Pero Patria comenzó hablando que su abuela Marcelina expresaba frases como esta para enseñar a los nietos a ablandar la lengua- “por el río abajo iba una tarabita muy tara vinculada, aquel que tara vinculó muy buen taravinculador sería” los hijos, sobrinas y sobrinos preferían los cuentos de Marcelina y la de Delfín. La pesada máquina de la vida, pisoteó siempre la de los hombres para convertirla en dinero, dijo Silvia Henríquez, maestra de la escuela de Emergencia de la comunidad.
La fe era una fuerza que llevaba mi abuela entre sus bolsas la convertía en un ser semidivino, era para ella, una revelación que fortalecía sus conocimientos de la realidad, en las causas primeras y en el orden natural en virtud de las causas supremas y últimas, rayando con la revelación. Las hijas no entendían ese chorizo de palabras moscatas añejas cerca de la borrachera y creyeron que su madre estaba hablando de ese tema que ellas no comprendían para adormecerla y no tener que contar los cuentos prometidos. Cándido llegó para llevarse el martillo y su regla plegadiza, dijo “la ciencia que tenia doña Marcela, le servían para experimentar reglas, las normas y las leyes… esa vieja era científica, sacudía las cosas como el agricultor a la semillas, empleaba la fe, la llevaba como una corona en sus sienes y como cosecha la creía… era la combinación de sabiduría y de fe y era por eso que la vieja mantuvo, unida en tiempos difíciles, a toda su familia y a los del entorno y en muchos casos de los contornos. Mama Marcela establecía reglamentaciones, hábitos y normas para mejorar los caracteres, los modales temperamentales y simplemente de racionalizacion. Su meta era la cosecha para la mayoría, para el bien social para el bien final. Ella contaba y medía todo, de esa manera conocía las reglamentaciones del cosmos, era como si volara un vuelo equilibrado, parejo, y a veces perpendicular. La profesora que era puntual en sus visitas acababa de sentarse en la sala donde escuchaban a Patria hacer reflexiones que ella misma no comprendía el valor sicosociológico que esas horizontalizaban. También Martina y Ursula había llegado par tomar café con Candido y la maestra Morales. A Candido no le gustaba la manera petulante de saludar de algunos maestros había dicho ¡Buenas tardes concurrencia! ¡Buenas tardes respondieron!
Lo hicieron en caracol, sirvieron el café, el humo del cachimbo, de los cigarros y de los cigarrillos, contaminaba la habitación. No puedo concebir, dijo la maestra, que haya científicos que no tengan fe profunda. La ciencia sin religión es gamba, patidifusa y la religión si ciencia es bizca, tuerta y un poco más que ciega. Recuerdo que algo así lo había referido Albert Einstein, creador de la teoría de la relatividad. La estudiosa continuó en búsqueda entre papeles y lienzo y al hallarlo limpió las gafas. Los científicos utilizaran los laboratorios para el estudio de las causas últimas, de las fuerzas espirituales de la oración que aún no conocemos. Doña Patria agradeció la presencia física de la tía, y de la Maestra. La religión “es para mi un avión, un pájaro de dos alas si fallare una, el pájaro se viene al precipicio” se caería. Una fuerza científica se aleja de los humildes pero la ciencia fábrica para el mundo entero penicilinas y brebajes rurales. En el dormitorio recordaba el rostro de su madre y de su tía a quien encontraba mejorada cada día más. Anduvo encima del lomo de su imaginación navegando por los cañaverales de Muñoz, Puerto Plata, las espigas blancas de la Coimbatore, veía también la paila de cangrejos, que aprendió a cocinar y a comer. Y recordó la carita de su primogénito y la cara de su bendecida madre. ¡Qué buena es Mamá! Pensó. Siempre lavándose las manos, limpiando la casa, poniendo el biberón en agua hervida ¡Caramba! Vio que sus lágrimas caían para refrescar el alma, sin faltarle la pureza necesitaba lavar los retorcijos en los recodos de su sentimientos. Durmió hasta la seis y seis, Cándido iba almorzar ese día y los guandules estaban en la batea sin desgranar, a él, le agradaban con yuca, cocinados con cocos secos. Por eso, me levanté, si no hubiese hecho, del día una noche interminable. Escuchando canciones de Cuco Sánchez, de Toña la negra, y de Libertad Lamarque, muy de moda en esos días. San Antonio en el altar de la Iglesia miró a Candido, cuando dejó de hacer la puerta de la sacristía para irse a almorzar, los silbidos que el patrón de los solterones, y de las beatas les entraban por un oído para salirle de inmediato por el otro, quería que le prendieran las velas que una de las nietas de Santa Parra le había llevado, la Paica de apodo chicha, tía de señor Manolo Sención Bonilla, pero quien sin razón quizá fue San Juan el dormilón, por haber hallado a don Juan el Sabio, durmiendo en hora de labores… y sintió envidia por no quedarse y ayudarle con el sueño. San Pedro era diferente recibe flores y a veces oraciones que ni les agradan ni les interesan. Y si supieran que ni les importa tal vez no le volvieran a llevarle ese tipo de serenata, dicen los exegetas, analistas de la vida de santos, que ese tupen era un icono de la oligarquía y actuaba como tal, un aristócrata. Pero a San Pedro lo que más le mortifica son los divorciados. La verdad es comentó doña Martina, nietas, nietos, sobrinas y sobrinos… estaban a su lado poniéndoles las manos en las rodillas protegidas con el lienzo de Macario que Lalo le había regalado cuando cumplió los 36 años. Pero en verdad que ahora cumplía ochenta… la verdad es que no me gusta junio tiene demasiado días parranderos, es el mes de los Santos beodos, los presentes rieron hartos de ganas, es junio el mes de la corrupción, para sacarle brillo a las hebillas y estrujar los pantalones. Los bellaquerinos siempre como el Boy scout listos con su camisa y sus zapatos limpios, la soltera prendían velas san Antonio, pero al santo le gustaban las velas a colores. Las solteras o los solterones, compraron velones negros y amarillos y les llevaron dalias blancas al altar y san Juan por su lado recibía collares de cálices y de corolas de flores de mangos y de azucenas. De parte de la fiesta de los dormilones el 24 de junio, Patria la madre de Ediburga, y de Lalita asistió el 1 de ese mes a la fiesta de san Antonio en la casa de su abuela dona Feliciana Bonilla, realizaron varios bautizos y el patrón de los solterones con su traje marrón miraba a los sobrinos de Martina Clase, los aguaceros eran en junio escasos. Las nubes esa tarde 29 eran plomizas, los solteros estaban esperando caer la lluvia para bañarse en los primeros goterones ante de coger para la fiesta de San Pedro, el aristócrata del santoral nadie lo negaba. Los bellaquerinos supieron lo que en los entornos de las haciendas del señor Higinio Henríquez. En menos de cinco segundos apareció el anciano Ciro Justo Álvarez Valdez, conocedor de los secretos de lo recodos en los potreros, en los corrales de la Llanadas, en las demás propiedades. Debajo de la ropa de ese senescal había una piel sensible, la de un diplomático atento, realista y juicioso, lo mismo que capaz. Parecía que ejercía funciones de rey en la comarca y por eso manifestó –“en las velaciones, en los juegos de pelotas, en la gallera… cuentan que los buscadores de leña los martes 13 en cualquiera de las estancia de don Higinio se arriesgaban a ser condenado y sufrir álgidas y negras pesadillas, sin estar durmiendo. En algunas de esas fincas tenían breñas y covachines muy emparentadas con funerarias y huronéelas donde dormían en un saco de pista el miedo y el temor personalizado. La minoría desdeñaba hablar del asunto, pero aparece un valiente un atrevido…llegaban los buscadores de frutas, he huevos de gallinas reales, de guineas y de leña bien seca, el jueves luego del día de ceniza, Hungríita, hijo de Matutillo dijo hallaron un nido fantasmal que creyéndole de ratas lo golpearon con las mochas varios planazos y ni siquiera se movió, lo golpearon de nuevo con garrotes y con machetes. ¡Señores, señores! El árbol de donde pendía el referido nido fantasmal, se sacudió como cuando un muchacho que termina de orinar recibe un escalofrío singular, de la intensidad de un Tsunami, con la potencia de un huracán. Los muchachos dijeron que para encontrar el camino necesitaron tres días y tres horas, y que de ese fantasma salieron horrorosos murciélagos que se ocultaron en los árboles cuando oscurecía.- lo que allí vi primo hermano, era del tamaño de un ganso. Enemencino Polanco había dicho algo del mismo asunto, dijo que eran trucos de los terratenientes para alejar las invasiones, a los cuatreros y a otros malandrines según sus propias palabras. Deograciano, hijo de Despradel… presenció en carne propia, se rascaba la cabeza y no contradijo a su tío Enemencino, recordó a Faleriano Vásquez.
En la casa de doña Martina pasaban el tiempo celebrando el cumpleaños de ésta, Irene Rosario, hija biológica del señor Gabinito Silverio, hermano de Higinio Henríquez, pero de crianza del señor Guira, cuartero del central amistad, entró al patio de la casa de su padre Gabinito y vio que su hermano Meto, ordeñaba una vaca que tenia una ubre de ocho tetas, los contadores contaron, que de cada teta sacaban 23 botellas de leche, pero nadie lo creía, je, je, esa noche era 24 de septiembre, día de las Mercedes, patrona de Imbert, Patria contaba la Historia de doña Marcelina Clase a sus hijos e hijas. -Ella era una mujer maravillosa, solo que cuando contaba perdía la secuencia y se involucraba en varios asuntos después de lo de la vaca fenómeno, contaba que Guillermino Rosario, luego de morirse su mujer, permanece rezando 136 padre nuestro y 390 ave María encima de la misma piedra antes de irse a dormir, dicen que el hace el amor con su fantasma. Un día dijo Patria-cuando yo nací, creo que ya había muerto, pero mi tía Martina y mamá me contaron de ella… tengo la certeza de que era dulce en el trato familiar, imagino que no se mordía la lengua para expresar la verdad, cuando era requerida, había creado su propia hacienda de experiencia, nunca aprestó las ajenas. Amarró andullos y planchó las camisas y los pantalones de sus hijos y de sus hermanos y de su marido sin acostillarse a comadres ni a compadres… nadie, ni a algo. Esa es nuestra gran herencia, lo decía a carcajadas cuadriculadas, se la dejaré a nietos y bisnietos. Quiero que Ursula y Martina, les confiaré la transmisión de inmediato a los brotes que generen, esparzan el contenido por la sabana de los Clase y su compañía. La experiencia- decía y reía- es pura abuela de los triunfos y pienso que también de los fracasos porque aunque no lo decimos, incuso acumulamos experiencias malignas. No se dónde ni cuando lo aprendí, lo que se que es un hermoso tesoro. Ah deseo expresarles que no olviden estas otras que no se el día ni la hora que la escuché. Lo dije ya en el caso anterior, “el orden es el principio de la libertad” es una zapata para no aceptarle a nadie los amarres, los o las desordenadas es esclava, de los vientos interesados, de los azotes del vecino. ¡Pero caramba! Queda siempre algo, muchas veces tan importante como lo primero. Oye, los pobres tienen, tenemos, hambres desde que los sentimientos del deseo, no permita que sean esclavos hasta el día de su muerte. Era bello escucharle hablar de su experiencia, dijo Patria ya con sueño, era bueno para energizar el carácter y enderezaba a los patizambos. La bisabuela suya vivió en los Higos de Jicomé cerca del pico El Murazo, Teresa hermana de Andrea lo comentaba de vez en cuando, de esa, se contaba que sufría de una enfermedad muy rara, que no podía tocar cosas secas porque las quemaba con el calor de sus manos, algunas las encendía sin soplarlas, dicen que poseía poder atómicos, en las puntas de los dedos, que sólo poseen los seres bendecidos, por la naturaleza de ultra esencia emanada del centro del suelo la última galaxia descubierta. Pero mamá, cómo podía tía Teresa y la bisabuela saber esas cosas- dijo Rabel que se había inscrito en la universidad, y además es cierto que ocurren esas cosas pero el salir diciendo la procedencia es como decir que vienen del cielo. ¡Dígame usted! Pero hijo, los viejos aprendemos de la naturaleza mediante la observación, experimentamos de inmediato, luego muchacho, con el pasar de las cojas piernas del tiempo comprobamos, como no leemos los libros no nos descuidamos y leemos en las páginas invisibles de las cosas… así hablaba doña Marcelina, como un deseo que para que Ursula y Martina hicieran. Quería que sus experiencias fueran difundidas aunque fuera entre los suyos. Fíjate Rabel, señaló Patria, que tu tía Abuela Martina, pudo ser la mejor maestra de medicina, pero la naturaleza no quiso que ella naciera donde hubiera escuela donde pudiera aprender y ¿dónde le toca vivir? ¡Ah muchacho! donde los médicos que aprendieron las teorías y los procedimientos clínicos, no iban a ir. Así ese pueblo excluido, la tuvo a ella, y en otros, a otras… y yo pregunto ¡qué es Martina Clase de Santos? Una humanista que ha incursionado en lo más profundo de la vida y el arte del nacer. ¿Quién es- volvió a preguntarse Patria- mamá Martina? Una gran mujer madre de hijos no biológicos, parteriza, amante de la esencia humana. Es flor exquisita del jardín de la humanidad, dejó de amamantar los suyos para dar de mamar a los ajenos. Así era Ella, trocaba las necesidades, por los dolores de otros fue luz dentro de sus aposentos y fue farol en los ajenos. Cómo se siente Tía Martina, le dije un día a lo que me respondió, me creo que bien sobrina, era a la única persona que le decía sobrina porque le decía hija a su madre Marcelina, me siento como más complacida de todas las madres, tengo muchos años he visto morir al primero de mis hijos y tampoco de los ajenos ayudé a nacer, es fácil morir pero difícil nacer, pero estas manos no han dado muerte… no han cruzado las sendas cenagosas, no han salpicado los ruedos de mis vestidos ni los ajenos, no han sido ni serán puñales ensangrentados pero si rosas perfumadas, generosas y risueñas, generadoras de sentimientos profundos, tocaron los alegres campanarios llevando esperanzas blancas y moradas, en los aleros de las casas donde muchas veces faltaba el pan, han recorrido lomas y valles en especial en la correa verde del Bajabonico, lo sabe el mundo entero y eso sin lucrarme ni con una menta. Para el 1917, años de puertas entornadas y muchas abiertas; tenían esas 37 años, escuchaban los sueños de mis vecinos, escucharon los quejidos y los llantos de la muerte, dentro de las alcayatas de la cocina encima del planchadero, pero me senté los bordes de la cama donde juré matar la muerte, mis manos mataron la muerte ayudando a nacer, ayudando a parir, esas no vieron morir. Pero vieron bostezar los niños al nacer, al mirar la primera lámpara del alba, nacen hambriento con el nacimiento y buscan la leche resguardada en el ceno de la madre. Manuel Sención, hijo de doña Mercedes y de José de Niño Sención, que llegaba de la Universidad señalo –las manos de mama Martha, son manos jornaleras, sembradoras de perfumes y de alegres rosas por eso mama Martha es una Jardinera, frondas han repollado en su entorno, es amante de la zona rural, escribió con sus dedos de sus manos, elegías proletarias, llevando aliento y consuelo a los hogares de paja pero construidos con amor y bendiciones, por haber cultivado en 66 años, cigotos y embriones espirituales, mariposas en las marañas y en las sierras, entre caminos y peñas de tarde en albas, entre círculos hambrientos y enfermos, entre las guerras de guerrillas sobre las contra guerrillas. De aguaceros y de matanza de gentes cazando gentes verde olivo, a la Teresa de Calcuta le dieron el Nóbel de la paz, a doña Martina Clase de Santos, por qué se lo negaron, siendo sus manos las primeras que trajeron, en el mundo occidental, 3122 criaturas, niñas y niños, envueltos en la túnica de Jesús, con la piel de pobre y las sienes cuadradas, circulares humanas… 3122 energías sin forces ahí, encima del polvo de su luna, de su estrella de su.., de la tierra. En los gramales bellaquerinos, en conucos de esperanza que limpiaban el barro de los prejuicios. Lavando la miseria del pasado, abriendo los portales donde los lirios crecen y los guayabales florecen, mientras mueren los abuelos buscando el becerro dorado de las páginas santas, ahí están friendo chicharrones, en el sudor de su piel adolorida cortada con el filo de las hojas de los cañaverales de ingratos colonos, los nietos de Martinas la proponen para mártir. ¿Y qué…? ¡Para qué! ¡Ella es el manantial de agua cristalina, que había soñado donde bañar las piernas vírgenes del pueblo! La proponen, los nietos, como Senadora, para fabricar las normas y leyes de protección a las mujeres explotadas, las hijas ultrajadas, luego de la muerte del tirano en 1961, los Quisqueyanos entraron a una nueva órbita del universo nacional, y sancionaron para presidente de la republica al más honrado y democrático de los presidentes de indo América y del caribe.
Doña Martina reía de felicidad, el día de la madre, cuando sus hijos unieron los centavos para comprarle un radio y pudiera escuchar los discursos del nuevo presidente, lo que no cruzó por la “loca de la casa” de la comadrona, que ese radio que le había dado felicidad, que la hizo reír oyendo los discurso del partero de la democracia en el país, ahora sirvió para llevarle las malas noticias del golpes de Estado. Ese mismo aparato dos años después hablaba por los hechos heroicos de abril primaveral, recordaba la invasión de Luperon, y la de los Barbudos de 59, se enteraba de los sucesos de la guerra, pero también de los crímenes de las Manaclas y de los jóvenes puertoplateños que cayeron en Los Pomos y El Limón. Martina igual que Eulalio, tuvo su perfil misterioso, los que la intimidaron del lado de la política cuentan que a partir del 28 de noviembre del 1963, permanecía encerrada ese día por más de una hora… para oblacionar a los caídos en aquellas cordilleras nacionales junto al líder guerrilleros Manuel Aurelio Tavárez Justo. A decir de la señora FICA Santos, sobrina de Lalo. Eran una yunta, todos los años, la pasaban ese día recordando hasta por los apodos los nombres de esos mártires dominicanos… escuchaban los nombres Cohn y de Cachón, de Hierba, pero a Jerónimo Escaño lo mencionaban más que a los demás y lo hacían con sumo empeño y entusiasmo. También a Arsenio Escaño. Se creyó que tuvo atracción por la política, pero lo que en verdad amaba era a la justicia, amaba al profesor Bosch, y por Tavarez Justo, escuchaba las noticias aprendió nombres de lugares, comentaba en la enramada a sus amigos nietos de los Frentes Jiménez Moya, llegó a equivocarse cambiándoles las lomas, de las bases, de las Manaclas, del Mauricio Báez en Michez, de la Berrenda,
Del Ventura SIMO, dime Eulalio ¿dónde queda? Eulalio se movió en el espaldar de la silla, tragó saliva con humo para decir- la loma donde estaba ese oficial de los alzados, se llama La Norma, en san José de Ocoa. Del Francisco del Rosario Sánchez, es de loma Bahoruco Y en Enriquillo. La gente comentaba que ese encerramiento era por el eterno descanso de las almas de Juancito y de Nena hermana de Lalo, eran floristas y cultivadores de hortalizas muertos por manos negras, para quitarle los centavos que ella y su marido llevaban de la venta de rosas y de jacintos, flores y de hortaliza. Somos amigos de Lalo tenemos los mismos apellidos, somos parientes y arientes, pero hermanos no somos. Sus hermanos son la difunta Nena, Francisca, Rita, Guinche, Alfredo, Presbiterio, y Anselmo Santos. Así hablaba Presvipá.

Capitulo 16
El sufrió la muerte de nuestra hermana, Martina por igual. Dijo Presbiterio Santos, le decían Presvipá, sabía de todos, tenía buen trato para todo el vivo, preparaba el bebedizo con zumo de la raíces de anamú, le ponía sen y menta. Le añadía ajo y sábila. Con eso curaba la sífilis, la gonorrea en particular, era un nagual de primera, los gallos suyos siempre ganaban.
Doña Martina llegó a asistir a la vela de los Santos Inocentes, que ese extraño individuo hacía. En la madrugada subía por las pencas de los cocos, haciendo de monos, sin temor al vacío y a la gravitación universal de los cuerpos. En esa misma velación y en otras colmaban de fantasía el lugar, los escenarios haciendo más atractiva y llamativos os actos y las asistencias. A la propia Martina, que era su cuñada, con la imaginación, creándole a su alrededor auras propias de seres desconfigurados, decían que era un toral, que era un zombi adquirida en Juana Méndez para que la fiesta de Santo Tomás fuera la más concurrida, mucho más que San Antonio… esa no era la verdad. La fantasía popular con ella no había sido justa, ya que doña Martina estaba por encimas de ese limo hediondo y muy fangoso. Fue la autora de las letras de varias canciones infantiles, como el piojito y la pulguilla, y de la gallinita culeca, cantada en Méjico y en Venezuela como suyas. Composiciones hermosísima hechas para endulzar a los niños y niñas de las aromas y de Guanábanos, sin embargo en Bellaco recibió premios, halagos y elogios de la profesora Elsa María Morales y del profesor Montan… En los partos realizados esa mujer era la mano del corazón de Jesús, ponía en cada parto un acto de belleza, ponía poesía y la llevaba al conuco, ponía el dulzor mandingas; figúrate que, que hacía soneto de pies forzados. ¡Es fácil! Un hijo de Bolito Cao, experto improvisador de décimas, comentó de nuevo, -eso es lo que decimos. A Martina deberían entregarle un Nóbel, a muchos de lo han regalado sin haber hecho absolutamente algo por la gente, como élla, que en su mente… tiene un letrero en la frente, que dice “Primero la gente” todo el mundo sabe, que muchos premios lo compran o lo adquieren enseñando las rodillas y otros por que las llevan peladas de tanto ponerlas en el suelo orinado.
Juanio Ñeña que tenía un tizón en la mano derecha dijo- nadie desconoce que las manos de mama Martha fabrica los alimentos, que cada dedo era dueño de un menú, con Maíz hacía 198 platos, con sabor diferente, con el plátano, je, je, hacía más de 186, a uno le decía platicena, hecho con virutas puesta al sol, hacía manisico de arroz, del rulo cuadrilongo o cuatrifilo hacia, un manjar con mostaza y Aniceto. Los versos de mama Martha eran esquejes de yuca siete mesinas, que con mover las catibías como si los recitara, se convertían en exquisitas empanadas, las hábanas de batatas eran pareados, unidos a tortillas de quesos blancos y amarillos rellenos de culantro con perejil y pizcas de jengibre… al recitarles esos versos a la parturienta en niño salía bostezando y con deseo de abrir los brazos a la realidad Bellaquerina… te recuerdo que Bellaco es el pequeño arroyo donde Martina encontró a Hipólito Crisóstomo, quien le ayudó con el saco y ella está esperando la guabina que le prometió llevar de regreso… jo, JOC, jijiji! Ese manjar de día o en la noche, al amparo de las lámparas de aceite de higuereta, los versos… eran capullos de hermosas rosas rojas acompañadas de tijeras de amores con las que cortaba los puentes cordones de afectos entre la parturienta y la partera y las criaturas. Los asistentes a la vela de Santa Tomaína, de los Brincos y de los Saltaderos, dejaron de hablar de doña Martina para dar inicio a la siembra y cosechas de plenas, zumbadoras… tumbadoras y palos. Los que en la falda del altar amantando las tetas a las adivinanzas comían mentas de frutas, manís tostados panesicos.
Para la muerte de Patria Peña Polanco, los compadres suyos les decían trepé, el sol huyó de varias nubes luctuosas, que se encaminaban a la residencia mortuoria, para llevarle a los dolientes las más expresivas condolencias, se ocultó en los predios de la Medio Luna, para informarla del infausto conocimiento, había dejado de existir la madre, la hija, la mujer, la compañera, en fin la hermana, y la sobrina y la vecina. Cándido se manifestó acongojado al ver entrar en el ataúd el cuerpo de una de sus mujeres, porque como a Martina Silverio y a Gloria con la que era casada por las reglas católicas; llegó amar con ternura y arrojo, pero esa sensación se le trocó en soberbia casi animal, cuando le dijeron que en el patio había un desconocido poniendo una mesa de juegos de azar, sin que nadie lo sospechara llegó al lugar donde el extraño individuo movía las fichas llamadas las coloraditas, tenia el machete en bandolera en el hombro derecho, ya en la mesa había recuperado su normal compostura, escuchó que decía- Vamos diga usted, dónde esta la coloradita… Cándido absorbió litro y medio de aire contaminado de humo y de catarro, y con la lentitud de un difunto puso las manos encima de la mesa de juego, sin que el dueño de las fichas se diera cuenta, ya las tenía en el bolsillo derecho, de la camisa de la camisa. Cuando el traficante proxeneta intentó moverse, el señor Silverio soltó un golpe con su machete Collins en el hombro del agresor, y se lo llevaron de su lado. Comenzaron a dar comida como era costumbre en las primeras décadas del siglo xx en nuestro país y zona de indo América, servir en la noche los pecados del difunto, de esa manera la gente acudía hasta la hora de llevarlo al camposanto.

Doña Ursula la madre de Patria, recibía el pésame con calor humano, de simpatía y de sinceridad. Doña Martina y las hijas y parientas de ella lloraban en silencio. Fuera se oía que decían:-- ¡Ay, ay, ay, mi hija… mi hermana, mi prima. ¡Ay madrecita mía te fuiste, y ahora a quién le pediré consejos…! Esos pesares y hondos lamentos herían el sentimiento de Eulalio que desde que se llevaron el proxeneta jugador fumaba cigarros, que una vez le regalara la difunta. Esos lamentos laceraban el alma de los hijos e hijas de la extinta madre, la maestra Elsa recitaba en silencio los versos siguientes:- “junto a una cruz al expirar el día/ una mujer buena sus lágrimas vertía/ dolió a mi corazón su amarga pena/ y ante la muerte de la madre ajena/ lloré la muere de la madre mía.” Al terminar se acercó al menor que se llamaba Gaspar y le dijo –ven vamos a ver los rayos de la luna.
En el cementerio estaba Gaspar aún al lado de la Maestra, pero al ver a la señora Feliciana, su abuela, corrió y se le arrojó a sus brazos. Don Higinio la acompañaba, también lo agarró, pero del bracito izquierdo. La señorita Morales estaba libre para iniciar con las palabras para despedir a su amiga Patria, la que fue su confidente…
-cuando miramos un jardín sin importarnos el color y tamaño de las flores, generalmente vemos un jazmín o una rosa, y si es en un potrero ahí vemos una res, o el perfil de una mata que nos da la sombra, o ciertos elementos que nos sirven sino para alimentarnos… si miramos el rostro de una mujer vemos el retrato de la madre, símbolo del sacrificio, del dolor, de la abnegación. No existe una madre que no sufra, esta sociedad ha sido injusta con lo más grande y más nobles de la creación. La madre de esos lirios y de esas rosas que entre su huerto germinaron y crecieron de esta jardinera, los deja entristecidos, solos pero el amor que Patria, aprendió de Ursula, su madre y de la tía Martina, son tijeras que como lámparas disipan las brumas os finalmente manifiesto, se detuvo para secarse el sudor y las energías espirituales del fondo de la paz y de la gloria. Venga deje que la lleve al altar más hermoso de los cielos y pueda descansar en los almohadones de la felicidad de los siglos. Los pañuelos que no habían sido usados salieron de los bolsillos para secar ciertas lágrimas en los rostros de amigos y parientes, Cirilo Clase estaba entre los que se lo dejaron en la boca para no permitir dejar salir la congoja… sintió vergüenza porque el suyo era color púrpura, por eso abandonó el lugar sin que nadie se percatara de tal acción. También las nubes que estuvieron cuando Cándido aperrió al proxeneta jugador, sintieron vergüenza y cambiaron de blancas a plomizas. Cecilio llegó donde estaba Lalo, que estaba enfermo con dolores estomacales. Le preguntó- ¿cómo se halla, papá? ¡La bendición mi viejo! Estoy tumbao como una palma vieja. Se sentó en el borde de la cama. Cuando se entero que era Cecilio su hijo menor, el que le echaba la bendición. ¡La ayuda de dios caerá sobre ti, hijo mío! ¿Para dónde estaba, muchacho, a esta hora? Vengo de enterrar a mi prima Patria papá, mamá quedó con tía Ursula y los hijos de la difunta. La maestra Elsa dijo palabras que extrajeron muchas lágrimas de peñas y pedregones secos por siglos, ¿comprende usted viejo? Claro que comprendo Cirilo… hay personas que no dejan caer, sus lágrimas como viejas rocas del desierto, sin embargo una pequeña lagartija le orina en los párpados un día… je, je, je, se que no es para alegría el momento, pero posiblemente sea llorando que esté como esos. Mi tristeza creció, dijo Cirilo, al mirar a Gaspar pegado de la falda de su abuela Feliciana, la madre de Cándido, y me llené de imágenes y de pensamientos que, como peregrinos entraban por las puertas de mis sienes como espectadores y actores, viendo una tragicomedia. José de apodo Barba, que entraba a la ermita donde se hallaba Lalo conversando con su hijo, cargando en su espalda un racimo de guineo maduro y varias mazorcas de maíz verde todavía en condiciones para comer hervido, expresó: supe que a la niña Edita hubo que desprenderla de la cruz que clavaron sobre el sepulcro de su madre, porque se negaba a marcharse sin ella. Cirilo miró a su papá y afirmó con un movimiento de cuello y la cabeza. La agarraba con tanta fuerza que dos veces la arrancó. Leía 13 de junio de 1958, miraba la foto de su madre como si estuviera abatida.
Esa niña llevaba la flama de las revoluciones su nacimiento coincidió con la caída del gobierno de Jacobo Arbenz, en Guatemala en 1954, le tenía grandes afectos a su tíabuela Martina, cada miembro de la familia Polanco Clase, Clase Polanco, Santos Polanco; Santos Clase, es un arista de arco de poder en los Barrancos en el valle de primer patrimonio acuífero de mundo americano.
En esos mundos de sábilas y de lágrimas de burras, de penca de tuna de España, de lengua de vaca, también se come, se duerme y se piensa se escuchan los cantos angelicales del cielo. También en esos mundos de pasiones y de emociones, entonan serenatas en las ventanas del amor en la sombra de las noches de luna lívida y pálida menos que doliente. En esos rincones se izan las banderas del purgatorio evitando abrir las salas del infiernos donde duermen cocodrilos y camaleones acompañados de cerdos encorbatados y serpies tomando tragos.
Con el crecimiento entendió la naturaleza del arco familiar… Polanco Clase, Clase Polanco. Al año siguiente de la muerte de su madre, los familiares estuvieron en el responsorio de la misa, fueron a la misa de la iglesia San Antonio. Higinio y Eulalio continuaron celebrando el 13 de junio y el 20 de diciembre, la fiesta a sus santos correspondientes. Los negocios del primero se multiplicaban, visitaba a sus amigos, siguió escuchando los cantos del gallo y de las gallinas en los entornos de sus estancias y haciendas. Contrataba nuevos jornaleros, lo registraba en el libro del Santo Patrón, siguió cedaceando la semillas en vasijas invisibles y cocinando entresijos en bacinillas para los perros, cancerberos protectores de los escudos y los candados de los abanicos de cerros, de cerro negro en los Antolino, la Llanada, en café Los Cándido, la visión imperialista del señor Higinio, ponía a pensar de pie a la cabeza. Llegó a creer que los vecinos eran sumisos, su esclavos… pero corrigió ese parecer. Pero podía simplemente ser su aliado…lo que nunca permitió don Higinio, que sus Senescales empujaran en la noche las empalizadas de los entornos y aleros de las fincas suyas. Para agrandar los linderos de sus haciendas. De esa manera inicua, mejor dicho incorrecta, aumentaba sus poderes y sus dominios.
La alegría era reina otra vez, en casa de doña Martina, para el inicio de los alboreados recortaban papeles, papeles rojos, azules y blancos que colocaban desde el portal de entrada pasando por la ermita hasta la enramada donde se bailaba. Lalo tenía parecido con Tutankamn, sus entornos aureados de la familia radiaban parecía un sol verdadero que siempre estaba despierto, que no moriría, a pesar de que era un hombre de raíces y tallos… algún vivo no se atrevió a equivocarse creyendo que era un roble, una mata de Guayacán o de caoba, nadie lo confundió con el maíz o con la caña de azúcar… era un roble, un tronco para la búsqueda de tablas, tenía bastante madera. La mayor alegría suya la generaba la asistencia de los hijos y de los nietos a las festividades. Luego de cenar reconocía a sus nietos los fue llamando uno por otro. -¡Pedro! ¿Tú eres Vargas? Sión abuelo. Dios te bendice por mí. ¡Sergio a ti que te libere del mal! Henry, a ti del miedo, huh, huh, Hu. Iván de una mala mujer, Joel de los malos negocios. Fredy de los caminos fangosos, salpicados de mieles amargas. Pero a Gabino que dios lo libre de una larga enfermedad. A ti hijo de tener más, expreso al término de exhalar el humo blanco de su pipa negra. Cirilo se abrazó a su padre delante de sus hijos dándole el ejemplo de amor al progenitor. Sentados en la mesa Emilio y Demetrio lo esperaban iniciaron una partida de dominó. Estos dos hijos fueron tímido con su padre, Adelaida llegó desde Montellano, Ana y Ramona María ayudaban a su Madre en los asuntos domésticos Paula era la única que tenía el apellido de su padre delante de Polanco. Mientras jugaban hablaban hasta de la muerte de Rafael Trujillo, de Patria la hija de Ursula, de la tía Nena y de Juanito, en fin hasta de la que morirían en las próximas décadas, Demetrio agregó- a Juan Serón, empleado de la finca privada “Los atardeceres” del señor Aristarco Dorrejo, en Angostura de Imbert de Cabía, lo mataron en la cárcel, cuando se fugaba. Estuvo en prisión en la fortaleza de Mao por haber convertido en leños las extremidades después de haber matado el hombre que halló robando un racimo de plátano es la referida finca. La carne Leña, la introdujo en un horno
De carbón que estaba construyendo. Emilio que se negaba a hablar de cosas de horrores, dijo que lo que habían hecho con el hijo de Cacao el hermano de Tomas Nina, es cosa del infierno, pienso papá, que no recibirá perdón ni del pecucio. Eulalio se dobló caja blanca que fue lo que sucedió a esa gente, que no recuerdo. Recuerde papá que, lo mataron a palo porque tumbaba racimitos revejidos y naranjita petisecas en la herencia de los Pérez... la mamá se llama… ahora no recuerdo, pobre familia esa, si hombre sí, ya recuerdo a Sebo, sobrino de Flora García. Su nombre es Casiana Pérez. Ese día hijo lloraron hasta los chinchulines y los murciélagos. Las vacas y los cerdos corrían y rumiaban, parecían dolientes de Severo, saltaban en los corrales de los contornos de los Henríquez. Las vacas se negaron a ser ordeñadas, era un solo espanto, daba terror y miedo viendo a los caballos levantar las trancas de los portales y los gallos en la madrugada de es día dejaron de cantar. Contorneando la voz señaló, bueno, bueno -bueno… alargaba las últimas silabas, bueno… si no cambiamos el árbitro esto se jodió, después de la muerte de mi hermana Nena, mataron al señor Nicolaso Cuevas. Los jugadores dejaron de hablar. Cambiaron de tema, luego fueron a comer, Paula tenía rato buscándole para ir al comedor.
En la mansión de los Henríquez, don Higinio mandó a la señora Ángela Silverio a encender velas en las entradas de cada vivienda y de cada portón en los entornos de sus propiedades. Desde la casa donde vivía Emilio de la Rosa, cuando la señora Ángela le preguntó el sentido de las velas respondió –quiero que crean que me he vuelto loco, con esa misma calma llamó a Bumbo y le dijo – quiero que a partir de ahora se encargue usted de los gallos y que Juan Larguito ocupe la carnicería porque José del Niño, Sención sale de vacaciones. Nadie dijo algo y se hizo así. Justiniano Silverio acaba de sentarse en la sombra de la mata de mangos vizcaínos inició el recorte del pelo del jovencito Aquino Emilio, al término pasó para la casa de alto donde don Higinio le esperaba… justificaba sus medios sin herir los elementos constitutivos de la naturaleza, cuidaba la morales, las amistades y las raíces filiares eran sus mejores cartas de usos con las que triunfó. Sabia que Felipe Nan, era también como él Silverio, cuando le convenía le decía primo otras veces sencillamente Felipe. O primo Felipe según la necesidad, y de los intereses, igual con Teo Lango que eran Primos hermanos, también lo trataba por los lentes de los intereses.
Justiniano estaba seguro que lo había llamado por asuntos femeninos, en lo que él era graduado con excelencia, experto en ruedos y cinturas, en cuellos y faldas, especializado en los centros los académicos de la cuenca del Bajabonico, primer santuario acuífero en el continente conquistado en el siglo 15. Oiga primo Justiniano dijo sosegado Don Higinio deseo, se encargue de que me llegue el perfil de la muchacha aquella, de la que hablamos en el entierro del primo de Juan de la Paz, amigo Justiniano te conozco que María Liandro, tu mamá. Me gusta y tu lo sabes, beber en jarra limpia, y si el jarro es nuevo mucho mejor. Justiniano era barbero de niño, de inmediato comprendió las propuestas del patrón Higino, por eso sólo dijo: entiendo y expresó luego que a los muertos les echan las últimas libras de tierra al hoyo y los novenarios finalizan jamás de ellos se habla, fíjese indicaba el conteo de los difuntos en accidente… y cuando decía, el cuarenta y cinco, lo mandó a callar… don Higinio conoció para el barranco donde iba el barbero, y que terminaría diciendo que la muerte de Juan Serón estaba coneja con los compromisos de los latifundistas y terratenientes de la región. Pero Justiniano conocía de los secretos de Higinio, sabia de los intereses soterrados de este por las comadronas de la comarca donde tenía alcance políticos, pero Justo sabía también conocía de poder de doña Martina para impedir las influencias sino maléficas políticas económicas de patrón de las viudas, de los viudos, de los beatos y beatas. Luego de la muerte de Francisca Muñoz, de apodo Pancha, esposa de su primo Llivo Medina, recurrió a los favores de doña Martina, su única esperanza para parar tantas tragedias. Doña Martina de Santos, aprovechando el día de la fiesta invitó a los ahijados para participar en un junta y en un convidatorio, o tornapeón en jueves santos. Según llegaban los llevaban a la enramada de los aparejos. –soy como mi marido aprovecho que están de vagos y me ayuden a preparar los canteros necesarios para cosechar auyama de la no rastreras, ají, molondrones, repollo y tomates, lechugas y algunas otras hortalizas. Los concurridos contaban a su madrina, los secretos para entrar en la casa de don Higinio a laborar sin sufrir algún percance. Hay que santiguarse diecisiete veces y decir al revés el padre nuestro, arrodillado en el altar de la iglesia san Antonio, en otra el poder se desintegraba, pero todas esas musarañas ocurrían luego de estampar su firma en un libro rojo, hecho en hojas plátano o de rulo cuatro filos, parecen de sedas aquellas hojas, son impermeables no se le pega la pulilla. Hincarse nueve veces en un círculo triangular. Bueno el que no quiere creerlo que no lo crea. Yo lo vi, cuando mi abuelo Ciro, lo hacía. Yo oí que mi tío viejo Fafa lo contaba en la vela de san Roque, donde Castrina comadrona. Para sellar el compromiso de trabajo había que sembrar nueve matas de plátanos de la llamadas hembras, 300, juraban que los primeros nueve racimos serían para el sancocho de la fiesta de San Antonio el 13 de junio.
Los compadres no estuvieron enviaron a los ahijados, tuvieron intereses de hacer una tumbita en el fundo que había sido del señor Delfín en tiempo de Venancio, de su padre y de Marcelina.
30 de mayo de 1961, día de la libertad 3 años después de la muerte de Patria su sobrina los primeros en ocupar asientos fueron Polito aquel que no le llevó los peces…, José Gil, José Barba, Gustabiño, Cabito Suero Y El “Vale Cao”, los hijos del señor “Come Huevos”, y “los de Comadrita” los de “Matuto”, los de Isabelita Polanco, los de Estebanía, y Enemencio y Despradel acompañados de los suyos correspondientes. Cuando los ahijados se marcharon, Eulalio dejó el santuario y llamó a la esposa para decirle a media voz estoy seguro que hiciste esas juntas con los hijos de tus compadres para sacar la congestión que te atosigas y así romper las tentaciones en que has estado en los últimos años. Primero 1958, muerte de tu sobrina Patricia, 1959, muerte de Faleriano Vásquez y mi encerramiento, la dolorosa pérdida del brazo de Santico Mieses, 1963, la muerte de la democracia, el golpe de Estado al señor Bosch, matanza de la Manacla, y del Limón, muerte de Manolo y de 14 catorce acompañante. Es muy doloroso ver caer al gran árbol familiar, hojas por hojas, pedazo a pedazo, sin poder hacer nada, ahora la muerte de su hermana Ursula, pienso que es buena tu observación pero nuevos árboles crecerán, se profundizan, con la misma fuerza del huracán Zenón, pero Eulalio, nunca es podido ocultar mis emociones mis emociones cuando he tenido que huir he huido y cuando ha sido de reír he reído, a veces he llorado sin conocer la o las causas, no puedo esconder mis lágrimas, me siento mucho mejor, pienso que has sido tú, con el bálsamo de tus energías espirituales y de tu entusiasmo, con la savia dulce de tu alegría, la que me has curado. Sí, aclaró de nuevo y, dejó la cama colonial de caoba, abrió las ventanas, el aire le encintó la cara, se la cubrió de rosada emoción, principio de vida, el aire es un Dios, de los tantos que en la naturaleza abundan para aliviar las penas de los engendros de las energías negativas que como perros lambiones pululan las callejas y triíllos rurales. No estuve en centro escolar, aprendí con Elsa María, la maestra a respetar la naturaleza.
Cinco de mayo de 1964, han ocurridos hechos, que ningunos podemos controlar en cambio nos afectan en las relaciones de cada individualidad, en los linderos extra e intra familiar. Quién te dijo a ti que fuera la maestra Morales, cuando Elsa María llegó a la escuela hacía ya mucho que Delfín y Marcelina te habían educado… eres una buena alumna, aprende con particular seguridad, si no que me digan cuántos médicos de América han intervenido para darle salida al mundo a 2300 vidas o como tú que ha pateado a 3300 parientes, coterráneos, paisanos pobres como nosotros, eh, eh, eh… ya lo hemos repetido sin que ninguno hayan muertos, tampoco a las madres, que lo contradigan los enemigos de las Parterías rurales. El señor Santo dejó el asiento y continuó hablando con expresiones de triunfador. Y como si Martina se lo ordenara con el pensamiento vino con un jarro de café como una cachimba humeando. Le entregó una jarra a ella, y arrastró los dedos entre los de ella dejándola excitada para siempre. Cuidado con los cielos de la boca, je, je, cuidado con los paladares, jo, jo, ju… rió como un Dorsukú.
-Ven siéntale a mi lado -dijo ella, tenemos que poner en blanco muchas cosas que desde hace mucho vienen mortificándome, me muerden la paciencia. Y si no la hablo contigo Lalo puede que se me pudran dentro, no quiero ser partera de criaturas irreales, y menos que me encamino para el banco de pensiones…
-Jo, jo, je, je, se rió desde su sillón don Eulalio con ardorosa energía y emoción expresó, tu si es verdad sabe decir las cosas, reía con la garganta y los dientes parecía que las palabras eran granos de maíz molidos, salían ecualizadas al reírse, ji, Ju, ja, jo huuuuh, el humor corría esa tarde por las patas de la cama de caoba colonial. Su rostro se veía iluminado, sabía reír entonces ella se aproximó a donde se hallaba aún sonriendo. Ya en el dormitorio comprobó que en la ventana había olor a cerdo, a pocilga húmeda. Vio que sonsoneaba el trasero, dando perspectivas de un cochino alegre sería que oyó a los esposos reír. De quién será se preguntó, viene de lejos, sonrió al recibir el jarro repleto de café como una humeadora, esta vez. Cuando le contó a Eulalio lo que vio por la ventana cayó en la cama arrodillada, el escalofrío humedeció la sábana de la cama, la habitación se perfumó con un flujo escatológico como salido de los sepulcros de las boñigas infernales. De dónde habrá salido se preguntó, no creo que haya venido del vecindario. Desde la mocheta de la ventana Eulalio dijo son verdad, qué me iba decir vieja, observó. En la oficina de… don Higinio hay un libro rojo donde anotan a los solicitantes de empleos y que al juramentarse como jornaleros suyos el pedacito donde queda estampado el nombre del aspirante… se destiñe, ¿lo sabía Lalo? Haciendo honra a la verdad, nunca había escuchado algo tan fantasioso. Lo que he advertido en verdad es, que desde la inauguración del camposanto, con el entierro de Justo García, han sucedido muchos casos extraños nadie conoce a cierta fe por qué existen tantas coincidencias. La muerte en accidente en los hogares, de la mayoría de los parajes, de los dos municipios donde Higinio tiene intereses, han sido trabajadores de las hacienda de la Compañía doble H, de eso puedo hablar. Hasta la octava generación han sido afectados y yo se lo confirmaría al mismo dios, dijo sereno Eulalio Santos, sin intención que no sea la de eliminar las brumas, y sostener las honras ajenas, mi pensamiento como las manos tuyas, es noble y limpio, Lalo garraspeló, luego tosió movía la cabeza se fijaba que su mujer estrenaba un nuevo perfil con un nuevo peinado, que producía contraste positivos con la blusa blanca que su madre le regalara el día de su boda, la falda verde hacia juego con los zapatos de igual color bajando el tono chocolate de su piel caoba, así le encantaba verla. ¡Qué bueno, qué bueno, que te curaste! Y el tono le pareció a ella en La, a ella le gustaba oírle hablar de los sucesos de los entornos de los Guanábanos, de Trejo de los Vientos, de los Llanos de Pérez, de las Aromas y de los Bonilla. Morones y Silverio. Así mismo de los pueblos rurales, que son las ruedas, las baterías y maquinaria que enrumban el progreso a los dos territorios. Martina se sintió halagada con su actitud, tomándole del brazo y del talle como cuando fueron novios. Su espalda se erizó su corazón se movió mas rápido que de costumbre, envió mayor cantidad de sangre al cerebro, y como mujer se creyó una adolescente, la energía de su Marido la cambia a la juventud, la llena de lozanía, lista para amar y ser amada.
En la estancia de los Henríquez Bonilla, era diferente, la llegada de los hijos de Paria y de Cándido, era como si un caño del Bajabonico hubiera decidido entrar por la mansión para llenar las vasijas dejadas por los que se habían casado o marchado a otros lares como había sido el caso de Chanito, hijo mayor de la señora Gloria y Candido, o de Aquino y Rigoberto que se habían casado en ese año. Higinio dio calor a doña Feliciana, no podía esperar otra cosa de El, ha sido siempre, muy padre hasta con los hijos de otros, pensó pero continuó el rezo, de los salmos 123, 93, y 91 los leía antes de la siesta, entendió que parecería de neófita, si no comprendía que el árbol el poder familiar, las aves eran los huérfanos, los granos los alimentos. Continuó razonando y rezando, ella era así, calculadora y pragmática, también el señor Higinio lo era, así lo entendía, lo era, lo hemos señalado en múltiples ocasiones. Dando muestras de amor por los familiares de su esposa cuando se casaron no tenían compromisos con otras familias ningunos de los dos lo negaban antes aunque en los árboles plantados por Cándido se anidaba la confianza con la flor de la comprensión, la responsabilidad, negar que sombríos nubarrones azotaban los ramajes de algunas de esa siembra sería un conocimiento de las perogrulladas más transparentes que se cocinaba en horno alguno era una muestra fue el descenso del padre sembrador de la señalada familia. El 24 de diciembre, año de compromiso con los hematófagos, que no se sacian de beber en las venas del corazón del pueblo. Cándido bebió de las aguas del santuario acuífero, y la corriente lo asfixió. Higinio se arrodilló en los duros bancos de la iglesia sanantonina, oraba los misterios escondidos, san Bartolo y san Antonio se asuntaron al ver que caían dos granos de lágrimas llenas de brillo quizá fuera por la luz de los ojos redondos del Patrón de los divorciados de los beatos y de los viudos… una voz muy baja dijo, mientras muchos, me consuela saberlo, en la capital de la república, dejaron caer sus sangre, aquí dejamos caer las lágrimas encima de nuestros muertos, en otro tipo de guerra. Los hijos de Patria estaban marcados perdieron la madre y obtuvieron la abuela, la atención de la Paterna, perdió a la materna, la pérdida del padre, quizá para ser protegido por el padrastro y la abuela, perdía al hijastro y ganaba a los nietos de la esposa. En los predios Bellacolitanos la muerte del padre, de los hijos de Patria, estaban atentos, los jugadores de barajas y de gallos, de dominó, y de lotería iban en las mañanas de los domingos, al patio de la carnicería de Gabino Silverio a escuchar la lotería, en el radio de 4 pilas. Otros aficionados a las contadas de cuentos y anécdotas se apiñaban en la enramada, en la sombra gigantesca de la jabilla milenaria, más cerca del río que de la casa del hermano de Higinio Henríquez Silverio, era hora de competencia para ese día narraban pequeñas historias reales, en la correa del estrecho verde valle del Bajabonico. Negro Sosa, invitado para participación estaba ahí con su cachucha limpia color amarilla, era aguilucho.
Mi historia es algo real- manifestó, Negro Sosa, quien mira a todos los lados y se agarra la cachucha, con el pico hacia atrás—yo venía, esa tarde, del ingenio día de san Pedro, 29 de Junio tenía urgencia por llegar para asistir a la fiesta donde don Benito García, me arremangaba los pantalones en los pasos de Félix Sención y no he dado el primer paso cuando oí los ensordecedores disparos de fusiles Máuser, se escucharon gritos unidos a los disparos que se acercaban opté por sentarme en un tabuquito de ahí lo oía con mayor claridad, me sorprendí viendo al señor Angelito Sención que corría con un grupo de cinco soldados entraron a la propiedad de caña plantilla, del señor Félix Sención Cabrera, corrían detrás de un Barbudo guerrillero, que según los que ocultaban la realidad de los hechos, había matados a tres soldados de la tiranía, al guerrillero se la trancó el arma y se entregó a los persecutores levantaba un pañuelo blanco como prueba de rendición, y no se detuvieron, pude ver que los guardia se quedaron duros como estatuas de piedras, el guerrillero hombre de una fortaleza física lo embrujó. Fue cuando Angelito Sención llegó con el señor Florencio Trejo, para quitar el maleficio que el barbudo había echado a los civiles y tres soldados convertidos en rocas húmedas. Entonces sin muchas preocupaciones, dijo- ahora lo pueden apresar. Luego de acribillarlos como a un guayo, el tal Angelito Pichardo Sención, veterano del ejército de los primeros 20 años de tiranía, le bandeó la barriga al muerto, con una bayoneta de reglamento de uno de los soldados petrificados que aún temblaba y secaba la humedad que tenía en el ruedo de sus pantalones… el soldado violado tenía en sus intestinos varios pedacitos de mangos verdes, un señor muy joven aun le cortó la mandíbula para sacarle un molar de oro y un colmillo de plata muy blanca. Continuaron con las anécdotas y pequeñas narraciones como la muerte de la hija de Miguel Bonilla, sobrina de Feliciana Bonilla, en el central amistad, en esos meses se habían mudado al central amistad buscando nuevos horizontes, el matador, dijo Campeón –era su novio quien dejó el puesto llevado por las energía diabólicas de los celos y con el primer disparo se llevó la puerta de salida de la casa, con el segundo, lo pegó en la puerta de entrada, y un tercero lo colocó en las sienes de la mujer que decía amaba con locura. Parecería, dijo Severino, hijo de doña Dolorita Henríquez, hermana de Higinio, que las alas del mismísimo diablo se movían, de alguna manera los que se mueren en un diámetro de 15 kilómetros cuadrados, están ligados de alguna forma al correo de la comunicación Henríquez Bonilla. O al de Martina o de Eulalio. Escupió rasgó un palito de fósforo permaneció por gran espacio fumando las horas dispusieron de los minutos para los cuentos de sustos y de dolor, para los concurrentes todo era realidad. Que conste—dijo negro-- que había agotado el turno de Guanábano, yo lo vi colgado de una ramita de aguacate, se llamaba Juanito Silverio, primo del marido de Patria la hija de Ursula. Estas cadenas de muertes horrorosas, de escenas dolientes casi interminables corrían encima de las erizadas pieles ríspidas achicharronadas de los cañeros. El miedo rugía como un toro encelado pero hasta el lo sufría por estar ante la puerta del infierno donde los cuerpos accidentados, desde el central Montellano y amistad, en temporada de zafra y de reparación, estableceríamos que las deudas bajo en manto de la usura no le estaban llegando a san Ambrosio. Pero a ellos lo que le interesaba era ver su burra parida de trillizos, no le importaba que muriera a madre. Tampoco le importaba el rabo lo que le interesaba era la gurrupéela. Le entregaban uno al santo de las misas negras. No le importaba la burra coja o Cinquera, para pesarle a los dueños de las cosechas nuevas de pasiones, el porcentaje que por compromiso le pertenecía. Los san ambrosianos conocen el tamaño de su deuda, tienen los originales por eso mueren en la zafra, haitanos, soldados en la frontera, dominicanos en las fiestas, en los juegos de azar y en las caravanas es por eso que huelen a sangre las galleras, por eso los galleros son hijos o padres de gemelos, espuelas, guanteras son aliados de don san Ambrioso y de san Liborio.


Capitulo 17.
Los tertulianos volvieron a traer más aguardientes, estaban borrachos- recuerdo- advirtió Wenceslao, quera melindroso, pero miedo también, que llevaban 22 botellas de “Palo viejo”, de rones y ginebras con agua de coco y no finalizaban con los cuentos reales y con los armados con babas de borrachos mentirosos pero celebrados con bastantes entusiasmos y muchas. Emilio Clase estaba en el centro del grupo, abandonó el escenario, para acompañar a su madre al Hervidor para partear a la mujer del maestro Marioldo Hiraldino, regresaron en la madrugada Lugo de un parto feliz de gemelos. Los hilos de la circunstancia manejaron la vida de la madre a su antojo-murmuró Sixtica, la hija de Isabelita Polanco, nadie la igualaba y muchos años necesitara la naturaleza para superarla, Juana Machelina, dijo y salió a escupir… pero regresó de inmediato al ver, según sus caprichos, una sombra que le hablaba con ademanes de zombis, entró a la sala con la lengua en las manos… unos fueron a comprobar lo dicho por Juana Machelina, y lo que hallaron fue al señor Guira sentado encima de una piedra, era su terapia espiritual esperar el sueño fumando en las noches sin luna… pero Evangelina Henríquez, sentada en el centro de la concurrencia, tomó la palabra, pero se la entregó a Juan Ñeñita, en quien confiaba, para que terminara con la lista de los ahorcados. Juan Eñe, manifestó- todas las matas de Cabirma se secaron, explicó que había un puente en ese extraño árbol y los ahorcados, ya van más de 50, (el señor Eñe, se bebió otro trago de ginebra con toronja, limpió su garganta, besó los labios de su boca, con sus besos, encontró la atención de todos) en la misma entrada de la propiedad. Fernando Mora se colgó de la mata de Cabirma, que su hermano Pelelo, tenía para aserrarla y hacer una puerta. Lo peor era que la lengua era tan larga que le pasaba de la correa. Evangelina escupió por la sensación que produjeron las malas imágenes del narrador. Los que estuvieron escuchando la lotería se habían ido, lo que no se quedaron fisgoneando alrededor, y escuchar el juego de pelota y los cuentos.
La luna había salido, era una ponchera llena de aguacates, a su lado luces menudas, se esparcían en los valles, del sideral túnel. Los hoyos de las palmeras, se veía a distancia, no había sombras. Las viviendas alejadas una de la otra, era una serpiente fantasmal. Era en la madrugada, los gallos entonaban el viejo concierto al compás de las brisas estivaleras. A esa hora gritaban los cerdos en las pocilgas, en los corrales las vacas daban largos bramidos, a esa hora llegaron Emilio y doña Martina, mientras Lalo colaba el café, en la cocina usado la jícaras del coco como combustible, la leña se había mojado. –Parece un día de lluvia-enmendaba Eulalio cuando pasaba el café a los recién llegados, toma Emilio tómatelo en la botella así aprenderás a masticarlo, también tú Martita, es un ponche lo hice sin molinillo en cambio le agregué amor pienso que el sabor se esfumó. Las nubes fueron empequeñeciéndose se ocultaban en los matorrales del cielo para formar una cortina negra, para llegar al baile de Nereo, no les importaba llegar tarde, era territorio de latinos la puntualidad era escasa. Don Eulalio lo invitó a que durmieran dos horas siquiera, mientras el fuera al conuco, para cortar las yaguas, para tapar goteras en la cocina y la enramada donde guardaba la leña. Bellaco era una larga correa verde en el estrecho pantalón del valle del Bajabonico, con grandes ojales en la camisa de verdes esperanzas, llevando cuellos sin máculas en las celosas manos de sus primeros habitantes. Las hondonadas, cosquillas de sus lomas, empadronaban en sus senos al heroico guerrillero, que vio bajar en parihuela de los Pomos y de los Montes de la Descubierta, el agua de los manantiales y de sus norias levantaron la sangre de sus hijos valientes, antes de entrar al curso de viejo río, centurión, estandarte sagrado, del descubrimiento del imperio español. 32, Quizá más, eran las viviendas en el camino acuífero, los pies descoloridos, las manos callosas, los ojos endurecidos, al divino” tesoro” que los ancestros habían legado. En Chile los mineros, aquí los en Bellaco, los cafeteros, los cañeros y maniceros… hijos del matorral, en cualquier momento hay un día para descansar, en Bajabonico hay varios días para amar, sembrando bajo de los bejucos, cocinando anhelos, amasando sueños, se ama ayudando a dar a luz, a parir a la cerda o cercando las flores, a la madre que acababa de parir. ¡Caramba! Expresó Eulalio cuando procedente del conuco llegaba a la casa, de la mente no borraba las gratas imágenes de su hijo y de su mujer. Se detuvo en el umbral de la cocina donde ella le estaba esperando. Hay que comprar azúcar refinada.
- Yo traje, está en el macuto, sácala se quedó mirándola, concluyó que aún estaba joven. Somos millonarios, dijo alegremente, pero no lo entendieron, a el no le importaba, cuántos partos hiciste Martita, dicen que lleva 3511, póngalo a diez pesos, hechos a domicilio son 35,110 y quién va a los Uveros a las 10 de la noche y retorna a las 5 de la mañana por nada, como tú, ni la comadre Gelo, tampoco la Nóbel de María Teresa de Calcuta… si la comadre Gelo lo hace como tú por nada. Ella, la única, Martina Clase, la mujer de Lalo Santos, el que se queda solo, con la espalda fría, desnuda, esperando, su regreso, sin poner ni hacer cara de musarañas ni disgustos, cogiendo frío en vez de molestia y mortificaciones, en vez de piques, con eso canto y grito que somos y si no, pues, debimos ser millonarios. Por eso Higinio quiso tener…a todas las comadronas de su lado como empleada. Se detuvo en sus reflexiones, sintió los energéticos movimientos del marido, qué te atormenta muchacho, le preguntó, nada respondió de inmediato. Ese don Higinio era un genio, en la correa verde del Bajabonico, ya ni doña Feliciana lo paraba, los hombres inteligentes tienen generalmente una mujer superior, fíjense muchas veces, que no es común aunque hoy seamos más pobres que cuando nos conocimos. Es ahora que te comprendo, por qué decías que éramos millonarios y es cuando me doy cuenta por lo que te llamaban Lalo el loco, lo sabía, sabía que ninguna razón tenían, ni para herirte ni para ofenderte. No podían poseer ápices de juicios razonables, la locura es una fuente de energía que brota de otra carente de energía racional, sin contenidos valorativos, ni religioso si quiera. Eso hace ser diferente, a los que reúnen esa condición de clase, muy humana como humanizante, humanizadora. Lalo escuchaba a Martina, con precisión pero pensaba en los vuelos de garzas y de blancas palomas para ir a sus pasos a encontrar la paz que le intentaron quitar, y manifestó cuando la última paloma se asentó en el cogollito de la verde palmera, los que nos llaman así son intolerantes, prejuiciosos, incapaces de echar al exterior esas fuerzas que poseen los individuos como tú Matina, y yo. Había subido el tono- cuántos tienen una mujer que en la noche, tarde o, en la madrugadas de fríos y de lluvia abandonan su espalda para ir a servirle al prójimo, yo la tengo, y se esperar… no se moleste, porque lo repita… eso no me hace ser loco, o es ser hombre, responda usted por mi. Eso es ser humano, venir con las manos vacías, y el corazón lleno de bostezos es ser loco, muchos no lo comprenderán nunca. Los bostezos no faltaran, el corazón estará repleto de gladiolos y mirtos aromas espirituales, los que tienen esa energía aunque duerman en los gallineros, en las escatológicas rosas del padrote, convertirán los huevos en petróleo, en perlas o en trozos de verdes esmeraldas fortalecedoras de voluntades energizantes.
En términos contables no somos pero en morales nos sobran, pudimos serlo y ni ella ni nosotros lo lamentamos, construimos nuestras vías, de nuestro camino, hicimos el puente que quisimos cruzar. Vimos los vuelos que deseamos ver, desde los aleros de las viviendas de la realidad que fabricamos. Muchas veces Martina y nosotros soñamos volar sobre las mierdas de los que no abochornaban llamándonos desquiciados sólo por haber dejado de cortar caña en el cañaverar. En mis últimos 30 años de producción donde laboré, había más hormigas y alacranes que en Santiago gentes, ella agotó el espacio de espera, con su espalda esperando la mía, para que le diera los de comprar los azúcares y las sales, permanecí 28 años pidiendo el centavo que algunos no querían, que dejaban en el mostrador, no extorsioné, no amigo. Diga la diferencia si las hay, entre el que pide y el que solicita grandes préstamos en un banco de Estado, o al santo Ambrosio, Ah que las diferencias son varias y altas. Tú ves… te lo dijes, es mejor que ir al banco. Tengo esa misma cantidad de tiempo llevo celebrando la fiesta del patrón de los incrédulos, Santo Tomás, recibiendo halagos y alegría, empujones y pellizcos… recibiendo disparos, pedruscos y hasta zapatos viejos en la cara y la espalda. Algunos partieron mi cabeza, mis hijos e hijas no se enteraron para evitarle la vergüenza, no quise que interfirieran aun de ser padre y madres. Los manjares del cielo se engullen con las manos, eran para mi los hijos e hijas, manjar celestiales, se saborean aunque piquen o amarguen, y ni primos ni padrinos y mucho menos vecinos deben de saberlos. Nunca quisieron verme en el cañaveral de la mendiguez uno o una me saludaba en el camino con dolor de mi esencia le decía quién es usted, no le conozco, no lo he visto nunca ellos eran manjar de los cielos, vivían y compartieron con los que decían que Eulalio estaba loco, pero nunca me molesté, siempre estuve triste, son actitudes diferentes. Demetrio fue el primero en darse cuenta de que eran un trabajo, encarnaba un personaje donde se me prohibía actuar alejado del guión, luego todo se marchó por las ruedas. Las muchachas me querían y así lo daban a conocer, para soportar que llamaran loco a su padre, eso me hacía egoísta, me llenaba de energía triste, peleaban en la escuela, en los caminos, en los lavaderos, en la iglesia… dejaron de ir a esos lugares para no pelearse con parientes y amigos y amigas aprendieron menos que los otros. Los profesores hablaban a favor, pero cuando el pueblo se convierte en masa, no comprende más que lo propuesto, no hay quien pueda variarlo. El tiempo pudo, se curó la locura… o nunca estuvo loco. Hice 28 velaciones todas con muchas comidas, en cada corrida gastamos Martina y yo 3230 pesos, si lo multiplicamos por las 28 ocasiones el arrojo está claro…será igual a las reglas aritméticas, dinero de los del 1942 hasta el 1976, los azares de las circunstancias, abrieron los portales de los jardines misteriosos de la vida de la familia Santos Clase, y de los hermanos de sendas familias. La sombra de los trágicos, mordió las piernas de la sombra de Nena, hermana del señor Lalo si destruir las bisagras de los mencionados patrones, o portales, pasos de esa misma sombra confabulada con los meandros del santuario acuífero de la región ahogó al padre de las 24 criaturas, 6 de esas eran sobrinas políticas del sirviente de Santo Tomás don Eulalio Santos, Lalo.

Los dolientes aullos de la sirena del central amistad eran la señal de la entrada al tiempo muerto, con el cambio de estación, de invierno a primavera, tres meses de espera, para los residentes en la larga correa verde del Bajabonico, que manos caritativas trajeran del largo pantalón pasándola por los ojalillos hasta la vuelta de la molienda. Don Higinio era dueño de mas tierra que todas la del central amistad, la estancia San Antonio, con alrededor de 600 tareas, estaba sembrada de caña de la variedad llamada “Fajarda” con enorme garantía en su duración de retoño y en bonanza en el pesaje de la tonelada. A los cortadores le gustaba cortar la caña de la finca del patrón de los beatos y beatas…, ni hormiga ni yerba que molestara a los picadores de la gramínea, era un jardín, si le parece cierto ponga la flor que pueda su poder imaginar, era un vergel de hermosas piezas azucaradas. Esa era la gran fuente de empleo que la tiranía tenia para la parte oeste de la provincia. La parte sur del municipio Imbert, ponía el 45 % de los trabajadores y el resto la zona urbana y un 3 los “Senciones” lugar de las hermosas Damajagua, lugar hoy para veraneo de nativos y extranjeros viajantes, otros tanto ofrece Bajabonico arriba del municipio Altamira… lo demás manos esporádicas, de la parte norsureste de Cabirma y Cabía, en el corte y tiro de la caña de azúcar.





















Del santuario natral de….


Las damajaguas
























El sector urbano del municipio Imbert copaba los puestos de oficina. Los imbertolitanos se creyeron los dueños del ingenio amistad. De los ahijados de Martina, había cortadores en su mayoría, Maximino Rosario, Guira, el que dormía horas enteras encima de la piedra del camino, y su hijo Putin era cuartero y entre los carreteros estaban el señor Cabo Suero, Capao, aquel que huyó del difunto Faleriano Vásquez; Hipólito Crisóstomo, el que debió entregar de la pesca a doña Martina. Había un tronquero senescal, eso mismo ocurría en Los Guanábanos. El de la parte del municipio Altamira situado en el Pozo Prieto era el señor Pelao Henríquez, y Evaristo Cruz, en los Guanábanos. Lo temido de la sirena del ingenio, inyectaba en el sentimiento de los habitantes de la familia y de los trabajadores energía de culpabilidad, y de deudas… las hormonas del mundo laboral emitían mayor sustancia de sumisión como si tuvieran que arrodillarse ante el Dios de hierro de humo y de acero: el Central azucarero, que le daba de comer y de beber, le daba trabajo la gente había aprendido a querer bajo el peso sádico de los implacables ojos de ese tirano. Los cortadores de caña, repartían la cojera, brincando por las calzadas de piedras evitando meterse a las aguas del príncipe fluvial, muchos iban descalzos, otros tenían zapatos de gomas, soletas con tirantes de sogas, o de cuero de pieles de res o de cabras o de caballos… caminaban con suma rapidez, llevando los fumadores, en las manos tizones de leña encendida para fumar caminando. Tenían que llegar a la parcela antes que la claridad del alba, que los rayos del sol. Esa era su filosofía. En el frescor de la madrugada, la sirena dio las tres, el señor capataz, lo saludó mostrándoles simpatía espontánea y con entusiasmo les dijo: vamos, vamos, nos agarrará la mañana, lo decía con voz gargantada, los que les querían de verdad, levantaban el sombrero o las cachuchas, otros subían las manos.
Don Eulalio dejó la cortada de caña, le huía a las plagas animales y a las vegetales como el gratey y la gibijoa, como la piel se le erizaba optó por otra manera de buscar dinero, de ganarse la vida de su familia. Estaba en la mesa, de tanto calcular se quedó dormido, soñó peinando la barba a Onofrio el patrón de los locos, pero las manos del patrón de los prestamistas le quitaba la peineta. La lucha que se produjo entre los dos milagreros obligó la presencia de santo Tomás quien recuperó el peine y se puso a limpiar los cabellos de todos, san Onofrio pagó dos monedas, pero san Ambrosio se negó a pagar, cuando Lalo despertó miró su piel suave y lozana. Y fue a partir de la fecha que inició la promesa de no cortarse el pelo por 12 años, y llevar el retrato del perfil de santo Tomás para al final de cada año, hacer una gran fiesta a su nombre los 20 de diciembre, llevaba a su enramada a los mejores músicos típicos de la región, permaneciendo alrededor de 26 años, poniendo a gozar a los adultos y jóvenes para escapar de los ajetreos de los balbojos de caña, de las picaduras de cacatas, así mismo de las pringamozas y del gratey también de los acosos de los ambrosianos usureros y explotadores.
Martina Clase hija de Delfín Polanco, y de Marcelina Clase tenia manos privilegiadas, y su corazón era un cántaro donde crecía, la magnanimidad y el amor por la humanidad era la salvadora de mas de 3500, vidas y a su lado tenia una familia compuesta por ella y Eulalio Santos, forrada de comprensión, llena del decoro que urgía para valorizar las acciones de cada miembro de la hermosa familia, de las demás familias del universo, del valle del Bajabonico donde, desde el 1905, cuando tropas imperialistas ultrajaban las peñas Quisqueyanas la madre de Martina y de Ursula de Juan y de Lorenzo, se abrazaban junto a Delfín esposo de Marcelina, los guayabales, los anonades, como los robledales de la angostina ribera del Bajabonico. Teresa y Andrés hicieron lo que pudieron para que sus sobrinos no emigraran a la provincia de la Isabel de Torres, o Novia del Atlántico, ahí están teniendo de vecino a Higinio Henríquez latifundista, ganadero, empresario agrícola… dueño de factoría de la región. Recolector al por mayor de las frutas, saboreando los guandules con yuca y batatas mirando el crecimiento de los hijos de los bueyes para el arado, o para la carreta, de los ahijados, de los compadres y comadres de la Madre Martina, quien era amiga de las demás comadrona… comadre de doña Gelo, de felo, de Florita y de la ya difunta Castrina Polanco y de Pancha Llivo. Demetrio y Emilio jugaban pelota en el play de don Higinio, al compás de los vuelos de garzas, mientras las recuas bajaban desde la Llanada o de Café Cándido en Pozo Prieto cargado de yuca y de café también de cacao a los secaderos y almacenes de la H/B, Eulalio creía en santo Tomás pero no era milagrero, agradecía la devolución de la fuerza de esperar… como los señores César en Santa Rosa, y Juan Santo, en San Francisco, lo mismo que en San Antonio, Don Higinio. Sin ser patrón de las parturientas, en las fincas del señor Higinio parían hasta de trillizos, las bestias criaban los críos de otras madres, que Higinio adquiría, en los negocios, como pagas de juegos, y actos de compras en las barrigas de la madre encinta. Martina subió los peñones del Saltadero y luego del Brinco para dar con la casa de su comadre. Se sentó en el banquito de palma, bebió agua del Saltadero, y restableció sus energías perdidas. Pidió como recompensa les llenaran dos calabacillas de bangañas para llevarle agua a su marido, que estaba enfermo en esos días. La hija de Prebispá nacería, lo miró, comprobó la alegría en los ojos líquidos, transparentes como las aguas del manantial. Cuando Martina y el acompañante se marchaban, Prebispá de los Santos dijo: esos seis huevos de guinea, son para usted. Gracias cuñado, dijo ella. Era muy joven en aquellos días, hacia sus primeros partos…

Las espaldas de las recogedoras de café se llenaban de hormigas y de tangos, depositaban las salivas invisibles, que ardían con el simple contacto con la piel; se las pasaban rascando más que cogiendo las frutas jugosas de las matas. Los hombres en el llamado tiempo muerto, acudían a las fincas para ganarse algunos pesos que consumían en loterías y en otros vicios la mayoría. Pero la mayor parte de los compadres y ahijados de doñas Martina, laboraban en la doble H, firmaban el libro de los compromisos, esa obligación a muchos los asustaba. Los hijos de don Cyrano Álvarez, y de Isabélica Polanco levantaron sus años en los potreros, con los cerdos, en los ordeñaderos y en las recuas, en las boyadas. Permanecían en las horas de reposo en los tachos en las enramadas donde comían. Ahí se reunían los recueros, el pocilguero le decían piarero, la señora Feliciana inhabilitó la campana que anunciaba las horas del desayuno y de la comida del medio día, la cocina de doña Feliciana olía, diseminaba el perfume culinario hasta en los contornos de sus linderos, y perímetros territoriales, llegaba al rincón más lejano de la propiedad, más lejana. El olor a queso frito era inconfundible al de arenque o al de huevos o a los chicharrones doraditos que freía Esteban Vásquez. Besaban los matojos y las breñas, comunicándose como un lavado de cerebro como puente, que invitaba a querer ser miembro de la familia de la doble H.
Los paseos a caballos del señor Higinio, de tarde en tarde, a la vivienda donde el señor Pío Santos, era un pasa tiempo que los complementaba con los momentos de esparcimiento en la garita de juegos, en la segunda planta, allí bebía el café de la tarde y comía las frutas junto a su mujer Feliciana, viendo el vuelo de las garzas blancas. Repasaba los planes y proyectos mientras los trabajadores estampaban los novillos.
Escuchaba el responsorio de la misa, en la iglesia San Antonio, de la abuela de los hijos Patria y de Cándido Silverio. Don Higinio y el señor Eulalio, siguieron con las fiestas de su correspondiente manifestación mística, el 13 de junio y el 20 de diciembre don Higinio continuó, multiplicando sus negocios escuchando cantar gallos, escuchando los enredos de sus amigos y de los vecinos, contrataba a nuevos jornaleros, que se inscribían en el libro rojo de la compañía doble H. dicen que don Higinio penetraba a la iglesia a buscar a san Antonio para que le adjuntos cedacearan las semillas que sembrarían las próxima cosecha, también que lo llegaron ver cocinando entresijos en bacinillas para los cancerberos custodias, protectores de cerraduras , candados y los escudos de los abanicos de becerros negros en los Antolinos en la Llanada, en Café Los Cándido. Esa visión imperialista, latinfundera de Higinio, lo ponía a pensar con los ojos, más que con el cerebro. Llegó a pensar que los vecinos, eran sumisos o podían ser, sus esclavos o ser simplemente sus aliados lo que no hizo en noche de luna fue… mover las empalizadas, cosas muy común entre algunos terrateniente. Los imperialistas de la tierra, los latifundistas del medio, de esa manera no deseaba extender su poder porque el amaba su comarca y con esa a la gente.
En la casa de doña Martina se preparaban para la fiesta de Santo Tomás, el incrédulo, los papeles de la patria se mecían al compás de salves y cantos en las vísperas iban desde el camino real pasando por la ermita hasta la enramada donde bailaban. El alborozo crecía con el andar de los minutos de un día muy claro y sin indicio de posible caída de algún aguacero. Empero las aguas del Bajabonico estuvieron convulsionadas… plomizos movimientos… vigilaban las partes suroeste de los Antolinos, los vagos cuervos hacían la canción a Nereo, desde las verdes pencas de los cocoteros y de los palmares. Algunas garzas blancas bañaban el plumaje confrontando la envidia de los gansos, que era su favorito pasa tiempo. En las pocilgas los cerdos con los hocicos morcillozos cubierto de fango hacían el amor, con el murmullo del silencio, se escuchaba las plácidas excreciones de la hembra en éxtasis.
Aunque a nadie le interesaba, en el relleno de una de las ventanas, de la factoría del trillado del café, al lado de una cornucopia, dos ancianos lagartos por la manera de entrecruzar las colas se confundían con dos delgadas piernas, juntaban sus bocas de cornamusa subordinaban la necesidad de comer a la de procrear. Las puertas de las factorías estaban cerradas, pero el señor Miguel Ventura, mecánico de la compañía, escandalizó a los viejitos reptiles sacándoles de su realidad amorosa.
Ángela Silverio que tenía algunos minutos en el patio encendió varios velones, por la salud de don Higinio que estaba en una clínica en la ciudad de Santiago. Las nubes que estuvieron vestidas de blancos, ahora, luego de las doce del medio día, lucían un chal ópalo y, cubrían las espaldas, con un lienzo de seda negra, estaban o parecían estar de luto. A la llegada de Aquino Henríquez, dejaron sus labores para preguntar por la salud de don Higinio, cuando supieron que seguía mal, Rigoberto que encabezaba a los preocupados… se retiró a su escritorio. Aquino saludó a los dependientes de la tienda y a los de otras dependencias, entró a la oficina, buscó papeles, abrió la caja fuerte, volvió al vehiculo y se dirigió a la residencia que tenía en Imbert.







Capitulo 18
Era 14 de diciembre de 1967, 13 meses de la toma del poder político del doctor Balaguer. El 15 de enero de ese mismo año las fuerzas policiales desaparecían al doctor Guido Gil Díaz, abogado y asesor legal de los trabajadores del central Romana. Nativo de Moca hijo de Elpidio Gil Cáceres y de María K Díaz. Ese gobierno llevaba los 31 días del mes de septiembre, los de octubre, los de noviembre los de diciembre y los 15 restantes del mes de agosto. Cuántos días necesitaron para ahogarlo, para echarlo al Higuamo, cuantos para envenenarlo… ¿esos son los incontrolables!
15 de diciembre el sol detuvo un poco el andar permitiendo que los húmedos besos de la lluvia, llenaran de sustancia la cara de los caminos aterronados y polvorientos, los trabajadores que salían de las labores del día, hacían canoa y sombrero, con pedazos de yagua, con pedazos de cartón, así no se mojaban la cabeza, ni la cara. La lluvia era sin brisa, con relámpagos y truenos… en el corral un semental abrió el portal con los cuernos, pasaron algunas horas cuando Gustavo y Cletovaldo ayudados por ahijados de la comadrona, lograron atarlo a un árbol en el cementerio de los Bonilla.
Qué se ha sabido de don Higinio- preguntó uno de los ahijados de doña Martina. Dicen que está en las últimas agonías. La lluvia seguía con la misma fuerza del principio. El río traía pajillas, daba muestra de que era inminente la crecida. Cómo está, don Higinio, como sigue… preguntaba la gente. ¿Qué ocurrirá si se muere?
En la pulpería y la tienda los dependientes esperaban la orden para cerrar. La iglesia era toda penitencia. El mentor había muerto, patrón y dueño. La cara de resaca del milagrero San Antonio, se veía lánguida, más que muchas de los dolientes. La crecida del río coincidió con la llegada del cadáver del señor Higinio Henríquez Silverio, en menos de media hora eran enormes las hileras de vehículos enfilados en el terreno deportivo. Los vuelos de la blancas Garzas, a partir de la llegada… de la crecida del río, y de la entrada del féretro con el cuerpo del señor Difunto Higinio, a la presencia del altar… que años atrás, él mismo mandara a construir, fueron automáticamente suspendidos por orden de los Misterios, por mando de la naturaleza emanada desde las altas instancias de anillos invisibles del centro atómico de una cósmica consciencia descocida.
El sepelio iba franqueado por 12 jinetes llevando sombreros blancos en la cabeza, enviados por Martina Clase, en el cuello, amarradas con nudos triangulares, bufandas negras. Cortejando el féretro como edecanes señalando el camino a la banda de música sacramental que iba al compás del salmo 23 y del Ave María de Franz Schubert los primeros 4 jinetes se movían, dos tenían la bandera de San Antonio, y dos la de la cofradía de Santo Tomás. Don Higinio dejaba una de la riqueza mas prospera, de la provincia Puerto Plata. Había nacido en 1894, y a los 73 años, en 1967 abandonaba este mundo que amó tanto. Los honores recibidos en vida lo recibe el, en la despedida, por el respeto que le daba a la vida humana. En los aleros donde el vivió si siquiera hubo riñas fue autoridad y voló como mariposas. Como crisálida espiritual de este real cosmos. Deja a su esposa, doña Feliciana envuelta en la más fina bandeja que de sueños realizados fuera, entre atléticos y minusválidos, en un jardín donde el abejorro de la discordia no libó de la saliva de los rosales ni de los lirios, más que de oro, la bandeja que dejaba, era de espigas en producción con caminos hechos y vías autorizadas. Sin máculas ni borraduras con soles y norias para secar. No había que lavar nada. El orden fue su norte y fue por eso que no fue nunca esclavo. Hablar de los hijos e hijas Aquino quien fuera uno de sus príncipes asistentes, lo amo y respeto por su tranquilidad. A Mercedes y Lucía, para el, hermanas gemelas, a Gisela y Félix Eduardo joven como una laguna de agua fresca. Don Higinio supo separar las cosas, las que tenia que escuchar, las que tenia que echar en serón de guano, no las depositaba en un saco de cabuya, separar los hijos de Candido de los suyos. Los amó no menos que a los biológicos, así mismo demostró ser abuelo en la categoría que fuera. Cuando cualquiera de sus nietos o nietas, dormían con ellos, se despojaba en caso de necesidad, de su sábana o de su abanico para crearles un ambiente acogedor, a ellos o ellas.
¡Qué la lágrimas del universo caigan encima de tu sepulcro de manera que la corola de tus recuerdos sean imperecederas imágenes, en el devenir de los pueblos del Bajabonico y fuentes ambulatorias del saco cultural de la etnia Mandinga!
La muerte de don Higinio abrió el apetito a muchos descontrolado, los perdigones de su ambición salían por el trasero de la escopeta. Se convirtieron en pescadores pero aun no han cobrados la ganancias. Se hicieron trajes para ir a la fiestas, pero los músicos todavía no han llegados. Los bellaquelitanos, conocedores del descenso del dueño de las mejores tierras… de las mejores aguas y noriales, no estos ahijados en su mayoría de doña Martina, sino del fantasma de la pobreza de muchos, quiso empujarlos a la adquisición de peladero donde sembrar, pero fueron controlados los certeros consejos de la Matrona la Nóbel de la Paz. Pero el fantasma de manos demoníacas cortaron las alambradas empujando aduciendo ser los verdaderos herederos, entre las nubes blancas y las moradas. Entre las amarillas y las coloradas.
Las lluvias fueron las dueñas de los arrabales, de los caminos de los barrancos, de los corrales, de los cafetales. Los labios acuáticos lamieron los sembrados, durante los días 6, 7, 8, y 9 del mes de agosto del 1968, en todo el país. Las pérdidas de vida humana fueron dolorosos los expertos, nunca dicen la verdad, es fusilada porque alguien paga para ocultar la verdad. El Bajabonico rompió en varios pedazos el puente de acero construido para el ferrocarril a principio del siglo 20. Aquino Henríquez ordenó bajar a los corrales a becerro que tuviera marcado con el 666, de los Manchados de la Llanada, para que los miembros y socio del Club de los Come Pecados de los muertos o difuntos, sacien bacanalmente la gula de comer individual y colectiva… y continuaran rumiando en los escombros. Los pecados del señor Higinio se cocinaban entre las habichuelas blancas y coloradas, bajo las sombras de las matas de Mangos guebones y redondos que pocas resultaron. El olor de la carme era incitadora parecía que quitaba alguna promesa, entonces… apareció José Pancha, como salido de la falda su madre Filomena, quien fuera amante del difunto, miró el centro de los 8 carderos de la carne, llevaba un lavamanos de 15 pulgadas de ancho por algo más de profundidad, echó 66 pedazos de carne todas si hueso, en la citada vasija, en 35 minutos desperezaba los brazos como si hubiese despertado de un largo sueño de tres semanas, encendió el cachimbo, se quedó dormido el palo del cachimbo se le salió de la boca, siguiéndole una avenida de saliva y babas amarillas un poco más allá de la barbilla, se le internó en el bolsillo de la camisa. La hartura de los pecados era tan grande, que no se dio cuenta que la camisa se le quemaba. Roncaba como un cerdo, soñó que dormía encima de un hondo ataúd, y que el que estaba dentro era un veterano comedor de pecados… pero ahora se ahogaba, porque el peso suyo era enorme por las 26 libras de pecados que terminaba de ingerir, y que entonces el come pecados del ataúd comenzó a comer de sus hombros, de su piernas, de pecho, de los muslos… el se sentía cadavérico, muchos de los que estaban cerca de José lo oyeron discutir con el difunto. Llegó a reírle con elegancia, pero al darse cuenta que le habían comido los genitales, dio un salto y un grito al tiempo por igual, los que repetían que eran docenas, no quisieron ir a verlo, continuaron en la ruta, los que intentaron ir por tercera vez al enterarse de las acciones del sueño salieron huyendo dejando platos y tenedores en desbandada.

Capitulo 19
En los estrechos terrenos de los conucos de los campesinos de mi Bajabonico expresó con pocos apuros Martina, son las manos de las paces, que a los hijos les hemos podido ensañar. A los de mis compadres y a los de mis ahijados, de tal manera abrirán las puertas, que nadie se equivoque, ni dude, están preparados para cuando se apaguen las luces, y se enciendan las antorchas de los arrabales de la pobreza. Que con el parto yo, Martina Clase, no pude. De esa forma se dirigía en la escuela Anacahuita, el día de las madres, donde recibió un pergamino como hija y madre distinguida, de las comunidades del municipio y de mundo. Era una comunidad universal. Ella no tenía geografía, a ella la habían limitado, pero ella no tenía frontera. Los Bajabonicos, y déjeme pluralizarlos se enteró por vías de sus maestros Ramito Montan y de Remigio Minaya, de que los rusos mientra Doña Martina recibía el pergamino de manos del pueblo Bellaco, y de los colaterales, invadían al pueblo Checo, y los panameños elegían al doctor Arnulfo Arias como su presidente. Meses después en las dolencias y amarguras de su pueblo doña Martina recibe, con desagrado la noticia de la reelección del doctor Balaguer. También del derrocamiento de Arias en Panamá. Otra noticia que la enlutó fue la muerte de don Héctor García Godoy ex presidente de la república, muerte, no muy aclarada.
Ahí estaba en cucluilla, en la puerta de la casa, la espalda doblada hacia delante pensaba en la cantidad de niños que había ayudado a nacer, y sin embargo ahora estaba sintiéndose hasta sin Eulalio. Se que dormida con la cara entre las piernas mientras contemplaba la hilera de hormigas que halaban a manera de carreta, el cuerpo de dos muertas ancianitas abejas. Se creyó ser ella, ese era su funeral lo encontró hermoso le pareció honroso, sin embargo a Martina le agradaba ver un sepelio de un ciudadano haitiano en un batey. La silla que la sostenía acodada en la pared del aposento se movió y experimentó escalofríos en cadena, imaginó el cuerpo de Eulalio que lo pasaban de un lado al otro del camino como el funeral de los haitianos, de nuevo la silla se movió pero esta vez al abrir los ojos vio que era una gata que estaba en la falda empujando el bollo de hilo con que Martina, estuvo tejiendo… olvidó lo imaginado y soñado pero se llevó a otro lado la silla. Sonrió al ver que aun se veía el nombre de Delfín su padre. Buscó el lebrillo de almácigo echó agua, introdujo los pies entonces se dispuso a esperar a Eulalio. Según los cálculos de la matrona ese lebrillo tenia 380 años permaneció tres horas sacando cuentas y concluyó que con la tinaja y dos marmitas era el tesoro más grande y de valor espiritual, que les dejaba a sus herederos. Pero aunque sin coherencia pensó que el doctor Balaguer iba por la segunda presidencia, producto de travesuras e indecencias electorales. Desde la primera reelección del doctor Balaguer no había hecho más 13 partos y desde entonces ella estaba sentada en la vieja silla de sus recuerdos. Permanecía como una elefanta, que teniendo muchos nietos y nietas no los conocía, o no los recordaba. Pero sabía que por ahí estaban que serían ciudadanos del universo. Habitantes del temor inculcado y residente en la jungla de miseria. Ya era una lámpara que carecía de gas. Se le había ido el combustible. Quizá no. Se le había agotado, de tanto usarlo. Como no la buscaban ni para agarrar la pierna de la parturienta pensó…--- será que los hombres… con tanto fumar jugar lotería y beber rones…, ya no embarazan. Será por eso.
El silencio que la acompañaba la incitaba a imaginar y crear pantomimas de su pasado reciente, pero estaba lucida, eran simples circunstancias, que la sacaban de su realidad y la introducían al mundo especulativo. No, no, nada de eso es verdad, dijo en voz alta y asustó al silencio. Lo que pasa es que estoy muy vieja, miró que sus manos y comprobó que no temblaban. ¿Cuántos años tendrán los dedos de mis manos?
Doña martina no estuvo inscrita en el aula de una escuela, mas, conocía las nubes que parían aguas tranquilas. Las diferenciaba de las de tormentas y de huracanes. Había hecho un código con los sabores, los días y los colores.
Más o menos de la manera siguiente: lunes es igual a sudor. Martes es equivalente a lámpara ya a aceite. Miércoles es igual al verde. Jueves es igual a rosado y violeta y el viernes es igual a velones. A brebajes, a raíces, sábado es a alcohol y peinado de mujer. Domingo, es a pollos horneados o fritos, a sexo, a tocador, al azul y al rojo… a veces blanco. La matrona leía en las palmas de sus manos la tristeza de sus soledad, ese día ni cuando planchaba i cuando lavaba sintió mayor deseo de hallarse con su esposo, como aquella tarde que sacaban batata, que casi, ella, se desmaya al encontrar a un lagarto verde, en la boca del bidón, donde echaban las batatas, que le sacaba la lengua, deseó que llegara y llegó para echar al lagarto… ahora deseaba su aparición. Levantó la mirada. Ahí estaba Lalo con los ojos lánguidos estaba mirándola. Era sábado su mente computó el olor a alcohol, pero Lalo sólo bebía café. En pocos minutos hizo 90 preguntas que no quería explicaciones. Estaré acercándome al “cajón y alejándome de la cuna”, serán mis últimas energías espirituales, me estoy, dijo en voz muy baja, pareciendo a mis abuelos. Sonrió, con el olor a alcohol, hoy es sábado, creyó oír los pasos sosegados de Eulalio, entonces dijo- ¿Lalo, eres tú? ¿Eres tú Eulalino? Si yo soy, voy para allá, ¡Estoy bien entonces, no fue imaginación. Estoy bien! Escuchó a la gata jugar con el bollo de hilo luego tosió. No hombre vieja, fue que llevé los bultos a la ermita. Me viste, te vi los ojos lánguidos, ¡pareció que no me viste!

Las nubes eran paquetes de alcohol, de algodón cabalgaban en corcova de este a oeste dando saltos de canguro, besaban los cocoteros, lamían las mejillas verdes de los pinares, de las lomas altamireñas, y de Bajabonico, el monte Rafey, y los cerros del Almacén, eran manteles de neblinas, salían del brinco y del saltadero como un viejo horno de carbón.
-Hola Martina, por qué está en la puerta- saludó Lalo. Tengo tres horas esperándote, respondió con voz quebradiza. Tuve hasta miedo. Mis piernas han dejado ir su fuerza. Además me muero de hambre. No quiero, ni debo viajar llevando sed y mucho menos hambre. Para dónde vamos dijo Eulalio Santos. Será para donde voy. Dijo enviando emoción lastimera. Toma dijo Eulalio, come… hazlo con cuidado. Te puedes atorar. Yo, Lalo mío, estoy cansada, muy cansada viejo. Era la primera vez que escuchaba a su mujer enviando tantos sentimientos y se preocupó. – se muere. Mañana iremos a donde el médico. Por la palidez del rostro cargado de barba blanca cayeron dos tibias lágrimas. Frotó con alcohol las plantas de los pies, la llevó en sus negros brazos del ex cortador de leña y de caña, y la colocó como a una tierna niña enferma en lo que para Lalo fuera una cama de rosas y de gardenia. Se acostó a su lado en la mañana le trajo el medico y en la tarde Martina conversaba muy animada. Lalo bendecía la ciencia. Quince días después la santa tierra recibía en su cálido seno el cuerpo inmaculado de Martina Clase Polanco de Santos. El sepelio, de la que roció los rosales, los liriales, las dalias, y las hortensias y las margaritas, las lises, jacintos y gladiolos, el sepelio de la nadadora, que cruzó los vericuetos, los recovecos y retorcijos y los meandros de los ríos y que separó las aguas y cual alpinistas subió quebradas, brincos, y saltaderos. Las lomas de las Manaclas, de los pomos y de los Manantiales. Como consumación de una guerrera, contra de los dueños de la fabricas de armas… fue en horas vesperales, en vuelos de garzas, de palomas, entonando sonatinas y poemas varios, y canciones sacras conjugación de versos y elementos. De llantos, de congojas, de comadres y ahijados enlutados. Delante iba con las manos rozando la barba casi blanca…silbando una canción, el esposo amado. Poniendo en cada huella los níveos recuerdos, de la bella madre, la hija, la hermana, la dolienta, la doliente, la abuela y la madrina. Silbando una vieja canción hecha para los dos. Los caminos fueron cortos para dar con el cementerio, las almas embriagadas de ternuras refrescaban los trazos encima de los arenales camino a la morada final, en una tarde de muchos sollozos y llantos, y pocos gritos. Era un paisaje realista ver llorar a la matrona de la Anacahuita, vivió como almas grandes de radiaciones nobles. Era corto el sendero, algunos empero, no llegaron para ir en la cola de la fila. Otra gran nube blanca se juntó con la montaña dando paso a una docena de caballos que la viuda Feliciana Bonilla de Henríquez, había enviado. Cual cadetes llevaban el féretro de la princesa Martha. Los ahijados cantaban el himno de las Madres y los cuatro compadres de mayor edad, levantaban el ataúd, y un pequeño coro de niños y de niñas de la escuela cantaban el himno de la Patria. El seguía silbando los versos de ambos, el silbido era una queja angustiante. Uno de los ahijados, experto traductor de silbidos, declamaba en versos irregulares quizá torpes –Eulalio dice que es Martina… y Martha dice que es Eulalio… dice la gente que locos estamos… Martha mujer bajita…. Pero de corazón gigante… mas, ella no crece… no cree en aflicción… mentira parece… pero verdad es… las mujeres buenas… se consiguen por casualidad… espero que el mundo lo sepa… que Lalo solo se pela… para Santo Tomás.
Mientras no cubrieron de flores el cuerpo de Martina, no abandonó Eulalio de pitar la canción que compuso para aclarar, por qué no se pelaba Lalo, para que supiera el funeral, por qué silbaba, manifestó Quise dejarte en el patio bajo la mata de naranjo en los aleros de la ermita, para verte siempre, porque si llegara la locura, de ti me gustaría, vieja, estar muy cerca. ¡Qué la paz de tu vida, amada mía, sean coronas eternas en tus recuerdos, de collares de azahares, de lirios blancos, que sean torrentes lluvias mágicas y puedan bañar las piernas de tu inmaculado cuerpo, y de la ceniza vuelen las palomas y las garzas, llevando en el pico la bella imagen tuya. Y la depositen en las piedras, en los corrales, entre las hojarascas, de los cafetales en las montañas y en las hondonadas de todo el valle por generación, en generación. Demetrio el mayor de su hijo lo tomó por los codos, y los dos caminaron a la casa. Con la muerte de la matrona, el sollozo de los ruiseñores, y el cucú cucú de las palomas en los techos de la ermita se traduce, en una queja de dolor agónico de las aves entre los ramajes de anones, cayucos y de guayabales.
En Santiago de Chile los imbornales de la ciudad, recibían como arroyuelos, las lágrimas del pueblo al ver morir al presidente Salvador Allende G. asesinado en el palacio nacional, por balas imperialistas el 11 de septiembre del 1973, el mismo día de la muerte de la Matrona Clase Polanco de Santos. Esas mismas balas en el país de mama Martha, habían borrado la vida del Coronel de Abril, también esas balas quitarían la vida de Mamá Tingo en los campos de Villa Mella. Por eso Lalo preguntaba quiénes fabricaron los negros, ¿sería el mismo dios de los blancos? ¿Serán los blancos los dueños de la fábrica? Martina muere en la paz de su familia.
Para Eulalio las palomas y los ruiseñores cantaban diferentes, comprendió al dedillo la importancia de conocer las coincidencias sociales, de las muertes que de algunas formas están conejas al nacimiento, a los nacimientos.
El 11 de noviembre del siguiente año de la ida de Mama Martha, muere doña Florinda Soriano la mártir del surco y de arado. Ese año don Lalo no celebró la fiesta de Santo Tomás. Pero aun con pocos recursos físicos hizo como antes las últimas de las fiestas al Patrón de sus promesas.
Ese 20 de diciembre del 1975, los presentes leían las fechas que Eulalio había puesto en una pizarra negra para que los visitantes antes de comer o de bailar o de ir a sentarse… se enteraran de los sucesos que según Lalo, la difunta en vida, le pidió que antes de morirse pusiera en una pancarta.

1907 27 de septiembre violencia de la naturaleza, destruye la economía de la republica Dominicana, en esa misma fecha se produce la convención dominico-americana.
1911 19 de noviembre Luis Tejera asesina al presidente Ramón Cáceres.
1913 1 de septiembre el general Jesús María Céspedes presidente provisional del gobierno en Puerto Plata.
1916, 15 de mayo entrada de los invasores yanquis al país a la ciudad de Santo Domingo.
1924, el 18 de septiembre sale del país el último soldado yanquis.
1930, 16 de agosto asume el poder el presidente Trujillo.
1935 el 8 de enero cambian el nombre de la capital, de Santo Domingo por Ciudad Trujillo.
1936 24 de noviembre muere Rafael Enrique Blanco Sosa
1937 el 2 de octubre Trujillo ordena el exterminio masivo de todos los haitianos que habiten en el territorio nacional.
1941 el 16 de diciembre Trujillo declara la guerra a Japón, Alemania y a Italia.
1946, el 21 de julio Trujillo paga la deuda externa.
1949, el 19 de junio llega el avión anfibio a la costa de Luperón con el propósito de liberar al país de la tiranía Trujillista
1959 14 de junio llega a Maimón, Estero Hondo y por Constanza grupos guerrilleros para combatir al gobierno.
El 13 de junio del 1958 muere Patria Peña Polanco, madre del doctor Prásedes Polanco.
1964, en un mes cualquiera fallece doña Ursula Polanco Madre de Patria y hermana de doña Martina Clase.
1973, el 15 de febrero fusilamiento del coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó. Por tropas de las fuerzas armadas dominicana.
1973, el 11 de septiembre fallece Martina Clase esposa de Eulalio Santos, comadrona de mas de 3500 vidas en los entornos y contornos de Imbert sureste, y Altamira nordeste. Su muerte coincidió con la muerte de Salvador Allende Grossens
1974 asesinato de Florinda Soriano Muñoz, la mártir del surco y de arado
El salón de baile estaba muy animado, Lalo que era músico tocaba la tambora, en la mesa donde tomaban, unos miraban, fumaban bebían, otros comentaban las fechas de la pancarta, según los que cuentan de la locura de Lalo era más que evidente una realidad, pero sin ser una manifestación superior advirtió la fecha de la muerte suya.
1976, el 24 de mayo… muerte de Eulalio Santos esposo de Martina Clase Polanco, “premio Nóbel” de la partería y de la Maternidad. Padre de Emilio, Demetrio, de Cirilo de Adelaida, de Ramona, de Paula, de Ana…me voy feliz porque mi muerte tendrá una hermosa coincidencia, con ribetes universales. El 24 de mayo de 1976, Monseñor Octavio Antonio Veras Rojas, es investido de Cardenal por el papa Pablo Sexto primer príncipe de la iglesia dominicana, apuntó Lalo en el cuaderno de fechas, el grado que le otorga la iglesia de Santo Sixto en Roma.
Los ahijados de doña Martha estuvieron complacidos con el título que les habían buscado para su madrina,.” Nóbel de la Maternidad” conocían los del premio… pero a ellos le pareció algo muy universal, estuvieron conmocionados, por la previsión del sepelio y lo de la coincidencia con el príncipe de la iglesia católica, la muerte en el mismo año de Caamaño, la de Allende Grossens, y la muerte de Mamá Tingó.
-¿Oye Leoni, tu crees, que mi papá estuvo alguna vez loco?
-¡Cómo va ser! ¿De dónde saca esa preocupación, mujer? ¡Usted, qué ha visto?
Los locos no tienen memoria tan transparente como Lalo. ¡Podrá cada persona, de las que estamos aquí recordar los hechos, como Lalo los apuntó en la pizarra?
De dónde sacó el nombre de Salvador Allende y su segundo apellido… pero bueno… dejemos eso… que no se compra ni una menta con eso, y vamos, para la mesa donde el está hablando, pienso que de historia. Como sabe más que muchos, esos muchos, lo llaman locos, pero saben, que lo que es, es sabio. La hija se regocijó con las respuestas recibidas. Lucila bailaba el merengue Desiderio Arias, con José Fidel Alvarado, y Juancito Armando, con Telma Dominica, todas las miradas estaban, en los pies de dos parejas, lo mismo que en las manos que agarraban las sillas para soportar los viriles requiebros de JUNA Marcela, de Chita Gabriela, de Fecunda Ancora, llegaron al centro del salón y en el ultimo del episodio, anunciaron que los Bellacolitanos reunirán la firmas necesarias para conseguir que la iglesia incorpore en la lista de espiritualidad, aspirante a canonización… a la señora Martina Clase, fueron interrumpidos 11 veces cuando mencionaron el nombre de la humanista. Lo que estoy yo segura, dijo una de las bailadoras que si se los dejamos a los políticos ni callejón de lomas o un trillo de camino llevará su nombre. Volvieron a aplaudir. Rasputin Polanco dijo que era El, el secretario general, de los campesinos y campesinas, sin tierra, y que en asamblea extraordinaria habían escogido el nombre de su madrina para en los adelantes llamarse Asociación Mama Martha. La escuela de la anacahuita, la asociación de padres y madres, amigos y tutores se llamará Asociación Mama Martha, la Nóbel de Bellaco. Había dicho después estrepitosos ruidos y aplausos el señor Ranchees Sención.
El sol estaba muy caliente esa mañana, en cada caía cientos de energías atómicas, era lunes, 1976, fecha escogida por el azar, y anunciada por el señor Eulalio, en que ocurriría su defunción. El calor era sofocante, los reformistas vestidos de colorado celebraban en todo el país la primera década de ascenso al poder político. Implacables en sus acciones, dueños de las calles, de todos los escenarios. Bebían en orgía la sangre como el licor, misa negra, banda, orgía, murete, de Amín de Goyito, de Orlando. Cárceles repletas de políticos, pero las matas de Guanábanos permitían a los lagartos el cruce de su lengua desde la cabeza pasando pos los pies y viceversa. De la patria hedionda pútrida, a calavera, en una paz de patadas y de culatas y bayonetas y macanas. La loca paz de mayo. La loca paz de 1916, y la del 65.
En la tarde de aquel 24 de mayo de año por Eulalio anunciado para morirse, todos los programas de medios radiales y televisivos… manifestaban la alegría que tenía, según esos medios, el pueblo dominicano por la escogencia como cardenal a Monseñor Octavio Veras Rojas, como el primer príncipe de la iglesia católica. Con los honores de la iglesia de San Sixto en Roma.
Los vuelos rápidos de los pájaros el clamor de los gallos en los gallineros el bramidos de las reses en los corrales, los rebuznos de los asnos en los peladeros, y los potreros y el trino de un gorrión que no se supo nunca de donde había llegado, el doblaje de las campanas de las iglesias, san José de Altamira, los quejidos de las Mercedes, de Imbert y los tañidos lastimeros de la de san Antonio en Bajabonico Arriba, entraban por las rejas de la Emita a besar el sabio cadáver, de don Eulalio Antonio Santos anunciador de la hora y día de su muerte.


FIN
DE VUELOS DE GARZA.










La novela “Vuelo de Garzas” de la autoria del profesor Víctor Arias, consta de 25 ejemplares… se terminó de imprimir en el mes de diciembre de 2009… en la mesa de impresión del autor.

2DA…. EDICIÓN DE VUELO DE GARZAS

No hay comentarios:

Publicar un comentario